Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
n um. 124 AB Pág. y Y sin más ni más, se fue corriendo á ver al inspector de policía. El inspector abrió el ojo y se puso á acariciar la culata del revólver. ¿Está calgado? -preguntó Pellejín. -N o señor. -Pues cálguelo usted, y ahoía, colamos á plende) al clíminal. -Conviene que nos acompañen dos números. -Sí; cuantos más númelas, mejol, -dijo Pellejín. Cinco minutos después, éste, el inspector y una pareja de sabuesos, llegaban al sitio d onde se hallaba el hombre sospechoso, ¡Dése usted pleso gri o Pellejín. ¡A- vel! Suelte usted todas las almas qae tenga. ¿Qué bulto es ese? El hombre, todo atortolado, cogió el bulto y fue á ponerlo en manos de Pellejín. -Quítele usted la funda- -añadió éste. -Si usted se lesiste, halemos fuego. No había concluido de hablar, y ya el presunto asesino quitaba la funda al arma terrible. Pellejín, el inspector y los sabuesos se miraron sorprendidos. Lo que ellos creían trabuco era... un clarinete. Aquel hombre siniestro pertenecía á la honrada cuanto infelice colectividad de murguistas nacionales. ¡La vida del Presidente estaba asegurada! Luis T A B O A D A PROCESIÓN NÁUTICA PROCESIÓN DE SAN T 1 M O EN EL PUEBLO DE LA ARENA, A OR 1 L 1 AS DFL NALON, LLEGANDO AL MUÉ LL Dfa SAN ESTEBAN EN UN REMOLCADOR SEGUIDO DE NUMFROSAS b vtBARCAClONES 1 ot Mallín V i o EL FERROCARRIL VASCO- ASTURIANO Béjar y Candelario 1- -1 an llegado noticias telegráficas de un probable conflicto nuevo entre Candelario y Béjar. Sería reproducción del de hace tres años, pero de consecuencias mas dolorosas, porque entonces los bejaranos sorprendieron á los candefarios quemándoles algunas casas y matándoles algunas reses, pero hoy no les sorprenderían. ¿Que han hecho las autoridades para evitar nuevos conflictos? Porque la historia es la siguiente: El río Cuerpo de Hombre, que baja de la Sierra, riega primero á Candelario y después á Bejar. Si es verano de sequía, Candelario y Béjai necesitan el escaso caudal del n o Candelario para regar sus campos, Bejai para mover sus maquinas. Candelario es un pueblo pequeño, pero modelo de administración, de laboriosidad y de honradez. Los bejaranos subieron hace tres años pretextando que los candelarios los quitaban el agua, y no es que volviesen las aguas á su cauce, no; lo que hicieron fue vengarse quemando casas y matando reses. Las autorid? des de Bejar resenciaron y no evitaron el lamentable espectáculo. S e instruyo proceso y las diligencias judiciales durmieron el sueño de los justos. Centenares de testigos presenciaron los hechos, esos hechos que aún están impunes. ¿Se renovará el conflicto? Dios no lo quiera, porque de las autoridades, ya prevenidas y todo puede esperarse poco j t J- 7 r V i K. ¡i í f o t L Ceña 1 VISTA DE LA ESTACIÓN DE OVIEDO Y DE i- Oi AL rfACENbi DEL NUEVO FERROCARRIL VASCO- ASTURIANO VIDA EN LALIZONTE BROMA. PELLEJÍN POPellejín ha salido de Aravaca en vista de que nadie paraba en él la atención. Desde la amena y deliciosa villa, nuestro héroe se trasladó á Qntaneda para saludar al Sr. Maura, á quien quiere en trañabl emente. El jefe del Gobierno hallábase en su espléndida morada quitándose una espinilla de la nariz que le afeaba un poco, cuando se vio sorprendido por la presencia del elocuente y joven diputado. ¿Usted aquí? -le dijo con algo de extrañeza. -Vengo exclusivamente á tenel el gusto de salúdale. Yo, sin usted, no puedo vivil. -Gracias, muchas gracias. M e viene usted como anillo al dedo. ¿Sabe usted sacar espinillas? -Nunca me he puesto á ello, pelo si usted quiete, plobalemos. -A ver... Pellejín cogió entre las uñas de los dedos gordos de ambas manos la espinilla presidencial y apretó con suma delicadeza. El presidente lanzó un pequeño grito y la espinilla salió de su centro. -Muy bien, -dijo Maura dirigiendo á su inferior jerárquico una sonrisa de gratitud. Aquella sonrisa cayó como lluvia benéfica en el alma de Pellejín, que guardó la espinilla en un papel como recuerdo, y dijo: -Yo estoy incondicionalmente á la disposición de usted y de toda la familia pala estos casos y pala los demás que puedan oculil. -Lo sé; siempre he creído que es usted un leal correligionario. -Sí, señol, coleligionalísimo, y aplovecho la ocasión pala decil á usted que desempeñalía con mucho gusto la caltela de Malina. Si no estuviela usted contento con el señol Felándiz, acuéldese usted de mí. -Aplazo la contestación, amigo mío. Toda contestación poco meditada es cual la harina de linaza, que no resuelve los tumores definitivamente. ¡Qué fiase! Qué helmosísima fiase! ¿Me pelmite usted que la comunique á la Piensa de Madlid? -Puede usted disponer de ella como guste. Pellejín salió de la estancia veloz como un corzo; fuese al telégrafo y transmitió á su amigo Chibalete la última frase del gran estadista. Satisfecho de su obra, dirigió sus pasos hacia la carretera para ver si encontraba alguna persona conocida á quien poderle referir lo que había oido. De pronto sus ojos fueron á detenerse en un bulto que se hallaba arrimado á una pared. Aquel bulto era un hombre con ameri cana color de lagarto pantalón bastante cortu y al pargatas negras como las que usan los cadáveres baratos. Debajo del brazo llevaba un lío en forma de trabuco. ¡Cielos! -exclamó Pellejín. -E s e horrible me inspila sospechas. ¿Selá uno que viene á matal al Plesidente? PUENTt DEL GAFON, CUYA PILASTRA CENTRAL MIDE VEINTE METROS, EN ÍL FERROCARRIL VASCO- ASTURIANO