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Núm. 113 ABC Pág. 3 NAUFRAGIO DEL VAPOR INGLÉS HQRATJO EN AGUAS DE SITUACIÓN DEL H 0 RAT 1O) VISTO Á DISTANCIA LA PARTE DE POPA DEL HORATIO VISTA DESDE DENTRO LA PARTB PE PROA DEL BARCO VISTA DESDE LA PARTE DE POPA rois i cns dente del Congreso citó á su despacho á varios jefes de las oposiciones para acordar con ellos el 1 e llamo vicio y no epidemia (que de tal podría medio de acortar en lo posible las discusiones polí calificarse) por no alarmar al lector, alarmado ticas promovidas por alusiones, proposiciones inya con la del tifus exantemático, Quédese, pues, cidentales, etc. etc. porque se pierde un tiempor ahora, la oratoria reinante con el modesto po precioso Tiene más razón que un santo el nombre de vicio, que después de todo no deja de Sr. Romero Robledo; pero... ¿qué diría dicho secuadrarle á maravilla. ñor si ahora tuviera que sufrir desde la presidenA ese vicio nacional, y relacionándose estrecha- cia un discurso de SIETE HORAS, como el que promente con él, se une otro también clásico en esta nunció en una célebre sesión parlamentaria el faclásica tierra española: el procedimiento oficinesco. moso Pollo antequerano sobre un tema baldío y El expediente, el trámite y el afán inmoderado sólo para ganar tiempo? Diría seguramente que de discutir latamente, todo ello con lentitud de una cosa es predicar y otra dar trigo. tortuga, son los males de origen que informan y Nadie con tanta razón como el Sr. Romero hacen patente la enorme deficiencia de nuestra Robledo podría decir ahora con el poeta: organización político- administrativa. Ya me comen, ya me comen En todo asunto á resolver se empieza por nompor do más pecado había. brar una comisión é incoar un expediente, aun FRANCISCO FLORES GARCÍA tratándose de cosa clarísima y comprensible al primer golpe de vista. Después, cuando Dios COS DE LA CARRERA DE SAN JEquiere, viene la discusión del dictamen, amplia y RÓNIMO detenida, y se resuelve, si llega á resolverse, tar- -Mire usted qué espectáculo. ¿No es una vergüenza de y mal. Es la historia de siempre. que esto se permita en la capital de España? Los oradores abundantes, que crecen como la- ¡Calle usted, por Dios! Estas juergas, en que unos mala hierba, constituyen la peor de nuestras cala- cuantos chulos ordenan al cochero un alto en cada tabermidades. Años há se circunscribía el vicio de la na para echar unas copas, son extraordinariamente reoratoria al recinto de las Cortes y á la cátedra del pugnantes. -Mire, mire cómo se tambalean borrachos, mientras Ateneo. Hoy el vicio se ha extendido á todas las ramas de la Administración, y los oradores profu- cantan estúpidamente aires chulescos. EL VICIO DE LA ORATORIA j p s usted un inconveniente. -Pero, Marquesa... -Nada, nada; un inconveniente, sí, señor. Galantearme tan indiscreta y tercamente como usted lo viene haciendo, es una grosería; más aún, es incalificable. -Perdón, Marquesa. -Está usted avisando á mi marido: sabe que no se aparta de mí un momento, y usted parece no querer comprenderlo. ¿Es delicado para una señora tan digna como yo? Por Dios, Enrique! ¡Espere usted siquiera un viaje del Marqués! donde vas tan de prisa? -A ver á Carolina: estoy citado con ella para salir juntos, y me he retrasado un poco. ¿Y Dolores, tu mujer, qué dice á eso? -Debes figurarte que na sabe una palabra. ¡Aventurólas! ¡Pero, hombre, á los catorce años de matrimonio! -Precisamente. Es el único medio para ser feliz, después de tantos años de casado. no ha saludado usted á Bermúdez, coronel? ¿Es tan ustedes reñidos? -Casi, casi; sí, señor. 1- ¡Hombrel ¿Y eso? -Una gran impertinencia de Bermúdez. ¿Pues cómo? -Verá usted. Estábamos en una comida de toda gala, en la que nos sirvieron una fuente de pescado con verdura alrededor. Empecé á servil me de aquello, me serví también una buena ración de verdura, y Bermúdez, conteniendo la risa, me elijo Advierto á usted que lo que se esta sirviendo es musgo Algunos se rieron disimuladamente, y yo ¡es claro! me puse hecho una furia. ¡Ponerme á mí en ridículo! ¡Si pensará ese bárbaro de Bermúdez que no he comido musgo en mi vida! JUAN VALERO E sos, prolijos y abundantes, después de ensayarse en los mitins y en las veladas literarias, los que no pueden ir á las Cortes, tecaían á las Diputaciones y á los Ayuntamientos, dedicándose á la tarea de oerder el tiempo con la mayor elocuencia posible. Todo el mundo conviene en que haj; que ataar esa pe fida corriente. No hace mucho el Presi- -Cuando veo una mañuela de éstas, rebosante de juerguistas que cantan y palmotean y gritan, jaleándose ellos mismos, y se encaran con necio ademan de desafío y ofenden con rufianescas alusiones á todo el que los mira, ¿sabe usted quién me parece más digno, mas pundonoroso, mas inteligente y más honrado, entre todos los del grupo? ¿El cochero? -No, señor: el caballo. DE TORNOS LA FIESTA DE LAS FLORKS EN PARÍS e i COCHE ELÉCTRICO DE MADAME DONGERE, DEL TEATRO P R E M I O DE H O N O R DEL ATENEO. -A BELLA CHIQUITA, TAN CONOCIDA EN MADRID, CONCURRENTE A LA FIESTA DZ LAS I 1 OlS. Kol llLSCa et Compaíiía EN SU CARRUAJE ADORNADO