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B ¿AÑO DOS. NUMERO 107, CRÓNICA SEMANAL ILUSTRADA, ABC S ¿MADRID, 5 DE MAYO DE 1904. NÚMERO SUELTO, 10 DESFILE DE LOS OBREROS CON LAS BANDERAS DE SUS ASOCIACIONES Y EN IMPONENTE MANIFESTACIÓN POR LA CALLE DE ALCAIA EL DÍA 1 DESPUÉS DE TERMINADO EL MITIN EN LOS JARDINES DEL BUEN RETIRO La fiesta del Trabajo os notas muy salientes ha tenido este año la fiesta del Trabajo en Madrid: la sensatez que ha prevalecido en los discursos del mitin celebrado en los Jardines del Buen Retiro, y el orden que presidió en la imponente manifestación celebrada después de aquel acto, desfilando las sociedades obreras con sus estandartes por las calles más céntricas de Madrid. La autoridad no sufrió inquietudes. Fue aquel desfile ostentación de número y de seriedad, alarde elocuente de solidaridad y de buen sentido. Clases que así proceden tienen mucho ganado para que los Poderes las consideren y para que atiendan con solicitud y justicia sus legítimas reclamaciones. Por vez primera este año han dejado de publicarse los periódicos el día i. de Mayo. Ha sido una conquista más de las clases trabajadoras, que han logrado así dar mayor solemnidad á su fiesta. Para lograr esa concesión no apelaron á procedimientos reprobables. Les ha bastado su propia corrección y su propia fuerza, sin ostentaciones ruidosas. Quizá el procedimiento haga ver á los obreros que así como han conseguido lo que querían de la Prensa en un día determinado, conseguirán de los Poderes poco á poco lo que con la violencia es más difícil conseguir, porque es más difícil concederlo. VIDA LA SONALEN BROMA. EL ASEO PERMientras haya personas que persistan en su determinación de no lavarse, continuará haciendo estragos el aborrecible tifus. Por muchas medidas que adoote la autoridad no ha de conseguir que desaparezca el azote. Para desterrarlo definitivamente sería preciso que una comisión de higienistas penetrara en el santuario de algunos hogares, donde hay señoras que no se han mudado desde el mes de Abril último. Algunas personas confunden la pobreza con la suciedad, y dicen muy tranquilas: -Francamente, yo no tengo tiempo para lavar á mis niños. ¡Como no puedo tener criada! Y á las pobres criaturas parece- que les han dado un baño de cola de carpintero. No hace mucho que estuve de visita en casa de una señora y me presentó á su niño, diciéndole: -Anda, Jesusín; dale un beso á este señor. El niño alargó la cara para que imprimiese en ella un dulce beso, pero yo anduve eligiendo sitio donde posar los labios, y acabé por besarle en un ojo, único punto que había sido respetado por la cochambrería. El esposo de esta señora sacó la otra tarde el pañuelo en el café para limpiarse las narices, y todos creímos que sacaba una gamuza. -Hombre, ¿usa usted pañuelos de piel? -le dijo uno. -No; es que está un poco sucio. ¿Como mi señora tiene que dedicarse al niño! Para andar ün poco aseado se necesita mucho dinero. Y al hablar así mostraba unos puños de camisa color de tórtola á listas tornasoladas, que estaban pidiendo á voces la intervención de la lavandera. Conozco jóvenes hermosas y hasta distinguidas, que tienen novio, leen á Campoamor, coleccionan postales y no se lavan nunca el pescuezo. Al teatro Español iba una todos los lunes, que ocupaba un asiento inmediato al mío. ¡Qué linda muchacha! -dije aun compañero. -Sí, pero enemiga personal del agua. Fíjate en las oreias. 7 Efectivamente: en los bordes de las mismas pude notar una especie de orla de luto, y detrás algo así como pelusilla de la que se forma debajo de las camas cuando no se ha barrido. Durante el tiempo en que fui empleado público, tuve un compañero de negociado que olía á oveja, y una vez en el seno de la confianza me confesó que solía mudarse cada quince días. Por fuera parecía un hombre aseado, pues frotaba los cuellos postizos con miga de pan; sus botas brillaban como dos reverberos; pero en cuanto á la ropa interior... Tenía tal odio al agua, que una tarde fue á beber por el botijo y se mojó el rostro. ¡Cómo se puso! ¡Qué manera de jurar! Creímos que le daba algo. Para ridiculizar á un paisano suyo á quien no podía ver, decía con acento de indignación: ¿Quién? ¿Martínez? ¡Valiente sucio! En fin, cómo será, que tiene que bañarse todos los días. La señora del tal sujeto fue en cierta ocasión á buscarle á la oficina y nos sorprendimos al verle en el puente de la nariz un chafarrinón en forma de media luna. Al marido no le extrañó aquéllo; antes al contrario, le dijo amablemente: -Florita, moja la punta del pañuelo en los labios y frótate el puente. ¿Qué puente? -El de la nariz. Se conoce que esta mañana has acercado mucho la jicara y tienes ahí chocolate. ¿Pero noxse lava usted? -preguntó un escribiente de jaca muy descarado. -Sí, señor- -dijo ella; -pero hoy no he tenido tiempo. -Se lava con manteca de cerdo sin sal, que es muy buena para el cutis, -agregó el marido. Con gente así, no es posible que desaparezca el tifus. Luis TA BOADA