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Pág. 6 ABC Num. 112 EL NUEVO SERVICIO MUNICIPAL DE DESINFECCIÓN EN MADRID i y. ¿r. i COCHE SISTr. MA I.O HNEIi PARA LLEVAR CUATRO ENFERMOS EN CAMILLA LA BRIGADA DE DES 1 NFECTORE 5 DESFILANDO POR LA PLAZA DE LA VILLA V IÑETAS MADRILEÑAS. DOBLES REJAS Me iie detenido muchas veces, al pasar por un sinnúmero de calles madrileñas, á observar escenas que no llaman la atención de las gentes, que, atosigadas por los afanes del vivir, más piensan en los propios cuidados que en las ajenas venturas y desventuras. Lo trivial no puede detener el paso de las multitudes. No obstante, en hechos vulgares ¡cuánta historia viva y emocionante se encierra! Siempre me llamaron la atención esas rejas bajas, á ras del suelo, que en muchas casas exhiben sus hierros cruzados, tentasido la curiosidad á investigar qué existencia misteriosa ocultan más allá de ellos. De vez en cuando, por la reja sale afuera, denunciando la vida interior, un cantar de pena ó tina copla de amor. La voz femenina, que vibra al cantar, revela indiscretamente toda una historia que se adivina. ¿Cómo? Un fado, una jota, una praviana, un liento salen á la calle á decirnos la región donde naciera y viviera la ignorada cantadora. Y la letra de la copla responde, sin duda, al estado de su espíritu. Habla de amores, de celos, de engaños, de perdones, de esperanzas. No hay sentimiento en el corazón que no encuentre una expresión en los cantares. Sin sorpecharlo, ¡se vuelcan tantas almas en ellos! Por esas rejas nunca pasa el sol. Los seres que tras ellas viven, conteníanse con verlo clarear en las calles y desde dentro escuchan el sordo rumor de las gentes que desfilan. Por lo general, esas viviendas soterradas que reciben luz por las rejas á ras de las aceras, son cocinas de casas grandes. Respiran por entre los hierros los hornos, y su calor desvía, azotándoles los rostros, en su ruta á los transeúntes. Un vaho de fritangas sale también fuera, repulsivo y tenaz. Ese olor asquea á los ahitos. En cambio, he visto viejos mendigos sentados en tierra cabe la reja, como en descanso, cual si durmieran á la sombra de la pared en los días de sol y al abrigo del alto tejado en las horas de nieve, inmóviles, cerrados los ojos, en un reposo de éxtasis. Mata el frío de los huesos, durante el invierno, el dulce calor que sube desde los hornillos interiores. Y en verano, cuando los fuegos se han apagado, de dentro, de los sótanos bajo tierra, sube también un fresco incomparable. A más, la ilusión de yantar á manteles manjares exquisitos, cuando los olores incitan, aturden y marean, hace felices á muchos desgraciados siquiera un momento. Pegados á esas rejas se ven ojos codiciosos, rebrillantes por la gula ó por la envidia, de espías que se encolerizan. Caras escuálidas por el ayuno, como de santos viejos dond las privaciones han d jado surcos y arrugas, se acercan á ellas también y miran adentro, con expresión estúpida, como filosofando sobre la inconstancia de la suerte, el rigor de lo imposible y la vanidad de todas las humanas resoluciones, casi siempre irrealizables. No pensarán esto, seguramente, pero la tosca idea que rebulla en sus cerebras no dejará de ir, peor vestida, por estos caminos. A veces, es legión de mendigos la que acampa junto á esas rejas. Todos los tipos de la patología social se pueden observar en hilera. ¿Qué esperan allí? Nada Mas ¿quién les va á privar de creerse grandes á las puertas de los grandes? Y en el corro, la queja de la miseria corre de boca en boca, como si la desgarrara más y mis el hálito de hartura y de bienestar que de dentro sale en son de mofa y de escarnio. Pero á esa queja de afuera, alguna vez sale á hacer! compañía la queja de la moza que dentro, sin darse cuenta de sus añoranzas amorosas, canta, ó tal vez, al recuerdo de la distante aldea perdida y del cariño de los suyos, allí, en silencio, dejando libres las lágrimas, llora. ¡Se oyen tantas cosas á través de esas rejas! He visto tantos casos idénticos, que estoy por asegurar que la historia es corriente. Tiene su carácter novelesco y su fondo sentimental y efusivo. No me refiero á los diálogos de novios entre los hierros. En cada reja puede decirse que cada día hay uno. No aludo á ellos. Mi caso es otro. Al pasar, muchas veces me ha sorprendido ver, pegada á la reja, una cara de muchacho, mirando al interior. ¿Husmea? Puede. En más de una ocasión así será. Mas he visto detrás de, la reja otra cara de mujer. Y observando, he visto salir por entré los hierros una mano que acariciaba el rostro del chiquillo. Y he visto también el regalo que esa misma mano dejaba en los bolsillos del chaquetón que mal cubrían las carnes del mísero golfo callejero. Toda la ternura de las palabras, la suavidad en las caricias, la pródiga solicitud en el regalo, y aquel ahinco de los ojos en buscar los ojos infantiles, y aquel inútil esfuerzo de la boca en acercarse á la reja, denunciábanme el cariño de madre, esclava del servicio, que tiene que dejar en la calle, corriendo el azar de la suerte, al hijo que en la casa grande no puede entrar, cuya existencia se niega y que solamente es dado abrazar en las horas libres del domingo. En esos instantes, esas rejas me han sido odiosas. ¡Cierran el paso á los besos! ÁNGEL GUERRA Ahora veamos cuáles fueron los resultados prácticos del Congreso. En primer lugar, se acordó que en los bailes de sociedad se suprima en absoluto la previa presentación del caballero á la dama que pretenda sacar á bailar, cuando no la conoce. El bostón fue duramente calificado. Se le llamó baile de locos baile de epilépticos etc. etcétera, y se decidió que desde este momento histórico quede desterrado de los salones, lo mismo que el infernal cake- walk, que fue también excomulgado. Los poco graciosos, antielegantes y ridículos saltos adoptados por el snobismo, quedan suprimidos, y se vuelve á las danzas armoniosas y bellas de nuestros padres. El próximo invierno- -si respetan ustedes las decisiones del Congreso, -sólo deben bailar la gavota, el minué y la pavana... Habrá novedades. Los profesores de baile van á lanzar el berline Guillaume 77, que es una fusión de la pavana, y el berline y el lu inskoff, una danza rusa llamada á hacer furor. Sin embargo, se cree que el baile chic por excelencia será la danza T éjane, presentada á la aprobación del Congreso por un eminentísimo danzante... Así, ya lo sabéis. Ahora, á buscarse un buen profesor y á bailar mucho y bien... Varis, Mayo de 1904. E. MORA LOS BAILES DE MODA jpTn Berlín se ha celebrado el cuarto Congreso internacional de la danza. Desde la Exposición de 1900, en que se celebró en París el primero de estos Congresos, todos los años, sin interrupción, h a n continuado reuniéndose los profesores de baile para resolver los más graves problemas del arte coreográfico. Por frivolo que os parezca el asunto, sabed que todos los países del mundo han estado representados. Y el mismísimo emperador Guillermo, que es un devoto de Terpsícore, no se ha. desdeñado en aceptar la presidencia de honor de los congresistas. Trescientos delegados d e nacionalidades las más opuestas ejecutaron, por turno, pasos antiguos ó inéditos, discutieron con ardor y convicción, y con solemne gravedad tomaron los más trascendentales acuerdos. Allí se vio fraternizar á los ingleses con los turcos, á los austríacos con los rusos, á los alemanes con los franceses y á los yanquis con los españoles. ¿Qué nos importan las guerras- -dijo el presidente de la Jlcademia internacional de los maestros de baile, -ni las catástrofes, ni los conflictos diplomáticos, ni tantos otros asuntos como preocupan al resto de los mortales? Nada... Para nosotros la cuestión principal es que se salven los principios. Que las graciosas reverencias, las vueltas rápidas, ¡os voluptuosos y rítmicos movimientos se ejecuten con maestría, y que el arte conserve toda su pureza. A esa delicada misión debemos de consagrar nuestros esfuerzos. ESCÁNDALOS M ADRILEÑERÍAS. DE TOROS EN LA PLAZA El que se originó en la Plaza de Toros el jueves pasado, fue monumental. No diré que estuvo justificado, porque los excesos no pueden justificarse; pero que fue disculpable, lo digo y lo sostengo. Ni ganaderos, ni empresarios, ni toreros pueden responder de que un toro, al parecer toro, sea buey desde que pisa la arena de la Plaza; pero de que un toro tenga la edad exigida para la lidia, de eso sí pueden y deben responder ganaderos y empresarios, los primeros porque lo saben, y los segundos porque no son engañados si no quieren dejarse engañar. El pú iico de Madrid venía dando pruebas en la presente temporada de una paciencia inmensa, pero se le acabó c e día, y á falta de energía en la presidencia, la ao. ¿ró él interrumpiendo el espectáculo y obligando al presidente á hacer lo que éste debió ordenar para evitar el conflicto. ¿Se vulneraron los cánones taurómacos? ¿Se atropello el reglamento? No lo sé; pero se evitó el desorden, y le evitó el mismo público que le provocó, haciéndose justicia. Del mismo modo pudo evitarle la presidencia haciendo por previsión lo que luego sancionó por miedo. Lo malo de todo ello es que la gente exaltada aprendió el camino del ruedo para otra vez, si es que no aprendió otro también muy peligroso, porque al iniciarse el segundo escándalo con la presencia de otro toro malo, el grito no era ya el de ¡abajo! sino el de ¡arriba! Parece que ha sido multado el ganadero. Bien hecho: pero diga éste en su descargo qué toros le pidió la empresa, de qué edad, de qué precio, para saber quién es el verdadero culpable. No sé por qué razón las corridas de toros han de ser presididas por concejales. En algunas Plazas, fuera de Madrid, esa costumbre ha quedado abolida. E l cargo de