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Núm. 119 ABC Pág. JIRA REPUBLICANA DE BILBAÍNOS Y MONTAÑESES A SANTOÑA DESFMBARCO EN SANTOÑA DF LOS KFPU ni 1 CASOS BILBMNOS Y SANTANDER 1 NOS J- Ot. DOMINGO 1 7 FUERON EN ANIMADA JIRA A AQUELLA POBLACIÓN, CFLEBRANDO UNA MANIFESTACIÓN POLÍTICA Y VARIAS REUNIONES EN LAS QUE PÍATE 14 AFO LOS EXCU. SIONISTAS PE AMBAS PROVINCIAS riachuelo corre á la derecha del establecimiento, y un verdadero río por la izquierda. La humedad se masca, y las aguas tienen por principa! objeto, no se si curar ó producir el reuma. El medico, notabilísimo como tresillista y dicharachero, cumple con su misión, encontrando muy indicadas las aguas para todo el que llega. Naturalmente, cobra sus derechos. rVescuella entre todos los bañistas D. Epifanio, que viene por agradecimiento. Llegó hace seis años la primera vez casi sin poder andar, y ya anda con muletas; es un fanático de las aguas; y lo que el dice: Cuando acabe de baldarme por completo, vendré en camilla, porque á esta casa le debo mi salud. T oña Paquita está aquí con su hija Pura. Purita tiene un catarro nasal reumático que la hace hablar gangoso, y toma duchas nasales y baños de impresión; la niña es impresionable como pocas, y la otra noche aporreó el piano acompañándose para cantar el Vorrey Moriré, con un deje gangoso que partía los corazones. En las notas altas, como la pobre chica no respira bien, levanta la cabeza y hace unas inspiraciones que parece que se va á sorber el establecimiento. La mamá, mientras la niña canta, duerme; y los bañistas se miran unos á otros con estupefacción. T on Enrique es el buen mozo y el gracioso de tanda; el, á las altas horas de la noche, cambia el calzado que cada huésped deja á la puerta de su cuarto, y cuando ríe la gracia de dejar unas botitas con tacón Luis XV á la puerta del cuarto de un presbítero, su felicidad no reconoce límites. Proyecta y dirige todas las expediciones, pregunta con aire malicioso á las muchachas por qué no toman helado, cuando la mamá les prohibe este postre; se viste con traje de franela blanca, duerme con riza- bigotes, y es el encanto de la casa. encarnación es la indispensable viuda del estableci miento: mujer hecha, y casi deshecha, según sostiene D. Enrique; desde que Pepe murió en la última guerra de Cuba esta inconsolable, y viene á curarse un reuma al corazón. En medio de todo, es muy animada. A las muchachas de ahora las encuentra desabonas. -Encarnación es de Jaén. -Ella ha descubierto una tradición que asegura que junto a la cruz del campo hay una reja, y que las muchachas que besan los barrotes se casan en el año. No sabe si el sortilegio es aplicable á las viudas; pero hay quien asegura que muerde en la reja. No baila vals, pero el otro día dirigió unos ¡laceros, y cuando hacía el saludo, decía D. Enrique: Ni en Palacio. T on José es el personaje serio de la casa: viste de ne gro, baja en gorra al comedor, no dice nunca más que buenos días buenas tardes y buen provecho juega al tresillo con ios presbíteros, recibe Universo, y tiene el bigote y el pelo tan negros como la endrina. Hay quien asegura que se bebe el tinte. LA VIDA EN BROMA. LA SORPRESA JUAN VALERO DE TORNOS Lo que quiere Pellejín es que su nombre circule de boca en boca, que salga en los periódicos y que sea conocido y admirado dentro y fuera de España. Ya que por ahora no haya logrado formar parte del Gabinete, aspira, por! o menos, á que se hable de él y se le cite con cualquier motivo. Valiéndose de su amistad con Corondel, ej diligente periodista, los periódicos citan á diario el nombre de Pellejín, diciendo unas veces que ha salido para San Sebastián, otras, que para Hendaya, y otras que para Cuenca. La cuestión es salir para alguna parte y que lea el público la noticia. Pero el último triunfo periodístico del elocuente diputado supera á toda ponderación. Pellejín duda de la seguridad conyugal de su esposa, y esto, en cierto modo, ha halagado su orgullo. Casi todos los hombres grandes han sufrido algún desengaño amoroso, y la Prensa se ha ocupado más de una vez en esta clase de asuntos, sin que por esto dejaran los agraviados de hacer su carrera política. Días pasados, la esposa de Pellejín dijo á éste: -Atilano, esta tarde voy á ir de tiendas. Tengo que comprar unas ligas, un tirabuzón, dos elásticas para ti y otras frioleras. Si tardo, no te intranquilices. -Vete á donde quietas- -contestó él, y pensó inmediatamente: ¡Quién sabe lo que ployecíatd mi mujeV Hay que vigilal. Salió ella, efectivamente, y detrás, sin ser advertido, salió Pellejín. Su esposa entró en una tienda de sedas y él se quedó en un portal, sito en la acera de enfrente. Desde allí se dirigió ella á una ferretería en busca del tirabuzón, y Pellejín situóse en otro portal fronterizo. Por último, la esposa penetró en una camisería, de la que salió al poco tiempo acompañada de un hombre con sombrero de paja y cazadora color de sorbete de mantecado. ¡Cielos! -exclamó Pellejín. -Ese debe de sel el seductol. Se conoce que se habrán citado en la camiselia pata no despeltaí sospechas. Por más que hizo no pudo verle la cara á su rival. El ala del sombrero, que llevaba echada sobre las cejas, impedía descubrir la faz del seductor. Pellejín, halagado por la esperanza de promover un incidente ruidoso, del que tendrían que ocuparse los rotativos, como es natural, siguió á la pareja hasta el café de Pombo. En él penetraron la esposa infiel y su acompañante. -Esta es la mía- -díjose Pellejín, y se fue corriendo en busca de una pareja de Seguridad. -Voy á solplendelos in flaganti delito. Mañana la piensa publícala mi momble, y pasado mañana selá conocido pol toda la nación. Después, dirigiéndose á la pareja, dijo: -Soy un diputado de la nación, y teclamo el auxilie de la autolidad. Mi esposa toma en este momento un solbete, ó lo que sea, en el café de Pombo. Quieto llevaf testigos pala que den testimonio de su falta. Los guardias se miraron con extrañeza; después dijo uno de ellos; -Esas no son cosas propias de nuestro enstiiuto. ¿Cómo que no? Ustedes tienen el debel de auxüial á un diputado a Cotíes que se ve atacado en lo que más estima: ¡la honla Y antes de que tuyieran tiempo de replicar, Pellejín cogió de un brazo á un sereno 4 el gas que por aljí pasaba y le dijo: -Venga usted con nosotlos. ¿A dónde? -A sel testigo de una infamia. A todo esto la gente comenzó á reunirse frente á Pombo, y dieron prinpipio los comentarios. ¿Qué es? -preguntaba uno. -Un señorito que se ha vuelto loco. -No; parece que es cosa de faldas. ¡Pobre! Parece un pájaro frito. Entretanto Pellejín, seguido de la pareja y ei serenp, había penetrado en el café. La esposa y el acompañante, éste de espaldas á la puerta, conversaban amorosamente, al parecer. ¡Alto á) a autolidad! -gritó Pelleji n, presentándose de pronto. ¡Infiel, peljula! ¿qué hace usted aquí? La esposa del diputado manifestóse sorprendida a) principio; después y al darse cuenta de la situación, no pudo menos de solfír la carcajada. En aquel momento su acompañante volvía la cabeza, y al verle exclamó Pellejín con desaliento: ¡Calumba ¡Mi papá políticp! ¡Y yo que le había tomado poí un amante! Luis TABQADA BURLA BURLANDO IJésame sincero. -Créame, señora, que he sentido muy de vera ja muerte de su esposo. Todas las mañanas venía á saber como seguía, y este paseo matinal me sentaba muy bien. 1 os exámenes: Juanito, estudiante muy poco aplicado, telegrafió ayer á sus padres Examen magnífico; profesores entusiasmados, desean volver á oírme en Septiembre. ntre señora y criada. -Julia, se acabaron los chicoleos y las bromitas con el panadero; mañana le tomaré yo el pan. -No sacará usted nada, señorita, porque no le gustan las rubias. E