Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Núm. 112 A B LA MARCHA MILITAR EN PARÍS Pág. 3 LOS SOLDADOS QUE TOMARON PARTE EN LA MARCHA ORGANIZADA POR LE MAT 1 N Y QUE TUVO TAN DESASTROSAS- CONSECUENCIAS, DESFILANDO POR LA PLAZA DE LA CONCORDIA DE PARÍS Fot. Chusseau Flavious el tráfico mercantil, y que muchos, muchos de los cuadros colgador en la Exposición claman, antes que por as Exposiciones bienales de Bellas Artes tienen la una medallita, por un comprador. rara virtud de enardecer los ánimos, de encrespar ¿Sería gran imprudencia fijar al pie de cada obra un las pasiones, de sugerir fáciles temas de porfiada cha- precio? Tengo por seguro que se vendería más. Pero si chara, y ísun de abarrotar columnas enteras de ¡a Prensa hay desvergüenza en pregonar de este modo el valor de diaria; todo, ni más ni menos que la corrida de toros, una obra, ¿no podría confiarse al Catálogo oficial tan sala sesión de Cortes ó el crimen del día. Eso vamos ga- ludable indicación? ¿No sería para muchos un anzuelo tennando. Cualquiera que atisbase la sociedad madrileña en tador? Porque en la psicología mercantil entra como los primeros días de bienal, no dejaría de engañarse un elemento capital el hervor, el entusiasmo, hasta el capripoco si creyese q. ue era cosa de mucho fondo lodo el cho pueril del primer momento. Si este hervor se pierde tole- tole artístico. Repito que eso vamos ganando; pero y el entusiasmo se enfría, estamos perdidos. nos conviene no exagerar la ganancia y deducir de una Y si el Catálogo, por ser cosa revestida de austero caefervescencia un estado normal. Esto de la ganancia, que rácter oficial, no está bien que descienda á las minucias se lo pregunte el que quiera á los pintores mismos, y aun de la vida, ¿no podrían los artistas hacer por su cuenta sin pregunta, con una pasada rápida y volandera por la y riesgo una tabla suplementaria, en la cual apareciese Exposición; mármoles y lienzos nos lo van diciendo: son al lado del número d catalogación de cada obra! a cantipocos, muy pocos los que pueden ufanarse con la cartelita dad en que cada artista la valoraba? gris del Adquirido. Lo de siempre: mucha contienda palaTemo yo, sin embargo, que sean los artistas mismos brera, mucha conversación y muy poco dinero ó muy poco garbo para liberalidades artísticas. En la misma ve- los que más repugnen esta honrada y cómoda solución, cindad del palacio del Hipódromo, en el Hipódromo mis- porque sospecho que son los artistas mismos los más enmo y en una sola tarde se malbarata más. Nuestras cla- carnizados y fieros defensores de la añeja divisa del arte ses pudientes, así las aristocráticas como las arjirocráti- por el arte, aunque se roan los codos por faita de cosa cas, en calidad de mecenas quedan mal. Se apunta por un más sustanciosa que unas hojas de laurel. penco lo que no por un cuadro; y menos mal si no se FRANCISCO ACEBAL malvende un cuadro para comprar un penco, que de todo se ofrecen casos en esta viña del Señor- Y cuéntese que en esto de comprar cuadros en una Exposición, debiera entrar por mucho el acicate de la mundana vanidad, ese estímulo que nos impele con su duro aguijón á hacer muchas cosas que ninguna gana tenemos de ha- l ay en estos momentos en el seno de muchas famüias terribles disgustos por los exámenes; en Madrid se cer; por ejemplo: abonarnos á un teatro cuando no estamos en humor de fiesta, costear solemne función á un han inaugurado con el suicidio de un niño que no pudo santo al que no tenemos la mayor devoción. El que en el sobrevivir á la vergüenza de haber salido mal, ó al temor Hipódromo compra un cuadro ó un mármol, tiene luci- del disgusto que proporcionaba á su familia. ¡El examen! ¡las notas! ¿Cuándo saldremos de estas miento para un mes. antiguallas? ¿Cuándo será verdad la enseñanza y abandoY, sin embargo, se compra poco; corren allí más las naremos esos ridículos convencionalismos que amargan medallas que las monedas, y una vez más nes ocurre los primeros años de la existencia de los jóvenes y son causa en muchas ocasiones de que el hombre tome hoque, sin quererlo, sin quererlo, eso sí, nos desvanece la coronita de laurel, tener bien cubierta la cabeza antes de rror al estudio y odio á la ciencia? tener bien cubierto el riñon; nuestro rancio ideal del Casi todo el mundo está convencido de la inutilidad Arte y la Literatura, de bracero con la pobretería y la de los exámenes, y sin embargo nadie se atreve á quimendiguez. tarlos; muchos doctos catedráticos han demostrado su En bien del arte mismo conviene reforzar algo su lado ineficacia para el fin que les dio vida, y la rutina ha industrial, y en las bienales pienso yo que podría hacerse llegado á sustituir á la razón en nuestra alma con tanta en pro de ello útil labor. Oímos decir muchas veces en fuerza, que si un ministro atentara contra esas llamadas aquellas salas: me llevaría yo á mi casa este cuadrito, pruebas de suficiencia, protestarían profesores, familias este barro, este pastel y muchas veces también al que y hasta los mismos alumnos. tal dice le preguntaría yo: ¿y por qué no se lo lleva El examen es la consecuencia fatal de nuestra manera usted? Porque observo que nos amedrenta y nos encoge de enseñar. con miedo algo supersticioso el precio de una obra de En España no hay enseñanza práctica, ni se explica arte, y pensamos que las fabulosas cifras que juegan en nada por punto general. Con muy contadas excepciones, el comercio attístico internacional son tarifa corriente y desde la escuela hasta la Universidad, se toma la lección, moliente de nuestros pintores. Ni á preguntar nos atre- sistema implantado por el antiguo dómine, y para el cual vemos; y si nos atreviéramos, no sabríamos á quién pre- sobran catedráticos y maestros, porque cualquiera que guntar, porque es verdad que el catálogo nos indica el sepa leer puede desempeñar el oficio de señalar todos los domicilio del pintor, discreta indicación; pero es verdad días unos cuantos párrafos en un texto para que á las también que nadie se arriesga á subir á un taller para veinticuatro horas se los tenga aprendidos el alumno, más preguntar como ante un mostrador: ¿en cuánto me de- ó menos, al pie de la letra. jaría usted el lienzo tal ó el grupo cuál? No queremos Gracias á esto puede suceder, y sucede con frecuenconvencernos de que el arte debe entrar sin sonrojo en cia, el caso siguiente: Se somete una consulta práctica SERMÓN PERDIDO de cualquier asignatura á un alumno que haya obtenido la nota de sobresaliente y á otro que haya sido suspendido y reprobado, y lo más frecuente es que ni tino ni Otro sepan contestar una palabra; y en algunas ocasiones puede suceder que el declarado inepto por el tribunal sepa más que el agraciado con brillantes notas. El ¡lustre Benot ha pintado bien lo que son los exámenes en un curioso libro, y yo creo hacer una obra buena vulgarizando el ejemplo. Un individuo entra en s, u casa de, usted, lector querido, y cuenta el número de las sillas que posee; cosa que á usted no se le habrá ocurrido jamás. Bueno; pues llega un examinador y le pregunta á usted: ¿cuántas sillas hay en las habitaciones de su domicilio? usted no sabe qué contestar, ó contesta. aproximadamente y se equivoca. Se lo pregunta al que las ha contado, y contesta como un papagayo y con toda exactitud. Resultado: que en esa asignatura usted queda reprobado, y el otro sale sobresaliente. Pero ahora vamos al easo práctico; usted necesita en su casa una silla determinada para un objeto especial, una silla de tal altura, de tal eolór y de tal comodidad, y va usted derechito á la habitación en que se encuentra y la aplica en eJ acto á la necesidad exigida. El sobresaliente no sabe eso, como es natural; sabe el número, cosa que no hace falta para nada absolutamente en la vida; pero no le podrá enseñar á usted dónde tiene esos muebles y cómo es cada uno. Alguien creerá que este vulgar ejemplo es muy exagerado; yo lo encuentro exactísimo; el sistema de enseñanza con su consecuencia natura? el examen artificioso, están perfectamente pintados por Benot. Con igual maestría lo describió un autor francés pintando a! alumno como un viajero que camina durante todo eí curso penosamente en dirección al examen, recogiendo una serie de datos que cada vez le abruman más con su peso, hasta que llega jadeante ante el tribunal y suelta el pesado fardo de su falsa ciencia, para no volver á recoger en su vida ninguno de los elementos que componían la carga y que tan malos ratos le han dado. El que crea que en todo esto hay hipérbole, puede repasar nuestros libros de texto y por. ahí deducirá si hay ó no verdad en las anteriores opiniones. En un Instituto de Madrid se pregunta en el correspondiente texto: ¿Son muy grandes las estrellas? ¿Qué hay que contestar á esto para ser sobresaliente? ¿A quién se reprobará por lo que responda? Pues como este botón de muestra hay en la enseñanza en España muchísimas gruesas: los infelices niños pierden el tiempo y la inteligencia sometidos á un procedimiento bárbaro de instrucción. Unos se amoldan fácilmente á la rutina y adquieren la exterioridad de una ciencia; otros cobran horror al estudio y á los libros. El cuadro se completa con la ignorancia y estupidez de muchos padres que castigan severamente á sus hijos si no sacan buenas notas, ó con las artimañas de la recomendación y el influjo para conseguir sobresalientes y premios. ¿No es el caso del suicidio de un niño un hecho bastante grave para que se piense seriamente acerca de la supresión de los exámenes? EMILIO S Á N C H E Z PASTOR