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Pág. 6 ANIVERSARIO. LA MUERTE U N CÁNOVAS DEL CASTILLO DE ABC Núm. 120 i Oocos días después Angiohllo, el joven italiano, expia ba su crimen en Vergara. La ley de represión del anarquismo nos impidió dar detalles de la ejecución a los Dentro de cuatro días se cumplirán siete años de la que la presenciamos, y de ella guardamos recuerdos muerte de D Antonio Cánovas del Castillo, en el enton- inextinguibles Aquel día surgió, a mi JUICIO, el Rodrigo ces balneario y hoy Manicomio de Santa Águeda. Soriano exaltado, revolucionario, demoledor, que hoy Era un domingo. Aquella mañana había regresado de en las Cortes provoca tantas tempestades con sus disSanta Águeda a San Sebastian el Sr. Castellano, minis- cursos. Testigo también de aquel sombrío espectáculo, tro de Ultramar, con proposito de tomar el tren de las hubo un instante, el mas solemne, el mas imponente, el tres de la tarde para Madrid Cuando se recibió la noti- mas espantoso del terrorífico acto, en que una brusca y cia telegráfica del asesinato, el ministro exclamo (Ha- poco piadosa interrupción de persona que no hay para que citar, porque ha muerto, turbo el silencio de muerte bra sido un italiano joven que estaba en el balneario En efecto, el italiano joven había sido El italiano jo- que se extendía ahededor del patíbulo, sobre el cual un ven a quien todos habíamos visto en San Sebastian en el fraile dominico oraba silenciosa y piadosamente, forjardín del hotel de Londres, donde Cánovas se hospeda- mando contraste con el espectador aludido que enfrente ba antes de ir a Santa Águeda, pero en quien la policía del cadalso gritaba, cuatro soldado 3 daban guardia, el especial que rodea siempre al Presidente del Consejo no verdugo hacia funcionar el terrible aparato y c! reo expireparo sin duda El joven italiano que estando en un es- raba impasible lanzando una sola frase ¿Caminal tablecimiento de aguas termales no las tomaba, el que tiSoriano, al escuchar la voz cruel de quien hacia alarde tulándose corresponsal de un periódico italiano no escri- de gozar con la muerte del reo, se revolvió airado, bía una sola carta el que no cruzaba una palabra con na- nacundo, feroz protestando contra aquel horrendo dedie, cuando por su pretendida profesión era natural que lito de lesa humanidad. Momentos después escribía su charlase con todo el mundo, el que seguía a Cánovas a famoso articulo Germinal, primer paso indudablemente todas partes, hasta el punto de que, según nos dijo en hacia la profesión de las ideas revolucionarias que hoy el encierro, pudo disparar su arma en diversas ocasiones con tanto tesón defiende. días anteriores, y no lo hizo por no herir a la esposa del Puede afirmarse que el día que murió Angiohllo nació presidente, el joven italiano cuyo recuerdo surgió en la un demagogo. memoria del ministro en cuanto supo la catástrofe, no se ÁNGEL MARÍA C A S T E L L hizo sospechoso de nadie y pudo realizar su crimen a mansalva y con toda tranquilidad. CRÓNICAS DEL VERANO IU I i 1 O l i K I l- l (I s i I l M N i i I I -J- ft nos enguantadas que se agitan desde las ventanillas El tren al ponerse en marcha parece un manicomio en movimiento t Adios, Madrid con tu atmosfera de lumbre pulverizada y tu neblina de polvo que hace obscurecer al sol cuando se pone La gente rica te abandona para pedir yodo al mar y oxigeno a la montaña Has sido bueno y hospitalario diez meses del año, peto ahora te has puesto inaguantable Los que te llaman mi Madrid a todas horas y en todas partes, reniegan momentáneamente de ti y huyen como ingratos hijos que abandonan a su madre en la desgracia... las mismas horas, en los barrios bajos de la corte forman amenas tertulias sentándose en la calle delante de sus casas, hombres en mangas de camisa y mujeres en mangas de chambra, mientras sus chicuelos corren a meterse en el Manzanares, tan escuálido de caudal como prodigo de frescura Remojan las criaturas sus cuerpos, haciendo prodigios de natación, que maravilla y grande es nadar donde el agua puede medirse con cuentagotas, y regresan a sus hogares contentos y frescos. (Dichosos los primeros, los que viajan, que pueden oponer a los rigores del calor madrileño las bondades del clima septentrional, y dichosos también los segundos, que desconociendo las delicias del veraneo y sin sentir necesidad de ellas por estar habituados a una vida humilde, mitigan los excesos del termómetro con las caricias del Manzanares y el aire libre de 1 a calle disfrutado en alegre tertulia o en apacible sueño (Infelices los que, habiendo probado las exquisiteces de la emigración veraniega, se privan forzosamente del placer erca del mar, y, por el buen dei cado a los pobres de tumbarse en en el Manzanares (Infelices ellos, i calle en mangas de camisa o en 1 bartola sobre un banco, tienen en ubrir las apariencias, de propalar 3 sudando la gota gorda durante el i) nocturno bajo los raquíticos pi: s hincados en la tierra por el mani Alcalá, o tras los barrotes de esa algunos cronistas benévolos con el pomposo titulo de Jardines y por si fuera poco, del Buen Retiro No hay termino medio en lo de envidiar a los que veranean. (Felices los que a la caída de la tarde van a la Estación del Norte y emprenden el viaje en cualquiera de los trenes; felices los que a esas horas se meten en el Manzanares ó sacan la silla a la calle y más tarde la cena, y por ultimo la cama Todos los demás, ¡infelices 1 AEMECE ROÑICA: UN POBRE Q U E SE MUERE Un pobre que se muere no es lo mismo que un rico que se muere, aunque parezca imposible el xeconocimiento de la clase social al borde mismo de la tumba, que a todos nos iguala, según hemos acordado hace algunos siglos. Para establecer esta diferencia en el acto de cerrar el ojo, no es preciso acudir a la pintura de tan supremo instante. Reconocida por la civilización presente la existencia de ricos y pobres, claro es que los primeros han de morir rodeados de cuantas comodidades les son ya inútiles, mientras los otros mueren tan miserablemente como vivieron. La diferencia está en que al dar el último adiós á la vida, empieza para el pobre un problema que no es precisamente el de la eternidad del alma. La sociedad ha tenido el capricho de crear una aduana macabra, con su personal competente y sus derechos de arancel, y nadie puede pasar al otro barrio de un modo decoroso sin proveerse de la oportuna papeleta que Fots Ae j s no d e c l a r e la libertad d e r. c CONMEMORATIVA PUESTA POR EL AYUNTAMIENTO Dfc AQUELLA CIUDAD EN JUNIO DE l 8 c) 5 I ot Delgado EN LA ESTACIÓN DEL NORTE ¿Que de particular tiene que todo ciudadano tiemble por su seguridad personal y desconfíe de la eficacia de nuestra policía, si quien teniendo por su elevado cargo una vigilancia especial en derredor de su persona fue asesinado 1 A las cuarenta y ocho horas de asesinado Cánovas, su cuerpo salía de Santa Águeda conducido por una carroza fúnebre, a la que seguían una escolta de caballería y una fila interminable de coches. ¿Que día de calor aquel 10 de Agosto, festividad de San Lorenzo SI sol era fuego por las cañadas de aquellos montes elevados, cuyas cimas no enviaban una ráfaga de viento consolador. Era el mediodía cuando el triste cortejo se puso en marcha, y ocurrió algo que recordaba el histórico episodio de Doña Juana la Loca conduciendo el cadáver del rey Felipe a través de montes y campos Al colocar la viuda del ilustre asesinado una corona sobre el féretro en la carroza alguien dijo a los cocheros- -Hay que marchar de prisa- -4 No Al paso. -interrumpió la enlutada dama con tono imperativo, tomando al brazo de Castelar, que la condujo a un coche Y al paso comenzó a desfilar la comitiva, recordando el martirio del Santo del día, que murió asado, mientras caminaba bajo un sol que tostaba y entre nubes de poivo que levantaban los caballos de la escolta y de los carruajes y ahogaban. Antes de llegar a Mondragon, la esposa de Cánovas era victima de los rigores del calor y los médicos aconsejaron que se continuase el viaje mas de prisa De prisa llegamos a Vergara y Anzuola, pero despa cío subimos, unos a pie y otros en coches tirados por bueyes, el puerto de Descarga, cuya carretera mas parece escalera de caracol labrada entre precipicios. preso para Bilbao y la frontera Todos estos trenes son asaltados por viajeros elegantes que se despiden entre estrepito de voces besos y risas, de la gente que queda en los andenes Se ven muchos trajes femeniles vaporosos, sombreros floridos con velos enormes flotantes, encajes y tules que malcubren morbideces palpitantes, ma- ¡í- Jí j ÍU- EN EL MANZANARES