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5 ANO DOS. NUMERO io3. CRÓNICA SEMANAL ILUSTRADA. v LA SOLEMNIDAD ABC PATRJÓTH S MADRID, 7 DE ABRIL D E 1904. NÚMERO SUELTO, 10 CÉNTS. f OMiNUO LOS SUPERVIVIENTES DEL BATALLÓN PROVISIONAL DE PUERTO R! CO CON SU BANDERA, DESPUÉS DE IMPONERLA EL REY LA CORBATA DE SAN FERNANDO, AL SALIR DEL HIPÓDROMO EL DOMINGO ULTIMO Crónica de una semana LAS FIESTAS RELIGIOSAS Y PROFANAS. -LA RESURRECCIÓN EN LOS TEATROS. -LA F I E S T A NACIONAL DEL DOMINGO EN MADRID- L A TEMPORADA TAURINA. -EL VIAJE DEL REY. Pasó la Semana Santa con días de espléndida primavera. Las iglesias llenas d e devotos. Las calles céntricas invadidas por la multitud. La Puerta del Sol, en las horas d e la tarde, hecha un ideal... de Puerta de Sol: sin tranvías que la conviertan en cocherón inmenso é intransitable. Mujeres hermosas y elegantes, y otras que no lo son, luciendo trajes multicolores, mantillas blancas y flores. El viernes en la calle d e la Princesa, por la mañana, una dislocación de gente del pueblo, de bullicio, de aguardiente y de excesos. M u c h o s mantones de Manila sobre los hombros de garridas y de no garridas mozas. También las clases modestas se han contagiado d e las burguesas. El pañolón es para aquéllas lo que la mantilla de encaje para éstas. H a y en la calle de la Princesa tantos mantones que huelen á casa d e empeños, como en la de Alcalá mantillas que transcienden á baratillos en liquidación. P o r la tarde procesión, y con tal pretexto, gran paseo por el centro de M a d r i d Nueva exhibición d e trajes y mantillas, nueva orgía de colorines. ¿En Viernes Santo? Sí; antes era ese el día de lucir los trajes negros y las mantillas negras: todo triste, todo severo, en consonancia con la fiesta simbólica del día. Las costumbres varían. Las nuevas las crean los que quieren hacer de Madrid la gran capital de Cursilandia. Gran día, muy solemne, muy nacional, fué el domingo. ¿P u e d e darse nada más español que un día de cielo azul, de achicharrante sol, de formación de tropas y de corrida de toros? El espectáculo ofrecido en el H i p ó d r o m o resultó soberbio. Los montículos d e los alrededores, coronados de apiñada multitud en la que dominábanlas mujeres con vistosos trajes y sombrillas, parecía una inmensa guirnalda de flores, digno marco de un cuadro tan brillante. La fiesta fué conmovedora, aunque en rigor de verdad yo no vi conmovidos, verdaderamente conmovidos, con lágrimas en los ojos, más que á los milicianos veteranos al desfilar delante d e sus filas el glorioso y heroico resto del batallón d e P u e r t o Rico. Y era de ver á muchos de aquellos pobres viejos haciendo pucheros por la emoción y sin poder llevarse el pañuelo á los ojos porque la rigidez marcial y la presentación d e las armas se lo impedía. P e r o si el amor patrio se hizo tan visible en los veteranos, el escalafrío del entusiasmo debió sentirse entre pecho y espalda de todos los presentes, ó aquí no queda más que amor á divertirse... Los reclutas juraron la bandera. Los héroes de la Loma de San Juan fueron justamente aclamados. H u b o en la ceremonia mucha majestad y mucha brillantez. Se echaba d e menos, sin embargo, jna satisfacción: la de haber visto depuradas las responsabilidades de aquellos desastres, cuyos mártires supervivientes estaban entre nosotros, y castigadas las culpas de los que provocaron tanto sacrificio y abnegación estérilmente Los delegados que las provincias envían al C o n greso d e Arquitectura fueron recibidos p o r el R e y en Palacio. P o r la tarde asistió á la fiesta taurina la Familia Real, incluso la Reina, que no ha p r e senciado más corridas que las reales. La primera corrida de abono, como la extraordinaria del domingo, no satisface grandemente á la afición. P e dro N i e m b r o antiguo federal, se ha hecho, á lo que parece, maurista decidido. P o r lo menos, imita á M a u r a en lo d e tener disgustado al público. El Rey marchó á Barcelona el martes. E n la despedida que se le hizo hubo mucho entusiasmo. Quizá contribuyó á que se acentuase la manifestación el temor que existía d e que en Cataluña prevaleciesen ciertas tendencias hostiles á la M o narquía. A la hora en que cerramos esta crónica, Don Alfonso ha entrado en Barcelona y ha tenido un recibimiento muy cariñoso, muy cortés, verdaderamente entusiástico. N o podía esperarse menos de la hidalguía proverbial de aquel pueblo culto. O t r a cosa hubiera sido desmentir su probada nobleza y su gloriosa historia. El Rey representa en todas partes á España, y España hubiera sido la agraviada si hubiera habido agravios para Don Alfonso. P e r o no ha habido más que satisfacciones para todos: para España, para el Rey, para Cataluña, d e cuyos hijos no podrá decirse, como se dice de un puñado de ellos, que son enemigos d e la Patria y que son egoístas hasta el punto d e deshonrar con sus instintos el nombre glorioso d e la tierra que les vio nacer.