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I SéAÑO DOS, NÚMERO 126. CRÓNICA SEMANAL ILUSTRADA. CRÓNICA, LAS CODORNICES Mientras aguardamos el benéfico chaparrón que refresque la atmósfera y termine con los calores estivales que se colaron en Septiembre como Pedro por su casa, el cielo nos ha favorecido con una lluvia de codornices. Conocemos de sobra la vida publica y privada de esos animalillos, y sabemos, por tanto, que su caída en el seno de una ciudad civilizada no puede considerarse como un milagro aunque resulte cosa sorprendente. Las codornices en efecto, al barruntar el fresco del Otoño, precursor de los fríos invernales, cuando las altas y doradas mieses, ornamento de la tierra, cayeron al golpe de la hoz, se agrupan en nutridos bandos remontando el vuelo, y huyen de Norte a Sur en busca de los climas calidos, necesarios para ÍU vida. Estas naturales emigraciones de ciertas especies del reino animal han sugerido al hombre, sin duda alguna, la idea de los veraneos e invernadas en pos de un decoroso ambiente para pasar sus horas. Pero, mas dichosa que el ser humano, hasta la codorniz encuentra una estación invernal donde vivir á gusto y sin pagar la cuenta. Cierto que corre el peligro de hallar la muette en la jornada, mas también el hombre esta expuesto al descarrilamiento ó al choque de trenes, a la locura de un caballo ó al estallido de un pneumático, sin contar los infinitos males que le acechan traidoi amenté en los platos que devora, en las botellas que se bebe, en el lecho donde reposa, en la habitación que le sirve de alojamiento. En nombre de la Moral Suprema y de la Justicia Eterna, que obligan a todos los seres de la creación, yo condeno el atentado de que fueron victimas las pobres codornices caídas en Madrid, por parte de los ciudadanos que tomaban el fresco tranquilamente, sin otros propósitos criminales que los de matar el tiempo Y ya que el relato de ese hecho monstruoso no apareció en la Prensa diaria bajo el sugestivo titulo de El suceso del día ni hubo tampoco periódico ilustrado que le dedicara los fotograbados correspondientes, yo quiero consignarlo con mi firma para eterno remordimiento de mis semejantes. Y al pensar que lo mismo que hicieron esos hombres con un bando de codornices, harían las fieras en el desierto con una expedición humana allí caída de improviso, mi corazón conturbado suspira por aquellos días anteriores a la tentación de nuestra madre Eva, en los cuales pudieron vivir la paloma junto a la serpiente y el peno junto al gato. (Pobres codornices Atraídas por la luz de la ciudad moderna, quisieron descansar un momento al amparo de la civilización humanitaria, y perdieron la vida como todos los seres candidos y confiados. Por ellas habrán derramado una lagrima sus hermanas, esas pobres prisioneras que en sus jaulas suspiran por el campo y entonan sus quejas a golpes acompasados. S ¿MADRID, i5 DF SEPTBRE. DE 1904 NUMERO SUELTO, 10 CENTS LA GUERRA RUSO- JAPONESA v %i t S INFANTERÍA DEL GENERAL KU ¡OKI TOMANDO POSICIONES PARA EMPRENDFR EL TAQUB i L 1 AO- TANO PhotO- Nouvelles EL CHOQUE DE VILLABONA Yo también quiero llorar por ellas, aunque no pueda hacerlo sobre su tumba. Y sólo se templa mi pena al pensar si esas aves de paso, que en Madrid recibifron su cañazo correspondiente, morirían en cumplimiento de las profecías. Tan elevado es el precio de Jos comestibles en estos tiempos admirables, que sólo en la bondad de la Providencia podemos confiar para alimentarnos. Caerían esas codornices para ser por nosotros devoradas? En tal caso, aguardemos la lluvia de jamones, la granizada de garbanzos y los rayos en forma de bistés, que han de venir muy pronto... ¡Hora es ya de que los alimentos, que están por las nubes, reposen un momento sobre la tierra! ANTONIO PALOMERO UN YATE DE TURISTAS EL TREN MIXTO Y EL RÁPIDO DE SAN SFBAST 1 AN, QUE CHOCARON EN LA ESTACIÓN DE VILLABONA ANTEAYER. SITUACIÓN EN QUE QUEDARON LAS DOS MAQUINAS Fot t r EL METEORO ANCLADO EN SAN S E B A S T I A N I ot Resine CONDUCIENDO EXPEDICIONARIOS ALEMANES