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Pág. 2 LaS frecuenles ABC C! OR Núm. 111 i PAPRFPA Agracias EXPOSICIÓN RE BELLAS ARTES LAS PRIMERAS MEDALLAS j p ntram enla primera sala déla Exposición v vemos los más estu pendos trozos de vida humana que en toda ella h e m o s d e contemplar. Son las estatuas de Blay, 7 os mineros, vivos, erguidos, en su puesto, p a r a pasarse en él treinta siglos ó más, si se tercia: es la noble cabeza majestuosa de D Federico Rubio: la delicada cabedta de Vtorecillct Silvestre, d i g n a de D o n a t e l lo Artista grande, independiente, no inficionado de industrialismo, Blay merece la medalla de honor... No se la han dado. Peor para ellos. ¿Qué valen á su lado las seudoclásicas figuras ázPerseo y Aiidrómeda, de Trilles, en las que todo es modelado y talento, nada visión clara, concreta y sintética del vivir? Al lado veo á Séneca enseñando alterón, donde hay algo m á s de vích, pero empalaga tanta nimia y meticulosa minuciosidad de ejecución: parece labor de orfebre más que de escultor. SÉNECA GRUPO EN YESO DE D EDUARDO BARPON Y GONZÁLEZ. Salgamos de la EsculPRIMERA MEDALLA DE ESCULTURA tura, sín más que una mirada para a pareja de anarquistas de mañana, presentada por el bilbaíno Quintín de Torre. Lo demás, nací? impo: t ¡3 Pasando al Arte decorativo, aplaudamos la honrada, larga, concienzuda y delicadísima labor de nuestro compañero de redacción José Arija, te inpera mentó artístico tan dúctil, flexible y variado, que ningún estilo clásico, preclásico, arcaico ni moderno tiene secretos para su inspiración. El Jurado ha concedido c Arija, con toda justicia, primera medai lla. Bien la merece, pues gracias á él, va enterándose el público grande de muchas cosas que ignoraba: asi los artistas modernos, como Arija, encauzan y forman el gusto de la gente, y, sín querer, realizan inapreciable labor educativa De. educación práctica muv eficaz dan pruebas í o s a u m n o s y los profesores de la ilustre Escuela de Artes industriales de Toledo. En dos años de existencia, no se puede hacer más de lo que han hecho aquellos excelentes artistas, el director D. Matías Moreno; el profesor de Cerámica, Aguado; el de MetaÜsten a, Bueno; los alumnos Sánchez Comendador, Barajas y otros. Y como educador del gusto de la aristocracia y de la burguesía acaudalada, no ha de olvidarse al artista industrial Enrique Amaré, maestro en el arte de hacer agradable la casa. Salgamos de esta sección, donde aún hay algunas otras cosas buenas, y entremos en las s ¿Jas chicas de pintura, huyendo de las llamadas cuadras, donde sólo puede verse el rincón de Sorolla, lo que podría llamarse el sagrario. Allí están, vivos de veras, tal como ellos son, Franzen, retratando; Ramón Melida, describiendo una figurita de Tanagra; Beruete el mozo, dispi estp á lanzarse al Ateneo ó al Congreso ó al Español; Mañanós, decidido á seguir pintando mal, y Beruete el padre, reflexionando con elegante y refinado escepticismo, revolviendo pausadamente los ojos ahitos de maravillas, pensando en Velázquez quizás, quizás rebuscando en la memoria una sensación olvidada que Cima da Conegliano le despertó allá en Viena, ó Benozzo Gozzolí allá en Pisa. En fin, emergiendo de la penumbra, íntima y recatada, llena de sosiego ai parecer, pero realmente de inquietud nerviosa, la mujer del gran maestro adelanta un brazo y un pie, uno de esos brazos y de esos pies que cuando nos salen a) paso en el rincón obscuro de un museo ó en el gabinete donde esperamos á alguien, nos incitan á conversar con ellos, á adi PERSEO Y ANDRÓMEDA vinarles los secretos, pues nunca esos brazos y esos pies se GRUPO DE DON MIGUEL ÁNGEL TRI 1 LES. PRIMERA han colocado así al acaso... DE ESCULTURA automóviles no asustan á los devotos de este sport. Pruefea de ello es el entusiasmo que la carrera Gordon- Ben ¡net ha despertado este año como el anterior, del cual dan fe las fotografías que publicamos relacionadas con la prueba ó carrera eliminatoria que se ha celebrado en París, S BEIÍNET EN o c u m d a s e n! asc a r r e r a s d e LOS PRESUPUESTOS VAa están ahí. Todos los años, tarde ó temprano, hacen su aparición, porque la Constitución lo preceptúa, y alguna ley se ha de cumplir en este país de la peseta exantemática. Ya están ahí eon sus columnas de guarismos, con sus epígrafes anfibológicos y con los aumentos de todos los años, disfrazados de economías para mayor satisfacción de los que tienen que pagarlos. Parece que este hecho debía producir cierta alarma en el contribuyente, porque todaí aquellas columnas de números apuntan contra su bolsillo; pero no hay tal cosa. Los españoles ven, e. n general, la amenaza con el mayor estoicismo. El ministro de Hacienda sube de uniforme todos los años á la tribuna del Congreso y lee su plan económico, no lo oye nadie. Después se publica en la Gaceta; nadie lo lee. Luego se abre la discusión; nadie la escucha. Por último empieza la cobranza, y entonces es el poner el grito en el cielo cuando el contribuyente se encuentra desagradablemente sorprendido con un impuesto nuevo ó con su recargo sobre lo viejo Porque el presupuesto es una cosa que aumenta todos los años; la nación gasta más cada día; el Estado recauda más. cada mes, según unos datos que se publican de cuando en cuando en la Gaceta; y á seguir por este camino, si la población no aumenta, cada español va á tener que dedicar todo su trabajo y actividad á pagar los tributos, y al mismo tiempo, como los gastos ss extienden en proporción de los ingresos, todos los españoles resultarán beneficiados con el dinero del Estado, porque á todos llegará su prodigalidad en esta materia. Movimiento económico que sólo tiene parecido en el movimiento continuo, aún por descubrir; todos contribuyentes y todos empleados; todos pagando y todos cobrando Esta absurda consecuencia no es la mayor á que pueden conducirnos nuestros hacendistas; se pueden hacer deducciones más desatinadas de las premisas que van sentando los que se ocupan en España de gobernar su hacienda. De algunos años á esta parte, el toque está en buscar nuevos artículos de renta. Cada ministro husmea en los presupuestos extranjeros lo que puede para traer á su país un tributo nuevo. A lo mejor descubre tino que en Finlandia produce la piel de foca un buen ingreso para el Tesoro, y se le ocurre importarlo; pero como aquí no hay focas, es preciso sustituirlo, y se aplica á la piel de perro de agua, que aunque produzca poco, puede molestar bastante á los poseedores de dichos animalítos, y con eso basta. Pero la gran habilidad de nuestros ministros está en ocultar los aumentos de gastos de personal. En este punto se han hecho maravillas. A lo mejor aparece un presupuesto con superaba, perfectamente redactado: suma usted sus cifras, vuelve á sumar, y resulta siempre que sobra una porción de millones. Las matemáticas no engañan, piensa el candido lector, y los ingresos están bien calculados, los gastos concretos; no hay remedio, el superábit tiene que resultar. Y sin embargo, no resulta. ¿Por qué? Los presupuestos llevan siempre una porción de artículos adicionales. Después que se acaba la aritmética empieza la gramática parda. Esos artículos son la cola del presupuesto, y á lo mejor hay. uno que dice, poco más ó menos: Art. 20. Se autoriza al ministro de Hacienda para aplicar á los comprendidos en el art. 2. de la Ley de 1890 las reglas establecidas en la de 1892. Esto parece que no tiene importancia y, sin embargo, luego resulta que las reglas de la Ley del 92 son gratificaciones y ascensos de un cuerpo del Estado, que se aplican á otro regido por la Ley del 90. Es decir, un aumento de muchas pesetas para los paniaguados y adeptos al ministro. Los presupuestos debían publicarse en la sección de concursos de los periódicos, con esta pregunta: ¿De dónde arrancará el déficit? Y al lector que lo averiguase se le podía regalar un retrato de Osma y su perra, ó de la perra sin Osma. La primera prueba de sinceridad que hay que pedir á los ministros, es que publiquen los presupuestos rabones. Nada de cometas con cola, que el vulgo cree que esas colas son anuncios de desgracias, y á lo mejor es verdad. Esas colas articuladas vacían los bolsillos de los españoles paganos. Presupuestos sin apéndice, por Jo meios, que la apendicitis da lugar á operaciones dolorosas y cruentas. Después de leer los presupuestos que acaban de publicarse, todos los españoles preguntan: Y de la peseta, ¿qué? Pues de la peseta, ná: en el cerro del Pimiento. EMILIO SÁNCHEZ PASTOR ZM a Después de ver esto y los mineros de BJay, tendríamos derecho á no ver nada más, á declararnos satisfechísimos de la Exposición; pero e necesario informar el público, cruzar de prisa la tercera sala pequeña, sin rljarse en ninguno de los mediocres cuadros q u e contiene, y descansar un buen rato en la sala segunda, toda dedicada al paisaje. La personalidad íobusta y ar chitestaruda de Meifrén sobresale aquí por cima de todo. Sin encerrarse en el estrecho círculo de la poesía pintada que tan admirablemente culriva su paisano Rusiñol, sin acometer dificultades técnicas tan gr, ive 3 como las osadas por el valeroso Raurich, sin apocarse ante el natural como el veterano Morera, sin. llegar al extremo dz la simplificación como el más veterano Urgeil, ni al extremo de la habilidad técnica, c o m o Gomar, Meifrén ve todos los paisajes y acierta á interesar con todos, ya en el trozo df costa brava, ya en las hume- i) f i SOBREPUERTA D E L SALÓN DE BLANCO Y NEGRO) P O R D O JN JOSÉ ARIJA, Qu i ENTRE LOSTRABAJOS P R H S E N A D O S PRIMERA MEDALLA DE ARTE DECORATIVO