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B AÑO DOS. NUMERO 113. CRÓNICA SEMANAL ILUSTRADA. S ¿MADRID, 16 DE JUNIO DE 1904. NÚMERO SUELTO, 1 0 SSÍ. n l S i i 4 J i DESTACAMENTO JAPONES TOMANDO UNA POSICIÓN RUSA EN LOS D E S F I L A D E R O S DE T I L A Y I L E M SOBRE EL CAMINO DE TA 1 YANG (Dibujo de Estevan, según un apunte del natural enviado por M Hayachi) 1 A GUERRA RUSO- contienda entre Rusia y 1 AP 0 NESA Japón continua cada vez mas empeñada y cada vez más favorable á los nipones, según los informes que se reciben del teatro de la guerra. La toma de Puerto Arturo, que los japoneses qu eren realizar, sera, según opinión muy generalizada, el principio del fin de la guerra, como lo fue cuando lucharon China y Japón. Pronto hemos de verlo, porque en Puerto Arturo ha de alcanzar el Imperio del Mikado su más gloriosa victoria ó su mas trascendental derrota. E NTRE SEMANA. DIÁLOGOS CONYUGALES -Nada, que el Gobierno desea que nos larguemos cuanto antes de Madrid. Vaya una ocurrencia! privarnos de los Jardines, del único sitio agradable desde que se cierran los teatros hasta que se cierran las maletas! -Tienes razón: es un crimen. -Y luego, la Higiene manda... -Deja en paz á tan respetable señora. Los madrileños apenas la saludamos. -Pero ¿me negarás que los Jardines son el pulmón de Madrid? -Me parecen un pulmón muy chico para una capital tan grande. Ademas, en Madrid nadie sabe si tiene pulmones (y el tenerlos ó no, le importa un rábano) hasta que coge una pulmonía. ¿Dónde se puede respirar con amplitud aire puro y oxigenado? ¿En la Moncloa, en la Casa de Campo Pues bien, ningún madrileño frecuenta tan hermosísimos paseos si no se le muere previamente alguien de la familia. Todas y todos vais y varaos como en formación de colegio á pasear por la Castellana, que es precisamente el paseo menos higiénico de Madrid. Los madrileños, con tal de verse y comentarse, pasearían debajo de una campana pneumática. -Bueno, no lo negare; eso de pasear por pasear es terriblemente soso, y ya que se puede cumplir con la higiene y ver los trajes y aun los líos de las amigas, no se por que hemos de privarnos de ello. -Lejos de mí tal idea: yo soy un partidario decidido de los Jardines, pero no porque en ellos se respire, sino porque en ellos Madrid es Madrid. Me explicaré. En nuestra capital, como en todas, hay elementos sociales separados únicamente por una vaga línea. La aristocracia con dinero, la clase media poderosa y la que no lo es tanto, viven una vida casi común, se conocen, se envidian, se comentan y á veces se casan y confunden. Durante el invierno asisten las mismas noches á los mismos teatros, aunque cuatro señoras pseudo- aristocraticas tuerzan el gesto y hagan mohines de disgusto; una vez cerrados los teatros, se encuentran todas las tardes en el Retiro y en la Castellana, pero ya ahora más distantes, porque las separa el coche; los que pasean á pie y los que pasean en carruaje se ven á larga distancia ¡terrible caso! y por eso inventaron la vueltecita final por la Carrera de San Jerónimo, para atrepellarse viéndose. Ahora bien; la pista de los Jardines reúne á los que el tronco de caballos había separado, y sobre la arena del pa- seo sienten los madrileños la intensa alegría que habrán de sentir las gotas de agua de una nube que la lluvia espació, al volverse á encontrar en el mismo cauce de un arroyo. Este íntimo contacto, esta feliz y estrecha unión antes de que los viajes veraniegos disasocien de nuevo á los madrileños, tiene para nosotros el encanto que halla el buen fumador en apurar la colilla de sabroso cigarro habano. jLa pechugutta, como dicen esos avaros del viciol ¡Y todo por una peseta! No te rías: esa peseta es el gran aglutinante. El presupuesto de las diversiones de invierno se liquidó con déficit; el de verano amenaza con terrible capítulo de gastos, y lo mismo á las amigas de Monte- Cristo que a aquéllas cuyos nombres no le suenan, les parece la modesta pesetita un encantador alivio, un paso muy dulce entre dos presupuestos ó entre dos conflictos- -Pero entonces tiene razón el Sr. Maura. Lo mismo podrían reunirse por las noches los madrileños en un cuartel del Retiro convenientemente cercado. ¡En el Retiro! ¡Horror! El Retiro es para los madrileños como paseo lo que el teatro de la Princesa como teatro. ¿Quién va al Retiro y de noche? Nada de alejarnos de la Cibeles. La peseta, la pista y la Cibeles, ó no pasea Madrid nocturnamente. Llévese, pues, el Gobierno la casa de Correos hacia otro sitio y deje á los Jardines como están. Después de todo, algo de correos hay en ellos, porque allí nacen y allí se acusa el recibo con los ojos, y allí se esboza la contestación de casi todas las cartas del interior. ¡No suprimamos los Jardines, n matemos la Renta! JOSÉ DE ROURE