Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Pág. 2 ABC Núm. parte. Cada coruñés que se estima tiene su campestre retiro en alguna aldeíta deliciosa, á una legua, á un par de leguas de la ciudad, y desde Junio se instala allí, comiendo ilusionado su fruta y sus patatas propias, sin preocuparse de si el ferrocarril, que se lleva las merluzas, se trae ó no se trae visitantes de allá. ¡Es caso tan raro que los traiga! Regresan á su solar los que en Madrid invernaron; vuelven los padres de la patria quejándose de que el Gobierno les recetó sudaciones; pero quien en la Coruña no tenga arraigo, por milagro caerá aquí decidido á pasarse una quincena, sin más alicientes que los paseos con música en el Relleno y los viajes á la playa de Riazor en tranvía, intercalados con alguna zarzuelilla en el Teatro- Circo que se llama como yo. Para atraer á los trashumantes faltan en la Coruña varios requisitos que pueden reducirse á dos: comodidad y distracciones. No juzgo fácil improvisarlos, á pesar de ser La Coruña una ciudad que progresa en muchos respectos, donde no se carece de industrias ni de refinamientos, donde hay agrado y cultura. Los veraneantes no aprecian estos méritos porque no tienen ocasión de apreciarSos. En cambio notan las deficiencias como va notándolas el vecindario, al cual ya hormiguea y cosquillea el prurito de campañas higiénicas y desvelan los afanes de romper la monotonía del verano con ruidosas atracciones. El vecindario se preocupa de la urgencia de la traída de aguas, que es como si una mujer empieza á preocuparse de refrescar y bañar su cuerpo para hacerse deseadera. El vecindario piensa con terror en la sequía, engendradora de las fiebres de otoño, y en el otro azote perenne, devorante: la tuberculosis. Desea que la ciudad desinfecte sus intestinos, inunde de agua sus fósiles alcantarillas; desea que las casas del proletariado se reformen y purifiquen también por el sol y el aire, y no preparen generaciones de tísicos. Desean que la nereida recostada entre dos mares, que según una profecía han de tragársela al unirse, huela á salitre, á fósforo bueno... pero no á sardina ni á letrina. Y este anhelo de agua, de higiene, de nitidez, es el mejor viático para encaminarse hacia la transformación de La Coruña en concurrido punto de veraneo. Si la ciudad se surte de agua abundante, potable, dentro de diez años no parecerá la misma. Tendrá hospedajes amplios, desahogados, baratos además, pues La Coruña, que no es paso para ninguna parte, debe atraer con el señuelo de la baratura. Estos milagros hará la maga de cristal, el agua bienhechora. Completaría la acción benéfica del agua el construir barrios obreros con casas higiénicas, c) reformar ó suprimir el impuesto de consumos, el cierre dominical de las tabernas, unido al mayor rigor en la represión de ciertos delitos que se cometen á cada instante sobrevino y sobrecaña en los alrededores de la ciudad, y hacen de sitios tan encantadores como el camino del Pasaje, las aldehuelas de la Silva y el gracioso altozano de Ciarás, un aduar marroquí donde ni la hospitalidad salva del garrotas. ó del tiro. Requiérese, en suma, para fomentar el veraneo aquí, lo que en cualquier parte: gastarse algunos millones y desplegar no poca energía. También se necesita, como el r o c o de Mayo- y esto parece una de esas leyendas postulantes que ahora se inscriben en los arcos de triunfo al paso de S. JVL, -Ja suspirada, asendereada, estorbada, retrasada, fastidiada, nunca bien ponderada línea férrea de Santiago á la Coruña. inconcebible parece que todavía estemos píando por ella. Producimos y criamos en Galicia con amor y celo una lechigada de políticos de todas tallas y colores, y las dos ciudades más importantes de Galicia siguen incomunicadas, y seguimos oyendo en el trayecto de La Coruña á Santiago, por donde nos dirigimos hacia la provincia de Pontevedra y los grandes balnearios gallegos, foco del veraneo y centro de la animación, en vez del silbo y el traqueteo de la culebra de hierro, el ¡arre! ilustrado del mayoral de diligencia, cuando no el ¡taf! congojoso de un. automóvil frustrado, siempre descompuesto, cien veces semivolcado sobre precipicios. Arrinconada así La Coruña; servida por los peores itinerarios y el peor material ferroviario de toda España; reducida á comerse á sí misma, este año ha pensado sin miedo en atraer ala gente por medio de la distracción. Otras ciudades gallegas tienen sus fiestas; las tiene, y muy lucidas, á LOS SEGADORES EN MADRID r 5 S Í ÍSÍ ASPECTO I F I. A CUESTA DE SAN VICENTE EN LAS PRIMERAS HORAS DE LA MAÑANA, CUANDO LOS SEGADORES ESPERAN LA SALIDA DE LOS TRENES DEL NORTE rti fe LOS SEGADORES DURMIENDO AL AIRE LIBRE El veraneo en La Coruña iué es el veraneo en La Coruña? -Nada. ¿Qué debe ser? -Todo, -diremos parodiando una frase célebre. En efecto. cualquiera que recuente las condiciones que La Coruña reúne, verá en ella una ciudad que invita á conciliar el fresco, la balneación, la absorción de aire puro y la vida urbana. No todo el mundo quiere enterrarse en el campo, sin médico, sin trato, sin tiendas. Las ciudades de este clima y esta ideal temperatura están indicadas para atraer veraneantes y crear por tal medio un chorro de riqueza. Aquí no existe verano. Hemos suprimido del año una estación, y vivimos en primavera otoñal ó en otoño primaveral (como gusten) Llueve con frecuencia; el ambiente está saturado de humedad suave; los dos maros, el plácido de Ja bahía, el bronco y pavoroso del Orzan, abanican ó envuelven en huracanadas ráfagas al caserío, y los días de bochorno- -relativo- -no llegan á cuatro ó seis en la temporada. Antaño hacía ventolina el pueblo, era un barco azotado: ahora- -no sé la razón- -tampoco Eolo molesta. Unid á este clima dormido y cariñoso unos alrededores que son un Nacimiento, unas carreteras que faldean ¡as rías más azules y franjeadas de arbolado, y que tienden su cinta blanca entre doble hilera de casitas, de chalets, de cottages, de villas, de Pazos, de molinos arcaicos ó modern style, de iglesias románicas; poblad esas carreteras de automóviles- -hay una nube en La Coruña, -de faetones y charreHes, de cestas de mimbre, de lentos carros del país, de caballos jineteados, de diligencias monumentales; haced cruzar bajo los amplios puentes el tren majestuoso, trepidante, negro con pupilas rojas; suponed el encanto de estos alrededores cuando cada verja de hierro está arrebolada de geranios ó llovida de madreselva, y cuando á ambos lados del camino se desata- -collar de gigantescos corales rosa- -la doble hilera de cestas de fresón maduro, el mismo que una alegre mocedad va á comer, cogiéndolo en la mata, por las innumerables huertas próximas á la ciudad; añadid á la poesía de paisajes y boscajes la sanidad y seguranza de las playas, donde á pesar de lo bravio de las olas cantábricas, rarísima vez ocurre desgracia alguna... sumad, si sois golosos, lo vario y excelente de los alimentos; si sois sensitivos, lo amable del carácter de los naturales, y reconoced que á esta ciudad la han cortado con tijera para que á ella concurran á respirar y remojarse los de tierra adentro. Así y todo, no hay veraneo en La Coruña. Los coruñeses son los primeros á veranear... en otra