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Pág. 6 A propósito del Centenario del Quijote ABC guidas remembranzas de olores lejanos, apagados colores de reliquias de rosas, algo que ni huele ni sabe en realidad. El joven Pérez deAyala, que además de ser poeta es un chico muy listo (conozco varios excelentes poetas que son muy brutos) parece decidido á que no se le quede nada en el cuerpo y madruga lo que puede. Así son los versos de La paz del sendero, versos de amanecer que quizás no llegue á mediodía, pues Pérez de Ayala tiene demasiado talento para quedarse en mero poeta lírico. Son, pues, versos jóvenes, frescos, de buena fe. Aunque al autor le gusta el campo, no es tan Campesino que posea la virtud de cantar bien al amanecer, envidiable cualidad que sólo poseen los pastores y los que van á la saca de gavillas en verano. También Gayarre había sido pastor, pero desde que se hizo ciudadano y tuvo millones, cuando mejor cantaba era por la noche. En el Retiro y en el Botánico hay ruiseñores, mas para buscar alondras hace falta irse fuera de puertas, al extrarradio, por lo menos. Núm. 118 E COS DE LA CARRERA RÓNIMO DE SAN JE- -Los crímenes pasionales y con música, porque muchos de ellos se desarrollan á los acordes de los organillos, han puesto de moda las anécdotas de los abogados juradistas. ¿Me va usted á contar muchas? -No, señor, una sola, y para eso norteamericana. En Chicago se siguió causa por estafa á cierto individuo, y el abogado, que quería sacarlo adelante como demente, le dijo: A cuanto á usted le pregunten, contesta usted invariablemente, Espum. L egó el día de la vista, y cuando el presidente preguntó al acusado ¿Cómo se llama usted? contestó: Espum. ¿Estuvo usted tal día de tal mes en tal despacho? -Espum. -Acusado: está usted agravando su causa con esas excentricidades. -Espum. -Si sigue usted por ese camino, tendré qu; hacerlo retirar de la Sala y volverlo al calabozo. -Espum. ¿Se está usted burlando de mí? Ujieres, retirad? acusado. -Espum. Pasaron dos meses: el reo obtuvo un veredicto de inculpabilidad, por loco. El abogado fue á felicitarle y á cobrar su cuenta, y su cliente le contestó con la mayor tranquilidad: -Espum. D o r fin veraneáis? -Si: entre las de Pampliega y nosotras, hemos tomado tres habitaciones en casa del sepulturero de Grijalba: en dos, duermen las cuatro chicas; en la otra, nosotras, y de la tercera hacemos sala y comedor. -Pues vais á pasar un verano delicioso, sobre todo si el sepulturero vive en el cementerio. -No, hija, que vive en la plaza del pueblo; él se pasa todo el día ventilándose en el camposanto, y su hija dice la buenaventura y además vende cajas de polvos para matar insectos. -Siempre es una compensación. (Rigurosamente histórico, aunque no lo parezca. ié hay de política? -De política, nada; los tiempos de la política han concluido. ¿Qué me cuenta usted? -Lo que usted oye: la protesta de la razón humana principió en la religión con la reforma, y el mundo se apasionó de las cuestiones religiosas y guerreó por ellas; pasó de la religión á la filosofía, y por espacio de siglos se vivió luchando por los tiquis- miquis de psicología; de la filosofía se pasó á la política, y llevamos ciento y pico de años tratando de afirmar la libertad en los Códigos; de aquí que el socialismo... -Compañero, vaya usted á la Junta de Reformas sociales: no es ésta conversación para la Carrera. f) e r o qué es lo que ha sucedido en casa de Cordero? -Pues verá usted. Cordero, que nunca va á su casa hasta las seis, fue ayer á las cuatro, sorprendiendo á su mujer, que no le esperaba, y al entrar en su comedor vio á su niño aterrado que, señalándole debajo del sofá, le decía: Papá, coco, coco. El buen Cordero vio debajo del sofá á su amigo Aspitarte, y rogándole que saliera, le dijo: Hombre, usted venga aquí siempre que quiera, pero no me asuste usted á los niños. JUAN Hay, pues, a l g u n o s cantos de Pérez de Ayala que son para leídos por la mañana, en el campo, ante; del chocolate, con la indulgencia propia del que ha dormido bien y comienza una jornada que podrá ser dichosa. Hay, en cambio, otros que pueden ser leídos á todas horas con gusto. Los hay, en fin, que resisten imperturbables á la terrible y cejijunta lectura del periodista ó crítico obligaf do á recurrir á la poesía CUEVA DONDE, SEGÚN SE CREE, HALLO REFUGIO CERVANTES CUANDO ESTUVO EN ARGEL. y al trional conjuntamente ¡A lAPIDA DEL EXTERIOR LA COLOCARON LOS JEFES Y OFICIALES DE LA ESCUADRA ESPAÑOLA para combatir el insomQUE ESTUVO EN ARGEL EL AÑO 1 8 8 7 EL BUSTO DEL INTERIOR DATA DE 1 8 0 4 nio. Fot. Gómez No son versos para jeídos con solemnidad, facando Jos puños y deslizando napoleónicamente la mano derecha bajo el chaleco blanco, de frac. No A PAZ DEL SENDERO, POR RAMÓN PÉREZ es poeta de frac Pérez de Ayala, y este elogio es grande: él DE AYALA. MADRID, FE, 1904. UN VOLUMEN lo sabe muy bien. En otra parte creo haber dicho que tal vez ni siquiera sea poeta, sino sencillamente un hombre que EN 8. DE 153 PAGINAS, TRES PESETAS. dice cosas poéticas y que huelen, saben y suenan á poesía. Los que tenéis vagar y posibles para cultivar las gratas Yo, de lo que respondo es de que algunos pasajes de Ta melancolías solariegas ó familiares; los que podéis gozar la dicha de volver á la casa de campo amada, la suma felicidad paz del sendero me han conmovido de veras, porque también tuve parra que me diera sombra, negros álamos que me tende contemplar otra vez los viejos árboles que os aguardan con sus brazos de follaje paternalmente abiertos; los que dieran su áspero ramaje, viejas butacas halagadoras para el sesteo y una recia cachava para pasear senderos y veredas: tornáis á oir la voz amiga del agua que os arrulló cuando niy duro es perder las ilusiones, pero aún es más acedo perder ños... vosotros, seres venturosos, no dejéis de comprar este las ilusiones y las realidades. libro de paz campesina, en el cual su autor recoge esas imPor eso recomiendo el libro de Pérez de Ayala á quienes presiones de la vuelta al campo, en la más oportuna sazón conserven algún cobijo, á quienes tengan algún sitio á donde para recogerlas, la primera vez que se le han ofrecido. ¡Oh, volver: no á los críticos, que suelen vivir de huéspedes etersi pudiéramos escribir en verso ó en prosa siempre nuestraj namente y por eso están de tan mal humor. L BIBLIOGRAFÍA F. N. L. VALERO DE TORNOS LOS MINISTROS DEL SULTÁN EN TÁNGER RAMÓN PÉREZ DE AYALA primeras imp esiones, qué bueno y qué verdadero seríalo que escribiésemos! Por desgracia, la mayoría de las veces andamos exhumando recuerdos de añejas sensaciones: no recogemos el más grato perfume de la rosa, el que tiene cuando comienza á marchitarse; hay quien vive, como la beldad campoamorina, del olor de una rosa disecada; hay quien ni siquiera tiene esta precaución y pone en lo que escribe extin- LAS TROPAS REGULARES DEL SULTÁN ESPERANDO FORMADAS LA LLEGADA DEL MINISTRO DE LA GUERRA S D HADGE MEHEDI MENEBH 1 Fot. Cartoy SID BERNIS, MINISTRO DE NEGOCIOS EXTRANJEROS, MENEBHI, MINISTRO DE LA GUERRA SID ADGE HAMED SONCS, ENTRANDO EN TÁNGER