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AÑO DOS. NUMERO 108, CRÓt MADRID, 12 DE DE 1904. NICA SEMANAL. ILUSTRADA. NÚMERO SUELTO, 1 0 O5 MARINOS RUSOS SUPERVIVIENTES DE l. A CATÁSTROFE DE 1. V A R I 4 G ECHADO A PIQUE POR LOS JAPONESES EN CHEMULPO, DESFILANDO POR LAS CALLES DE SAN PETEKSBUDQO Photo- Nouvelles O 1 drama que se desarrolla en el Extremo Oriente ad quiere proporciones más gigantescas. Lo de humanizar la guerra, ideal por muchos acariciado como complemento de! progreso, es un mito más de la decantada civilización. Loa japoneses han progresado mucho: han aprendido á destruir barcos, á bombardear ciudades, á pasar ríos, á matar rusos. Hasta ahora la victoria es suya. Quizá lo sea el triunfo definitivo. Rusos y japoneses legarán á la posteridad epopeyas. Miles de madres y de hijos llorarán eternamente; centenares de pueblos quedarán arruinados. Y el derecho de la fuerza brillará triunfador sobre la humanidad, proclamando el nada humano principio de que ei más osado es el más feliz. Monólogo de ñn de curso 1 I ay que despedirse decididamente del café, de Apo lo, del Circo, de la tertulia de casa de Rodríguez, de todo, y es necesario comenzar de ün modo serio y formal el repaso de las asignaturas. Bueno, el repaso precisamente no puede ser, porque ¡oh dolor! estamos á últimos de curso y apenas he hecho otra cosa que hojear ligeramente los libros. ¡Cómo corre el tiempo! Sí parece que los compré ayer. Claro, están tan nuevecitos... ¡Demonio, demonio! Nada, desde esta misma no- che á estudiar como una fiera. Bonito mes de Mayo, ¡un mes tan simpático, tan poético, y estropearlo con el estudio! ¿A quién se le ocurriría ese disparate? ¡El mes de las flores dedicado á la ley Hipotecaria, á la Terapéutica ó á las ecuaciones de cualquier grado! ¡Qué brutos son los señores que disponen estas cosas! ¡Ea, basta de reflexiones inútiles! Son las diez y media de la noche; fumaré un cigarro, y á las once abro el libro y hasta mañana por la mañana no me muevo de la silla. Todo es tener voluntad... A propósito, ¿qué habrá de cierto en eso que han averiguado ahora de los milagros de San José de Copertino? ¿Será verdad que encomen- dándose uno con fervor... ¡B h! Por si acaso, estudiemos. Lo dicho, á las once en punto. (Enciende un cigarro. ¡Caramba, cómo se divierten en el segundo izquierda! Bien se conoce que no tienen que estudiar. Son unas cursis la mar de simpáticas. Todas las noches matraca al piano y bailoteo. Según me ha contado escandalizada la patrona, hasta, suelen obsequiar, con vino blanco. y pasteles á los contertulios. Pero ¿de dónde sacará el respetable padre de familia, modesto empleado de no sé qué Ministerio, para esos, trotes? Después de todo, ¿á mí qué me importa? Algo más daría por averiguar la causa de las ojeras que suele tener la chica menor, la morena. ¡Vaya unas ojeras charlatanas! Y el vals que están tocando es muy bonito. Tra, la la la, tra, la la la... Justo, es el mismo que bailé con aquella máscara gorda la noche de. la Asociación. ¡Qué señora más gruesa y más estúpida! No hacía más que preguntarme: ¿Sabe usted si han dado las dos? ¿Para qué querria que diesen las dos? ¿Para empezar á enflaquecer? A propósito, ¿habrán dado ya las once? Juraría que sí; pero ¿quién se pone á estudiar con ese maldito barullo que arman en el segundo izquierda? (Gritando. ¿Me harían ustedes el favor? ¡Sí, sí, ya puedo gritar hasta desgarrarme las quijadas! ¿Habrán bebido esta noche jerez? ¡Qué ojeras va á tener mañana la morena! ¡Ea! resignémonos; prepararé el libro, la silla, los cigarros, y á las doce, hora en que suele terminar la tertulia, á empollar como un cadete. ¡Tendría gracia que por perder esta hora me suspendiesen en Civil! ¡Buena cara me pondría mi padre! Y que no me valdría decirle la razón. En provincias no entienden estas cosas. ¡Qué han de entenderlas! Bueno, pensemos en el estudio, ¿Empezaré por el principio de la asignatura? Esto parece lo más lógico; pero la lección primera no sale casi nunca en el examen, la segunda muy pocas veces, y la tercera en raras ocasiones. Empezaré por la lección quinta, como si hubiera estudiado anoche las otras cuatro. ¡Gracias á Dios! Creo que la tertulia se disuelve; ya era hora. ¡Pero cómo se besan esas gentes! ¡qué despedidas más interminables! Abramos el libro; aquí está la lección quinta; ¡y dale con los besos! Con eso sacará mañana la morena unas ojeras... La. lección quinta dice así: (Voz en la calle: ¡Pepe! ¡Hombre, qué temprano se retira hoy la barbiana del 24! (La misma voz: ¡Pepe! ¿Dónde estará ese condenado sereno? En la taberna de la esquina, de fijo. Voz: ¡Pepe! Esto crispa los nervios. Le llamaré desde el balcón para que me dejen estudiar en paz. ¡Pepe! ¡Pepe! ¡no oye usted que le llaman? ¡Caramba! y lar del 24 viene con un caballero... ¿Pero á mí qué me imperta? Volvamos á la lección quinta, la cual dice así: (Otras voces: ¡Pepe! ¡Y torna á las malditas llamadas! Claro; ahora vuelve la gente de los cafés, de los teatros, de las tertulias. ¡Paciencia resignación! fumaremos otro cigarrito. (Diversas voces: ¡Pepe! ¡Pepe! ¡Pepe! Vaya, me parece que ya no falta ningún vecino. Ahora á estudiar. ¿Pero qué jaleo es ese que arman en k calle? ¡Anda, y le sacude el polvo de lo lindo! ¡Chulapo, sinvergüenza! ¡Pegar á una mujer! ¿Habrase visto cobardía como esa? Si á mí no me esperase la lección quinta, bajaba y... ¡Qué cosa más rara: un guardia de Orden público! ¡Y el sereno también! Lo llevan á la prevención. ¡A la cárcel con él, granuja, cobarde... Volvamos á la lección quinta. ¡Infierno! ¡condenación! El bruto del sereno va á echar abajo las trampas de la carnicería. ¡Así dieses con la cabeza, y no con el chuzo! ¿Pero no se puede estudiar en este pueblo? Y esos carniceros deben tener un sueño más pesado... ¡Lo único, sin duda, que pesarán bien! Y ahora la emprende el sereno á golpes con la taberna. ¿Quién estudia con ese estrépito? ¡Así me suspendan, y así me mate mi padre á palos! A la cama, sí señor, á la cama. Yo quería estudiar y no me han dejado. El vals, los vecinos, la gresca de la calle, el animal del sereno y, por si algo faltaba, allí vie- nen las burras de leche. ¡Huyamos á la cama! Mañana, como faltan muy pocos días para Junio, empezaré por la lección décima. Después de todo, las nueve primeras lecciones no suelen salir nunca en el examen. Y si me salen, ¡ya las contestará por mí San José de Copertino! JOSÉ DE ROURE