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HANQ DOS. NUMERO io5, CRÓNICA SEMANAL ILUSTRADA. t SéMADRID, 21 DE ABRIL DE 1904, NUMERO SUELTO, 10 CÉNTS. e J ENTIERRO D 3 LA R E I N A DONA I S A B E L 11. DESFILE tN LA ESTACIÓN DE PARib Y ANTE LL CADAVLR DE LA REINA, DC LAS TROPAS FRANCESAS, F o t Ch. UUlU- QUE LE RINDIERON HONORES REGIOS Y CUBRI- RON LA CARRERA DESDE EL PALACIO DE CASTILLA HASTA EL QUA 1 D ORSAY BL CADÁVER DE LA REINA DONA ISABEL CONDUCIDO DESDE LA ESTACIÓN DEL ESCORIAL AL MONASTERIO, DONDE HA SJDO SEPULTADO Fot. Muñoz de Baena E L ENTIERRO DE LA REINA ISABEL El viernes por la mañana fue sepultado en el Monas! í. sio del Escorial el cadáver de la que fue reina de España, doña Isabel 11. La que en vida gustó poco de ir á iquel Real Sitio, alegando que ya iría una vez para mucho tiempo, se halla en él, en efecto, para siempre. La mañana fue triste, lluviosa, digno marco de tan lúgubre cuadro. Los elementos palatinos recogieron el cadáver, le condujeron al panteón, y tras de las preces de la Iglesia, diéronle cristiana tierra. Hasta para morirse ha sido desgraciada la reina doña Isabel. El viaje de su nieto por Cataluña ei atentado anarquista contra el presidente del Consto de Ministros, la catástrofe de la Armada rusa y ona porción de asuntos han absorbido la atención p i ten, haciendo que nadie haya parado mien- tes en la muerte de una Reina que tanta celebridad u a de tener en la Historia, por las vicisitudes de su reinado, por sus errores, por su popularidad y por las consecuencias que su paso por el trono ha traído á su reino. Es verdad que el elemento oficial no ha hecho más que el particular. En el Extranjero, donde doña Isabel no fue reirLa en vida, lo ha sido en muerte. Se han tributado á su cadáver honores reales. Véanse las fotografías que publicamos de París y de El Escorial, y estudíese el contraste. En la capital de Francia, las tropas republicanas en crecido número han desfilado ante los restos mortales, colocados en soberbio túmulo de aspecto regio, propio de la majestad de la realeza. En El Escorial formaron unos cuantos alabarderos, los alumnos de la Escuela de Ingenieros de Montes y los guardias de carabineras al paso de la fúnebre comitiva, que presidían el Príncipe de Asturias y el Infante D Alfonso, hijo de doña Eulalia. El Rey, según dijeron los periódicos, manifestó propósito de ir á la frontera á recibir y acompañar hasta El Escorial los restos mortales de su augusta abuela. Sin duda el Gobierno le aconsejó en contrario. Mal hizo el Gobierno, si la referencia es exacta. La opinión será todo lo romántica que se quiera, pero el romanticismo en las I masas es un sentimiento, no un capricho, y lo que llega al sentimiento deja huella. Un paréntesis para rendir ho- 1 menaje á la difunta Reina no hubiera afectado en nada al viaje triunfal por Cataluña; la satisfacción general hubiera sido mayor y la popularidad habría con ella aumentado. ¡Pobre Isabel! Ya lo dijo un sabio proverbio; Muérete y veras... 1 C,