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Pág. 2 ABC Núm. 215 EL TEATRO AL AIRE LIBRE BEZIEKS Í F R A N C J A) REPRESENTACIÓN DE LA OPERA (ARM 1 DA) DE GLUK Y QUJNAULT, EN LAS ARENAS Ó O R C O DE AQUELLA POBLACIÓN Fot. León Bemol AGITADORES Y MUCHEDUMBRES No hablo de los cabecillas de motín ni de las turbas, sino d; los que sacuden más hondamente el alma popular, la dominan y la guían. Todo el que pretende ganar prosélitos para una idea, para un arte ó para una facción, ese es un agitador. Ese influjo personal sobre la muchedumbre se puede ejercitar de intento é involuntariamente. Actores, oradores, literatos, caudillos, periodistas, todos conquistan territorios más ó menos extensos en el alma de la multitud; todos ellos la agitan, unas veces por un impulso heroico, otras por un ideal artístico, las más con tina mira política, y casi nunca con generosa espontaneidad. Consúltese á todo el mundo, desde el señorito al menestral, desde la dama linajuda á la más modesta señorita, todos y todas creen en alguien que las sugestionó con el gesto, la palabra, la pluma ó la acción. Todas y todos tienen fe en un general, prefieren á un actor, admiran á un político, leen lo que va escrito sobre una firma determinada. El elemento burgués ama á Maura porque le considera el hombre de gobierno mejor dotado de carácter para la salvaguardia de sus intereses. El pueblo amaba á Weyler, porque la desmedrada silueta del general se le aparecía ornada de atributos revolucionarios, y hace compatibles esos amores al sable y á la espuela con la más fogosa adhesión al torero y la más perruna docilidad á la demoledora palabra de! orador de mitin. De ahí el que el general, el actor, el torero, el político, el literato, el orador y el artista sean los que con más ahinco y más constancia dominan y guían á la muchedumbre. ¿No habéis oído decir á muchas personas reputadas de sesudas que M? ura es un gran carácter y un estadista capaz de hombrearse con Bismarck y Cavour? ¿No habéis espiado con qué celo acecha la masa descontenta el consentimiento de un general á ponerse al frente de una revolución? ¿Quién no ha escuchado alguna vez el grito de entusiasmo con que un taurófilo ofrecía bolsa y vida al diestro preferido? Las exaltaciones populares son como sus abatimientos y sus cobardías, desmesurados, enormes. Un sociólogo italiano, Pascal Rossi, ha estudiado las diversas variedades de agitadores, y aunque su obra se resiente de endeblez psicológica, no carece de originalidad. Los hombres que subyugan á la masa y la guian, se dividen, según Pascal Rossi, en dos ramas: primera, agitadores inmediatos, que se imponen sin dilación por tener condiciones de carácter, de cultura y de ambición idénticas á las de la muchedumbre. A este grupo pertenecen los oradores políticos, ciertos dramaturgos y la mayor parte de los periodistas, Los agitadores mediatos son casi siempre hombres geniales que esclavizan á la masa por tener cualidades que á ésta la sorprenden y deslumhran. Esta variedad de agitadores escasea, porque es raro que la multitud se dé cuenta de lo que valen. Mauricio Mxterlinck ha hecho notar que los hombres, como los árboles, se unen por la base, y que la multitud es impotente para comprender ningún sentimiento ni ninguna idea que no esté á flor de tierra. El agitador mediato suele ser un ejemplar intelectual de altiva y avasalladora originalidad Desdeñoso de las preocupaciones ambientes, trabaja por un ideal que no puede ser comprendido sino á la larga. Este hombre conquista á los demás, no como el agitador inmediato, por masas, s: no individualmente. Schopenhaüer, Renán y Federico Nietzsche pertenecieron á esta familia. Su voz no fue sonora y tumultuosa, como los acentos de un León Gambeta, de un Kossut ó de un Castelar. Su palabra confidencial, enérgica é insinuante, anda impresa en los libros con una elocuencia mil veces más enérgica y duradera que aquella elocuencia que atribuímos á la frase humana. Los agitadores inmediatos se popularizan y triunfan en poco tiempo, pero sus éxitos son fugaces. Las victorias del agitador mediato son definitivas y á veces eternas. MANUEL BUENO A VIDA EN BROMA. EL DESCANSO EN BOUZAS Las necesidades del ajuste y las del estómago, de común acuerdo, me obligan á escribir en domingo las presentes líneas, con lo cual me expongo á que se entere el ministro de la Gobernación y me excomulgue. Por nada del mundo quisiera faltar al flamante reglamento sobre el descanso dominical, ni incurrir en el enojo del Sr. Sánchez Guerra, que viene á ser una especie de presbítero sin bonete, ó más bien centinela amoroso de los intereses eclesiásticos. Gracias á él nadie trabajará en domingo, para poder consagrarse en un todo á las prácticas religiosas y á la taberna. El reglamento viene á unir en estrecho lazo el culto y la bebida; de ma- nera que puede usted oir misa á las ocho y á las ocho y media irse á la tasca, pero de ningún modo al taller, ni á la oficina, ni á la redacción. Aquí, en Bouzas, donde veraneo con permiso de Maura, que es nuestro padre putativo, el descanso dominical se observa fielmente y nadie osa quebrantarlo. A este fin, los vecinos se meten las manos en los bolsillos del pantalón desde que amanece y se sientan á la puerta de su casa en sillas bajas, para holgar todo el día y quedar bien con el gobernador. -Celedonia- -pregunta un vecino á su mujer, ¿qué haces? -Estoy barriendo. -Pues siéntate á mi lado, apoya la cabeza en mis rodillas y descansa. La esposa se sienta, y desde aquel momento ya pueden llorar los niños, ó cometer faltas de policía individua ó tirarse los cacharros á la cabeza. Ni el padre ni la madre abandonarán su actitud pasiva. A lo mejor dice el esposo: -Celedonia, ¿tienes la bondad de rascarme la espalda? -Perdona, Jenaro- -contesta ella, -pero hoy es domingo. -Tienes razón; no me acordaba. Y el marido ni aun se atreve á rascarse contra la pared, temiendo que pase por allí algún representante de la autoridad y le diga: ¿Qué hace usted, mal hombre? ¿Se atreve usted á faltar al reglamento? ¿No sabe usted que está prohibido todo trabajo, ya sea personal, ya colectivo? Este es un pueblo de pescadores que viven tan sólo de lo que el mar quiere proporcionarles. Los domingos embárcanse en las lanchas, y allí se están, mano sobre mano, con los ojos fijos en la superficie azul, dando gracias al Gobierno, que les ha otorgado la suprema dicha de no hacer nada durante veinticuatro horas. De cuando en cuando dice un pescador á otro compañero: -Eulogio, ¿estás aburrido?