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Pág. 6 A C lum. 124 El veraneo en Gijón hay veraneo La D ice Emiliay Pardo Bazán que nolos primeros áenveraCoruña los coruñeses son BATALLONES INFANTILES DE BADAJOZ near en otra parte; pues digamos otro tanto del Gijón veraniego: en Gijón no veranean ni los gijoneses; el alto copete se desparrama por! as risueñas aldeas, y sóío de pasada, de refilón, en fugaz visita, se presenta en ¡a villa para asomarse á I2 playa de San Lorenzo, dar una vuelta en Begoña, ir una noche á Dindurra ó una tarde á la Plaza de Toros. El puerto asturiano, como su pariente el gallego, no tienen señuelo para atraer veraneantes, por lo menos veraneantes de esos que van á una playa á tonificarse y á darse tono al mismo tiempo; porque en Gijón- -no sé en La Coruña, -veraneantes de tierra adentro no faltan, de esos que arriban en las nocturnas horas á que llegan los trenes mixtos, y al día siguiente, alegres y mañaneros, ya están frente al m? r con la boca abierta, nadie sabe si en señal de abobada admiración, ó para que se meta el aire salitroso á bocanadas pulmón adentro; veraneantes de una semana, pero renovados con puntual relevo durante tres meses; veraneantes, en fin, que aquí llaman castellanos como perfecta antítesis de madrileño, antítesis que yo nunca me he explicado, geográficamente al menos. No; veraneantes de ésBATALLÓN I N r A N Í l L DE ASILADOS DEL HOSPICIO DE BADAJOZ tos nunca faltan en tribu por las calles de la villa, pero sin dudaíno son éstos los que entran en baza cuando se habla de un sitio como sitio de verano. No son éstos, son los otros: los del lindo zapato de cuero amarillo, terno de inmaculada franela, aludo panamá, y el correaje de la gemelera cruzando el pecho; ó las de falda recortada á ras de espinosos tobillos, cinturón charolado, blusa liviana y sombrerillo d ¿paja de Italia alado con los talares de Mercurio; los dzyachí y automóvil, los del polo y el tennis, los que no admirarán la belleza de! Cantábrico si no lo contemplan desde la terraza de un Casino, y se morirían de tedio si el Casino de la consabida terraza no les brindara honestos esparcimientos, dilatando en el verano las costumbres nochezniegas del invierno. Estos son ios que dan tono y fama y nombre i. un arenal cualquiera. Estos á Gijón no vienen; y á fe qu; Gijon puede vivir tan guapamente sin ellos. Hablando de La Coruña (su célebre Marineda) la escritora que cité discurre sobre los requisitos necesarios para formar clientela veraniega, los cuales se reducen á dos, como los preceptos del Decálogo: comodidad y distracciones. Gijón es una de las ciudades más cómodas, más modernas, más europeas de España; reconozco en ella cierta descompostura como de casa de labor ó de taller en movimiento, cierto desdén hacia las osíentosas urbanizaciones, en las que suele haber más pompa y más escayola que perdurable piedra; pero reconozcámosle también sus amplias calles de rumboso caserío, de asfaltado suelo, de resplandeciente iluminación eléctrica; sus carreteras (de Gijón arrancan seis ó siete) llanas, sombrosas y conducientes como las sendas de un parque á poéticos lugares: ya sea el fresco boscaje, ya el peñascal marino; sus tranvías, que en ameno (y económico) trayecto unen Fots Gnrrorenn OFICIALIDAD DEL BATALLÓN INFANTIL DE CAZADORES DE BADAJOZ á Jove, la aldea marinesca, con Somió, la aldea urbanizada, y pronto unirá á Cabueñes, la de las quintas seño- con la solemnidad académica; el certamen del trabajo y huésped que viene á bañarse ó refrescarse, cómodo y riles y los bosques seculares; reconozcámosle sus tea- el certamen del baile regional, la corrida de toros y el culto y limpio albergue, pero sin más añadiduras ni más tros, sus paseos, y, sobre todo, pues de veranear trataconcurso de ganados, sin olvidar (loada sustitución de mimos ni más fiestas que á quien asoma por aquí en el mos, su majestuosa, su anchurosa, su ventilada playa de! os juegos florales) el certamen científico- literario, y yo otoño, en la primavera 6 en el invierno. No me gusta San Lorenzo, uno de los playazos en que las olas can- añadiré práctico. ver con semblante de complaciente hospedera, villa de tábricas lamen arena más fina, más limpia y más apreta ¿Pueden pedirse más atrayentes y más variados hol- tantos humos. da. ¡Así son en ella de espumantes los resalseros al gorios? Pues estoy convencido de que con todos ellos Explicaré lo de los humos para que mis paisanos no se subir la marea por su llanura dorada! ¿Se goza comodi- no se atrapa á un veraneante. No, señor; al veraneante ofendan. Gijón, digámoslo de una vez, es lo que nuesdad mayor, mayor conforte en lugares cacareados y en- de buen tono, más se le ahuyenta que se le atrae con el tros abuelos llamaban un emporio. Con esta palabra, un tronizados por la voz resonante de la fama? bullicio de las fiestas. Si yo tuviera voz y voto en el poco trasnochada, lo expreso todo. La vida gijonesa es Pues en cuanto a! otro requisito, el de los diverti- Concejo, ya me esforzaría en meter por otro cauce el algo más que el azacaneo y el devaneo de un trimestre; mientos, durante todo el verano Gijón arde en fiestas. raudal de pesetas, que es para la villa, en resumidas Gijón está á punto de realizar, si no realizó ya, el ideal Para no ir más lejos, este verano mismo puede consul- cuentas, evaporación rápida de moneda, en vez de lluvia de jovellanos, que no era, en verdad, hacer de un puefecunda. No sé por qué, barrunto que esta villa, como blo una playa. Mejor parece lo contrario: hacer de una tar cualquiera el abultado programa, ¡Como que es un otras villas, están muy próximas á convencerse de esto. playa un pueblo. Sobre todo si es como éste, grande, libro, y honra, por cierto, de las prensas gijonesas! Y Gijón, más que ninguna, debe convencerse pronto, varoni! y próspero. bueno es que se sepa cómo alternan en él la diversión FRANCISCO ACEBAL popular con la ceremonia grave, el regocijo callejero curarse de picazones veraniegas y ofrecer, eso sí, al ¿U i V V S s PLAYA DE SAN LORENZO, EN GIJON MUELLE DE LEQUERIQUE, EN GIJON s. Ásenlo