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Pág. 4 vaudeville, así, en castellano puro y castizo, lo nombraba su autor y asi apareció en los carteles. Yo asistí al estreno de El camisolín de Vaco, y no sólo asistí, sino que permanecí heroicamente al pie de! cañón, quiero decir, en mi butaca, aguantando impertérrito los tres actos de que el vaudeville se componía. ¡Era yo muy valiente entonces! Verdad es que ahora, por fortuna, los autores de dramas comprimidos al uso no son tan crueles: con un acto se contentan. Pues bien, pueden ustedes creerme: aquella heroicidad mía no me dio resultado: confieso que no comprendí ni mucho ni poco de lo que en escena ocurría. Allí una criada llamó á su novio, ella sabría por qué, cdio hombre y suripanta; allí... pero no voy á contar á us- ABC Núm. LA JIRA A LO YO LA tedes los incidentes del vaudeville; el buen Cubero, un tenrr cómico á quien el público estimaba mucho, aunque no era precisamente un portento, apareció vestido de etiqueta: frac, pantalón negro, etc. etc. y cubriendo el traje con una camisa de mujer, y aquello determinó ya el desbordamiento de! público. La silba debió de oírse en Chamartín de la Rosa. Y á mí, como he dicho, se me figura que estoy oyéndola todavía. El drama tuvo un epílogo: el redactor encargado de asuntos teatrales en el periódico festivo Gil Tilas, tuvo la ocurrencia de cantar, irónicamente por supuesto, las alabanzas del tal Camisolín, censurando al público por haberlo silbado. Pues bien, hubo un lector, uno solo, que tomando en serio aquel trabajo humorístico, se dio por ofendido y escribió al revistero un hatajo de insolencias que terminaban con esta candorosa exclamación: n Paece mentira! Sí que lo paece. A. SÁNCHEZ PÉREZ LLEGADA DE S M. EL PEY A BORDO DE LA ESCAMPAVÍA GU 1 PUZCOANA f i -Pues en los Jardines ocurrió la misma noche un incidente muy gracioso y que demuestra el excesivo celo de la Sociedad de Autores. Riquelme y Lambíase interpretaron un diálogo de circunstancias titulado El dúo de los paraguas. Bueno, pues no había terminado su representación, y ya un representante de la Sociedad se había presentado á cobrar El dúo de los paraguas, creyendo que era el popular número de Chueca. Cuando le dieron cuenta de la plancha, requirió el recibo, fuese... y no hubo nada. ¿Y de la resurrección de La gran vía, qué ha oído usted decir? -Que se estrenará en la Zarzuela y no en Eslava, como decían; que no es una refundición, sino una obra totalmente distinta, consecuencia de la anterior, eso si, pero de nueva planta, y que la música la escribirá el maestro Chueca, llevando como peón de confianza á Lleó. -También en Apolo se estrenará una zarzuela de Ramos Carrión y Vives. -Y de las sorpretas que trae Aruej de París ¿hay algo? -Eso pertenece, por ahora, al secreto del sumario; lo único que sé ciertamente es que el popular Raio traerá para un teatro muy favorecido por el público, un espectáculo absolutamente original, sugestivo y tal, que constituye función entera. ¿Y en el Lírico, por fin, tendremos á Berges? -Eso se asegura; que la suerte despiadada, nos lo vuelve de improviso, como cantan en Marina. ESCUCHANDO AL ORFEÓN FLORIDO; ENTIDERO TEATRAL. DEL DÍA -Y qué, ¿le gustó á usted el vertnouth de la Zarzuela? ¡Valiente aperitivo! ¡Mal estreno tuvo el flamante, vivito y coleando reglamento del Conde de San Luis! -Los mismos autores de Helias Artes no tenían ninguna confianza en el crío; tan no la tenían, que la víspera quisieron retirar la obra. ¡Hay momentos, querido amigo, de inspiraciones muy felices! -También me han dicho que Lucrecia Arana- -que por cierto está asombrosa de facultades y ¡hasta ha engordado! -cantó el conocido vals de Lascuatro estaciones, en sustitución de una romanza que estaba en combinación con los billetes kilométricos. Y á última hora nos colocaron el valsecito, y á escuadra, sin duda porque saliera más perfecto. ¿Cómo á escuadra? -Si, hombre; Lucrecia hacía de Arquitectura, y para que todo el mundo supiera á qué atenerse, la colgaron, como si fuera un dije, una escuadra en la mano. Y en esta postura y de esta manera i tuvo la simpática riojanita que cantar el vals con semejante impedimenta, cuando de sobra conoce usted que los valses requieren las manos libres pata expresar lo del placer enloquecedor y otras frases por el estilo. Pinedo, que á mi juicio es el actor que dice con más gusto y picardía los couplets, subrayándolos como pudiera hacerlo un Paulus, contuvo e! tota! derrumbamiento de la obra, en un tipo, caricatura de un vendedor de El Cencerro, y repitió unos couplets. Fue el mejor sorbo del vertnouth UN COLUMPIO FRENTE AL PABELLÓN DEL CLUB CANTÁBRICO Fots. Resines