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ABC ría! somos todo lo felices que lo pueden ser los ciudadanos de un gran pueblo, y vamos tirando alegremente de los flecos de la existencia, que para nosotros son los flecos de un mantón de Manila profusamente bordado de flores chillonas y de trama tan sutil, que cabe rasgarla con la uña. ¡Ay, queridísima prima, suponer que tantas y tantas dichas pueden concluir en el cerro del Pimiento! Pero no pensemos en cosas tristes é indigestas; voy á hablarte délos elefantes. El circo está espléndido las noches de los jueves, que son noches de moda; mas entre los trabajos que realizan los hombres en la pista, no hay ninguno tan notable y original que emocione ni entretenga casi al selectísimo público. Aparecen los elefantes, y todos los espléndidos sombreros de señoras, gala y ornato del coliseo de la Plaza del Rey, sienten que un estremecimiento de curiosidad agita las rizadas plumas. Aquellos animales logran lo que no consiguieron gimnastas y clowns; bien es cierto que ejecutan maravillas. Uno de los graves y respetables paquidermos afeita con la mayor seriedad y el más delicado esmero á otro de sus colegas. ¡Cómo maneja la navaja con la trompa! Hay quien exclama contemplándole: ¡Si el ministro de Gracia y Justicia fuese barbero! y oí también á otro murmurar: ¡Si el grandioso señor de Maura se afeitase! En suma, prima mía, un éxito tan feliz de la elefantiasis, que hasta achica el conseguido por el tifus exantemático. Todo Madrid acude al Circo para aplaudir á los elefantes, y una vez cumplido este deber con los animales, se dirige al teatro de la Zarzuela, donde prodiga sus ovaciones á una señorita inglesa que contrahace con la mayor exactitud y verdad los movimientos de una muñeca eléctrica. N o puede negarse que el trabajo de esa Miss es sumamente original y raro. ¡Parecer una muñeca siendo en realidad una señorita, habiendo tantas que pareciendo señoritas son en realidad muñecas! El contraste sorprende poderosamente al público y le obliga á estallar en aplausos. Sabrás, en fin, prima, que nuestra Villa y Corte está plagada de arquitectos nacionales y extranjeros, pero todos con su medalliía en el ojal. ¿Qué es lo que más le ha gustado á usted de nuestro pueblo? le pregunté al arquitecto de un país vecino, arquitecto que fue también vecino mío en la mesa de un banquete. ¡Me han gustado muchísimo varios edificios- -respondió sonriendo; -pero, sobre todo, estoy encantado de lo que se podría derribar! Este juicio franco y optimista me llenó de patriótico orgullo. Y termino mi carta anunciándote que la próxima Exposición de Pinturas, que ha de celebrarse en el palacio del Hipódromo, revestirá, según frase atrozmente consagrada, los caracteres de un gran acontecimiento. No sé cómo serán los cuadros, pero el organizador del concurso, por delegación del Ministerio de Instrucción y Bellas Artes, se apellida Pita, y en el mismo edificio de la Exposición se acuartela la Guardia Civil. ¡Pita y guardias civiles! ¡Viva el arte nacional! T e abraza tu primo- -José de T oure. P D. -Comencé mi carta sudando á chorros. La termino hecho un carámbano. ¡Infelices de los que empeñaron sus capas! Pero la epidemia sigue, y cada día hay más casos. Mas no creas por eso, prima mía, que nos aterre el espantable exantemático. ¡Aquí nadie hace caso hasta que lo es y le llevan al cerro del Pimiento! -Yate. Núm. io5 LOS X 1 QUETS DE VALLS EJECUTANDO SUS EJERCICIOS DE FUERZA, ESPECIE DE JUEGOS OLÍMPICOS, EN TARRAGONA Jh Vif r ARCO LEVANTADO POR LA CÁMARA DE COMERCIO DE REUS EN HONOR DE S. M. EL REY cual viene á ser la segunda edición del TVo de Negrete. A mí, con perdón de sus numerosos admiradores, no R E U S EL PUEBLO DE REUS DELAN I B DB LA CASA CONSISTORIAL MIENTRAS SE CELEBRABA LA RECEPCIÓN me entusiasma la mujer- muñeca. Su mérito principal es que no pestañea, y á mí no me ja, vinieron las lluvias y los vientos y no hemos vuelto á gustan las mujeres que no pestañean. sacar los abrigos de invierno por pura cortedad. Muy al contrario; me he pasado la vida diciendo al 1 os poetas consideran á Abril como el más poético de Souventfemme varié decía Francisco el de LeT o los meses, y la galantería le ha escogido para la di- s amuse, y n La donna é móbile el Duca de T igoletto, y contemplar toda fotografía, grabado, cromo, cuadro ó fícil contabilidad de la edad de las mujeres. recordando ambas muletillas, exclama un filósofo de mi estatua de mujer bonita: ¡Si pestañar x! Prefiero una muñeca que parezca una mujer, á una muHay, no obstante, quien no encuentra la poesía ni la vecindad: jer que parezca una muñeca. Celebro la gracia de un anibelleza de este mes primaveral, pero es porque ha olvi ¡Primavera... tienes nombre de mujer! dado sin duda que ya dijo el poeta: No se mortifiquen mis amables lectoras por esta cues- mal que parece una persona, y no se la encuentra á la persona que parece un animal. Per troppo variar natura e bella. tión de nombre. p 1 colmo de la delincuencia: Y como variable, ¿qué mes puede ponerse al lado de El hombre tiene también mucho de primavera. Dice un periódico que en Málaga han procesado á éste que disfrutamos? A hora que el público ha votado ya en su favor, y que un hombre... ¡por aborto! Después de haber visto damas adelantadas con vapo- mi voto no puede en modo alguno perjudicar al rosos trajes, y galanes prematuros con sombrero de pa- éxito de la Motogirl, puedo ya emitir mi sufragio, el CARLOS LUIS DE CUENCA COSAS