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Núm. JO 8 ABC LA ANTIGUA COMPAÑÍA DEL PANAMÁ 4 g. 7 LIQUIDACIÓN D E LA A N T I G U A Y MEDIANDO r SOCIEDAD DEL CANAL DE PANAMÁ E N LA S A L A DE A G R I C U L T O R E S DE PARÍS, Photo Nouvelles N T R E LA MESA Y EL PÚBLICO UNA BARRICADA PARA EVITAR UN ASALTO QUE SE TEMÍA arsrma el cronista, -y al decir Pues aquí ha habido agua, y la hay y la ha de, haber ipara siempre lamaí brotó un fuerte chorro. Desde entonces existe allí la fuente que llaman de San Jsidro de Val de Salud. Hasta no hace mucho existía la tradicional costumbre por paite de la Sacramental de San Jsidro de entregar á la Real Familia con toda solemnidad el día i 5 de Mayo una jarra con agua de la fuente que mana al pie de la ermita de San Isidro, en Madrid. ROBERTO DE PALACIO UNA CASA PARA OBREROS ICJs una mañanita hermosa de primavera; el cielo nubo so atenúa la luz del sol y templa la atmt sfera. Son las once, es una hora grata. Las calles todavía están limpias y en el aire aún no flota el polvo; el tráfago de los trabajadores matutinos ha cesado; ya no van cargados los tranvías de cocineras y de cestas repletas de verduras y otros comestibles; ¡os empleados de poco sueldo están ya encerrados en sus oficinas, los barrenderos han terminado su misión, los vendedores ambulantes han recogido sus tiendas, tiendas con luces á los cuatro vientos, bien aireadas, pero mal surtidas... Es la hora elegante de la mañana, grata á las señoras que van de compras dejando tras de sí un rastro de perfume de flores y de ropa limpia. La gente mal vestida esta en sus tareas ó escondida, avergonzada de su exterior astroso. Délas tiendas salen las bellas compradoras con el rosario oculto en portamonedas, o como se llamen, muy bonitos; antes han oído misa, todavía conservan en los ojos- o de mística unción y en las ropas un vago olorcillo a incienso. Se han puesto á bien con Dios para todo el día; tienen patente de corso para veinticuatro horas. ¡Cuidado con ellas! La vuelta de rigor, para muchas damas y galanes, por la Carrera de San Jerónimo es deliciosa. Dulce el ambiente, gracioso el mujerío, con aire de bien hallado el paisanaje, Madrid parece la capital de un pueblo rico y feliz. Tras de las transparentes lunas de los escaparates veis preciosas joyas y telas lujosas; Lhardy os brinda esplendido botín... La nube de extranjeros que vuelve de bañarse en el sol de Andalucía, va y viene al Museo del Prado. Va á tragarse con los ojos á nuestro Velázquez. Esas gentes de cabezas fuertes, nada fantaseadoras, acostumbradas a ver la verdad, se entusiasman con nuestro gran pintor, que es el hombre que mejor la ha copiado, Madrid tiene un hermoso palacio de recepciones para los extranjeros: el Museo del Prado. Los visitantes son numerosos, franceses e ingleses, y sobre todo yanquis. Vienen alegres y vivaces, tonificados por el sol que ha hecho brotar los azahares y entonados por la manzanilla sevillana. Dos grandes fuentes de buen humor y de alegría. La sala de Velázquez, el templo de aquel hombre maravilloso que en el lienzo poma ambiente para que hombres, animales y cosas lo ocuparan sin aplastarse unos contra otros, está lleno. La luz tamizada por toldos alumbra con suavidad los cuadros y sume el centro del salón en penumbra, como una visera que deja contemplar con deleite el mundo de Velázquez. Al lado de Lashilanderas, de ILos borrachos, de La rendición de Breda, de muchos de los lienzos, se hallan los copiantes atareados. Su labor es curiosa; los hay pausados y fríos, los hay nerviosos e impacientes que hacen co t el pincel pantomimas que ¡os asemeja i á directores de orquesta. Las peregrinas, que son muchas, muchas m ts SOLEMNB INAUGURACIÓN DE LAS OBRAS DE UNA CASA QUE LA ILUSTRACIÓN OBRERA CONSTRUYE POR SU CUENTA PARA REGALO Á LOS OBREROS DE AQUELLA CAPITAL I üt Soler que los peregrinos, van y vienen, sin preocuparse de la compañía, admirando al maestro, Entran y salen solas, sin rodrigón ni dueña, con paso decidido y con libres movimientos que no impiden esos trajes á la española, llenos de adornos y de perifollos molestos. Una yanqui, alta y delgada, vestida con elegante y sencillo traje negro y con un tocado hombruno, muy bonita, medio sentada en un calorífero, por cierto bastante alto, consulta su guía, va a su asunto y no se preocupa ni poco ni mucho de unos jóvenes españoles que la miran pasmados, simbolizando nuestra raza, á la que todo le choca, siempre con la boca abierta en cuanto ve algo que se sale de los reglamentos y de las cartillas de umformación. La yanqui, muy hermosa y muy joven, casi una niña, anda sola por el Museo y no mira a nadie ni se preocupa de nada mas que de los Velázquez diseminados por varias salas. En cambio, una españolita muy modosa, con su mamá á la vera para cuidarla, copia con minuciosidad á una virgen dolorida de un pintor místico; pero entre pincelada y pincelada mira á ver si la miran, más preocupada que del arte pictórico, del arte... de elegir marido. TOMÁS CARRETERO cíales han ofrecido al jefe del Gobierno, M Combes; pero entretanto, los quebrantos y trastornos para el tráfico de aquel importante puerto son inmensos, y hasta los servicios de correos con las cartas de Argelia le están realizando marinos y barcos de guerra. L CONDE D E VALENCIA D E DON E JUAN La samana pasado falleció en Madrid el excelentísimo S r D Juan Crooke y Navarrot, conde cíe Valencia de Don Juan, jefe de la Real Armería y académi co de la Historia. Sus escritos sobre lao antiguas armas, su profundo conocimiento de la historia nacional, su exquisita afición dé coleccionista, otorgaban al finado lugar de honor en la España in- t ¿I telectual. f J Reciba nuestro pésame la ilustre familia del finado, entre Ja que se haiia el señor Osma, ministro de Hacienda. CRÓNICA GRÁFICA Los marinos mercantes de A HUELGA M A R 1- Marsella han provocado un TIMA DE MARSE- conflicto, q u e todavía no L A MUERTE DE UN g LLA oABJO nares, uno de los hombres está solucionado, poniéndose n completo desacuerdo con sus oficiales. Trátase de más esclarecidos, más doctos, y por lo mismo sin duda, resoiver e) asunto por medio de un arbitraje eme los ofi- más ignorados de España. De singulíf talento de vastí-