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Pág. a DE ANTALOS BUENOS TIEMPOS ASALTADO ÑO. UN EMBAJADOR Y UN REINO PERDIDO En aquellos venturosos tiempos por los cuales algunos suspiran, creyéndolos mejores que los presentes, ocurrían cosas, dejando aparte las trágicas y emocionantes, que de ocurrir al presente llenarían sendas numerosas columnas en los diarios de la Corte En una lluviosa tarde del mes de Diciembre salieron de la CorteMoce jinetes montados en poderosos caballos, vistiendo sombrero calañes y el traje redondo de chispero de Sa época, y llevando cada cual sendos trabucos colgados en el arzón postenor de la vaquera silla Sin parar mientes en comentarios y miradas tomaron los nnetes el camino de Alcalá de Henares, y al acompí ado trote de sus potros marcharon silenciosos hasta pasada la Venta del Espíritu Santo donde al llegar a un recodo de la carretera, el que parecía jefe de aquella cuadrilla ordeno a dos de sus acornpañanteb qut allí se quedaran con la orden terminante de no d jai pasaralma viviente que en dirección a Guadalajara caminase Siguieron los diez restantes su marcha hasta 11 gar al puente de Viveros, donde repitióse la maniobra quedando otros dos de vigilantes del camiio Avanzaron los otros o ABC Núm. 109 LA GUERRA RUSO- JAPONESA o ho caballistas unos mil metros y al llegar al sitio que eia sin duda e) elegido para la fiesta quedaron todos en acecho. No aguardaron mucho El anochecer se aproximaba y todavía entre el brumoso crepúsculo de Diciembre vieron avanzar a todo galope una silla de postas Debía ser sin duda la que esperaban, porque a una señal del jefe colocáronse los ocho en forma tal que impidieran el paso por) a carretera, y al llegar el vehículo, el tefendo jefe dio el alto al delantero, como era uso y costumbre entre los caballistas de Sierra Morena. Echaren pie a tierra los viajeros, tratáronles con gran cortesía los de la cuadrilla, sobre todo cuando el mas respetable de aquellos protesto de tan inaudito atropello en nombre del Zar de todas las Rusias, del cual era nada menos que embajador en Madrid. Al día siguiente el embajador de Rusia hacia una reclamación enérgica, por el atropello de que había sido victima, al ministro de Gracia y Justicia D Tadeo CaJomarde, el cual, afligidísimo por tan grave suceso, después de dar toda suerte de excusas al embajador poma en movimiento toda la población de la Corte con objeto de encontrar a los autores del atentado. Y sucedió un caso, curiosísimo entonces, pero que hoy es vulgar a fuerza de repetirse es a saber que se recuperaron las alhajas y el dinero del embajador y de su servidumbre pero no aparecieron los ladrones, y un detalle interesante tampoco apareció una cartera en que el embajador traía documentos, al parecer, de ínteres extraordinario j p s indudable y asi lo comprendió todo el que se en tero del suceso, que aquel atentado no era casual D. Francisco Tadeo Calomarde no era solamente un ministro para Fernando VII, era, ademas de un criado servil y humildísimo, un mago prodigioso que le sacaba de todos los apuros, especialmente de los de dinero, de los cuales padecía con frecuencia Fernando el Deseado Y uno de los mas grandes no le ocurrió por culpa suya, sino por la de su hermano D. Francisco Este bonachón infante tuvo también un día, a semejanza de su hermano D Carlos, sus ansias de reinar, y no pudiendo pretenderlo en España, se fijo en Méjico, con cuyos Estados pensó formar un remo independiente, designándose el mismo para monarca de tal remo. Ayudóle en el negocio el arzobispo de Méjico, que formo en Madrid una Junta con tal proposito. Este arzobispo entrego al infante D, Francisco setenta mil duros para los gastos del viaje a su futuro reino, quedándose con el correspondiente recibo, y a más con el acta de aceptación de la Corona mejicana. Pero sea que a D. Francisco le faltara el valor para llevar a cabo semejante aventura, o que le disuadiera de ella su mujer, la infanta Carlota, que tenia mas sal en la mollera que el infante, lo cierto fue que la expedición se quedo en proyecto, y que el arzobispo y la Junta reclamaron los setenta mil duros a D Francisco, encargando de! cobro de dicha cantidad al embajador de Ru sia El infante, como no tenia la referida cantidad, hubo de pasar por las horcas caudinas de confesarse con el rey, el cual, encontrándose sin duda en el mismo estado de penuria que su hermano el infante pidió, ordeno me jor dicho, como tenia por costumbie, a Calomarde que le sacase del apuro- -No se apure V M- -le contesto el ministro. -Los documentos justificantes de este asunto los tendrá en su poder sin gastar un maravedí Y, en efecto de allí a tres días llegaba el embajador de Rusia a Madrid y era asaltado antes de llegar a la Venta del Espíritu Santo por una cuadrilla de bandidos mas o menos auténticos, que le robaron cuanto llevaba encima si bien tuvo la suerte de que pareciera todo lo robado menos la cartera, en la cual llevaba el acta de aceptac on de la Corona de Méjico por parte del infante D Francisco y f l recibo de setenta mil duros que este había recibido para gastos de viaje Acta y recibo firmados, por supuesto, de puño y letia del mismo D Francisco. La verdad es que no le salió caro al infante la aventura FERNANDO SOLDEV 1 LLA LA FAMOSA PIEZA DE ARTILLERÍA JAPONESA QUE TANTO JUEGT HA DADO EN LAS PRIMERAS BATALLAS LIBRADA 1. CONTRA EL EJERCITO RUSO EN EL YALU SOLDADOS JAPONESES TELEFONISTAS COMUNICANDO CON EL ESTADO MAYOR DETALLFS DE UN DFSEM 81 RCO DE TROPAS SUYAS E Pl TSh- NO Tr i 1 it CORRESPONSAI ES DE PERIÓDICOS JAPONESES QiJE SIGUEN LA CAMPAÑA A BORDO DEL NCGA 1 Y R U SENIADOS DELANTE DE ELLCS, FIGURAN LOS V E S CRIADOS A SUS OHDEM b HtoiO íi)