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N ú m 120 tisfecha la boda de éste con la hija del antiguo ministre; Bahamed, predilecto de Muley Hasán. Este tenía destinada dicha doncella, hija de su minis- r tro, para Abd- el- Azis, pero Menebhi a consiguió, rp, r deándose de un prestigio inconmensurable. De modo que eJ Imperio está hoy dividido entre los partidarios del peregrino el Menebhi, afecto á Inglaterra, y de la opresión en que se halla el Emperador, que le obliga á considerar á Francia. Con tal motivo, la anarquía comienza con Abu Ame? ma en la frontera argelina; con el Roguí, en Tasa; con el Jolot y Aros, cerca de Alcázar; con las hostilidades próximas á Ceuta; en Larache contra los administradores franceses; y con el Emperador, que aconseja debilitar el amor patrio de sus subditos, y hasta de los propios elemento de guerra; observándose que allí en donde se presenta la mano europea, ó en aquellos lugares en donde la influencia europea ha sido preeminente en tiempo no lejano de ayer, allí está la discordia y la fiebre anárquica. En Tánger se han dado órdenes inconcebibles. Cuando el Emperador, intentando reclutar gentes, no se ve satisfecho, ordena rebajar el sueldo á la guarnición, y ésta desprecia sus ocho perras chicas, abandonando las filas. Cuando el bajá necesita conocer las opiniones de su pueblo, edicta que á las once de la noche no haya reuniones de moros, y éstos se congregan á la sombra para censurar al bajá, formar clubs y hacerse levantiscos sediciosos. Cuando Abd- el- Azis no discurre, el Menebhi le envía una carta que dice: Si estás conforme con la penetración pacífica francesa y con la intervención armada que pueda provocar cualquier conflicto preparado por algún interesado, no cuentes conmigo y el Emperador enmudece para irritar más al Tadli, al Hanari y al Susi, guerreros mahometanos, árabes de pura cepa, que predicarán el líehad aun sabiendo que Al- lah es de todos, y que de estos todos, unos combaten con cañones y otros con espingardas. Nosotros los españoles vemos que aunque Tánger no es todo el Imperio, los franceses gobernarán por estas cercanías, y que el papel español, si no está en baja, no suena. Si en este mutismo y en este cuento del obispo de Constantinopla que quiere desconstantinopolitanizar, los Maura, Rodríguez San Pedro, Silvela y Canalejas separándose de León y Castillo, y aun en el temor de no subir los peldaños del Palacio Real, desean conservar, no aumentar, nuestros intereses y nuestro nombre en Marruecos, no olviden lo que tenemos, lo que debemos tener y lo que debemos hacer. Quitar los presidios de África; crear un cuerpo de intérpretes- consulares que conozcan el idioma del país marroquí; premiar á los comerciantes é industriales que introduzcan productos españoles en mayor cantidad que los fabriles y mercantes europeos; é imitar á Ángel Pulido y Echegaray, estableciendo tribunas perpetuamente levantadas para la defensa de los hijos israelitas españoles proscriptos desde 1492, justicia sagrada que devuelva al solar patrio á los espíritus activos y mercantiles, cuya inoculación hace falta en nuestra educación social. Si no lo hacemos, poco será que nos concedan un territorio desde Agadir hacia la costa de Río de Oro, pues la zona de influencia española está rpdeada: primero, Río de Oro por el Adrar (francés) en el Muni, por la Senegambia y Congo (francés) y Ceuta, por AlkazarSeguer (del Cherif, subdito francés) Segundo: Melilla por la factoría de M r Frouin francés) Chafarinas por el Kiss, de Luis Say (francés) y Alcazar- quebir, centro de los caminps para el interior por la parte septentrional marroquí, por el mismo santo de Uasán (francés) Narciso Díaz de Escovar me ha escuchado, no sé si con atención, no obstante haberme preguntado: ¿Qué tenemos hoy y qué hemos hecho? Lo que hemos hecho lo dice el tratado anglo- francés. Lo que tenemos es: un cuerpo consular que no conoce el árabe ni puede entrometerse en relacionar estadísticas comerciales, ni probar las condiciones personales de sus individuos; una misión franciscana que cobra 24.000 duros (oro) para sostener un templo internacional que sólo paga España, y comisiones varias de inúfil provecho. Finalmente: los combates á una hora de Tánger 7 0 se 1 han librado aún; Abu- Amena y el Roghi pelearán contra Francia y Abd- el- Azis; éste tendrá que llevar á su hermano Mohamed á la coopartición en el mando; las tribus del Jolot levantarán otras, y estimo que Ceuta debe devolver las vacas robadas por los kabileños. Ni el Duas, que ayer recibe el regio alfanje y hoy no castiga á quien tirotea á la benemérita; ni el Kaid Abde- s- Selam, mi aprisionador, porque cobre derechos de pasto en su territorio; ni- Ios corresponsales eenties elevando á prohombre á un rapazuelo que roba dos fusiles á na mujer inglesa tangerina, intentando ahogarla, amorti guaran el espíritu y letra de un solemne tratado entre reyes: Cada res pagará al erario imperial %5 pesetas. No hay duda que esas reses deben sacrificarse para el consumode la guarnición; pero dudo menos que Berna! no deje bien puesto nuestro honor, pero imponiendo al comprador pague los derechos. En resumen: esto anda mal, y no esperamos nada de los Gobiernos. ANTONIO RAMOS Tánger, 20 Julio 1904. ABC Pág. 3 MORET EN ASTURIAS EL TREN QUE CONDUCÍA AL SR. MORET Y A SUS ACOMPAÑANTES LLEGANDO A LA ESTACIÓN DE SAN ESTEBAN EL SR. MORET Y SUS AMIQOS DESCENDIENDO DEL TREN QUE LE? CONDUJO jji SAN- ESTEBAN lipis Martín C I ilustre hombre público Sr. Moret acaba de hacer un viaje por Asturias, visitando varias localidades de aquel privilegiado país y recorriendp la nueva linea férrea que se abrirá pronto á la explotación, de Oviedo á San Esteban de Muros, la cual Jínea es un trozo de la que muy pronto unirá las regiones Asturiana, de la Montaña y Vasca, completándose más tarde con ja de Galicia. De la visita á San Esteban habrá quedado el Sr. M o ret encantado. Aquella montaña hermosa, aquellos valles ideales, aquel Nalón espléndido, habrán dejado huella indeleble en la imaginación del pensador; aquella fierra riquísima y aquel pueblo emprendedor habrán hecho pensar al Sr. Moret que, en efecto, nuestra nación sería más próspera y feliz, como cree mucha gente que reniega de la pojítica, si tuyiésemps gobernantes que se preocupasen más de la riqueza material y moral del país y menos de las miserias de la política. Las fotografías que publicamos dan idea perfecta de la nueva línea que el Sr. Mpret ha reeprrido en su visita á Asturias. Modas masculinas Suppngo que este año, terminada la estación balnearia, os dispondréis á dar el consabido paseo ppr Londres. Un hombre elegante se desacreditaría si en tal época no visitase la capital del Reino Unido. Es la moda, y cpn la moda no se transige. También hay que suponer que habiendo franqueado el Canal aprovecharéis la visita para renovar vuestro guardarropa. Renovaréis vuestras corbatas, vuestras camisas, vuestros objetos de toilette, y completaréis vuestro equipo de entretiempo según el gusto británico y las más recientes innovaciones de la moda londinense. En la vida inglesa la toilette desempeña un papel con- A PASAR EL CANAL siderable. A tal punto, que ella es ja prepeupación consolante de todo gentleman digno de ese npmbre. Sólo en Londres encontraréis un gentleman capaz de gastarse en sus vestidos cjnco mi) libras esterlinas cada año. Y sólo en Londres es donde un botón agregadp á un chaleco ó un botpn suprimido al chaquet, toma las proporciones de un verdadero, acontecimiento. Tres son actualmente los sastres que se reparten la clientela inglesa- -es decir, la aristocracia y el StpckExchange, -y se llaman Hile, Fletchez y Savage. Esos tres sastres son tan perfectos artistas, qué un fashionabíe inglés puede distinguir entre mil personas y al simple golpe de vista un cliente de Savage, de Fletchez ó de Hí) e. Aunque os diera aquí la dirección exacta de esas tres eminencias de la elegancia masculina, no por eso conseguiríais el más pequeño frutp de su ingenio. Para ello es preciso que fuerais presentado. Los reyes de la tijera no visten al premier venu. Sus salones están cerrados, y no penetra en ellos todo el que quiere. Son hombres prácticos. Y ese exclusivismo y la enormidad de sus precios, ha puesto tal vez tan altos sus nombres. También son tres los sombrereros ilustres: White, Lincoln and Bennet, y Henth. Un sombrero que no salga de cualquiera de esas tres casas, será todo lo qué queráis menos un sombrero. White es el sombrerero del rey Eduardo; Henth el del Príncipe de Gales; Lincoln es el proveedor de los Parlamentos y se honra con la clientela de lord Rosebery. En cuanto á los zapateros, las notabilidades son Lobb, Doblie y Peal. Para las corbatas, guantes y camisas, no hay que pensar más que en Lord, Drew y Turnbule. Esos doce proveedores ejercen en Londres tal supremacía, que un gentleman que no figure en ÍU clientela pasará por un gentleman falsificado. Y tal es el buen sentido de los ingleses y tal el sentí-