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Núm. 104 A BG jg vados q que, vencidos y juzgados, evitaban todo género de responsabilidades. No quiero defensor- -dijo en aquellos tremendos momentos. -La responsabilidad de mis actos la asumo toda. Y si todo corazón que late Pág. 7 por la libertad merece una Oriza de plomó, reclareciamo mi parte. Si no soís unos cobardes, matadme. Pronto va á dejar de existir. jQue su infinita caridad le valga- el perdón de sus grandes errores! K, r Abríí i9o4. F. MORA Cierto día de invierno, de esos en que el frío helaba las palabras, encontramos mi compañero Meuzy y yo á Luisa MJchel en la calle. Iba harapienta, extenuada, yerta. A fuerza de ruegos, conseguimos meterla en un café y reanimarla. Después la llevamos á un almacén de ropas y la hicimos vestir de pies á cabeza. Terminada la operación, Luisa dijo al empleado: Recogedme esos guiñapos. -Será para darlos, -me dijo Meuzy. -Tal vez, -le contesté. Y, en efecto, dos días después encontramos de nuevo á Luisa Michel ataviada con los mismos guiñapos déla víspera. Los vestidos nuevos se los había dado á los pobres. Deportada á Nueva Caledonia por los san- LOS ESTRENOS. MARÍA VICTORIA EN EL ESPAÑOL -í j UNA ESCSNÁ OBL ACTO 111 DE LA COMEDIA MARÍA VICTORIA DEL ESTRENADA CON ÉXITO EN EL TEATRO ESPAÑÍU ASTRAY, Fot. Mufloz de Baena C LA CELEBRE LUISA MICHEL ACOMPAÑADA DE CARLOTA VAUVIL 1 E UNA DE SUS FIELES EN LA DEFENSA DE SUS IDEAS Fot. Ch. Delius grientos acontecimientos de la Commune en 1871, regresó á Francia en 1880, donde de nuevo fue juzgada por excitación al pillaje á la cabeza de una partida armada- -habían saqueado una panadería. -Su defensor hizo comparecer cómo testigo á Henri Rochefort. Ante el tribunal, el célebre polemista dijo: Me sorprende vuestra acusación contra esa mujer. La conozco por haber sido deportada como yo. Su calabozo estaba frente al mío. Y os juro, señores, que durante toda la travesía, Luisa Michel ha sido el ángel de caridad de sus desventurados compañeros. Su calabozo era un hospital, y llegó á dormir en el suelo mientras un enfermo ocupaba su lecho. Luisa Michel se levanta airada, é interrumpiéndole, exclama: Yo no os he llamado aquí para eso. Marchaos. Rochefort se retira, y Luisa Michel fue condenada á seis años de reclusión. En cierta ocasión Luisa Michel socorría con frecuencia á un desgraciado. En una de aquellas visitas encontró varias veces á una gran dama que, como ella, ejercía la caridad. Así se conocieron la duquesa de Uzés y Luisa Michel. Desde entonces, cuando la terrible anarquista no tenía con qué socorrer un infortunio, la duquesa llenaba el portamonedas de la petrolera. De regreso á París de su deportación, hizo insertar en los periódicos este aviso: El invierno es cruel y hay muchos pobres que carecen de todo. Desde hoy no informaré á los señores periodistas sino mediante el pago de diez francos por cuarto de hora de conversación. La curiosidad pública, puesta así á contribución, dio excelentes resultados. Todos los grandes periódicos parisienses enviaron sus reporters á tomar horas de interview. Todo el dinero recogido iba inmediatamente á parar á manos de los pobres. Por la exquisita sensibilidad de su alma, la apodaron también Larmes aux ceils. Pero lágrimas en los ojos dio, ante los consejos de guerra de la Commune, una dura lección de energía á los suble- ENTIERRO DEL GENERAL D FRANCISCO MARINÉ EN V 1 LLAJOYOSA (A L I C A N T E) EL DÍA 3 DEL MES CORRIENTE. Fot. Ortiz SE DISTINGUIÓ MUCHO POR SU BIZARRÍA EN LA GUERRA CIVIL, Y SIEMPRE PROFESÓ IDEAS REPUBLICANAS.