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Núm. 102 ABC Pág. 5 LA SEMANA SANTA EN SEVILLA i1 ñ EL CRISTO DEL AMOR, DFL FAMOSO MONTAÑÉS, QUE ES SACADO FN LAS PROCESIONES LA VIRGEN DEL ROSARIO, IMAGEN VENERADIS 1 MA, CONOCIDA POR LA VIRGEN DE LOS TOREROS nidad, que me juzga muy ligeramente, aunque no niego que lo hice muy mal. -Muchas gracias por su amabilidad. Vamos á ver, ¿por qué se lavó usted las manos y dejó á los judíos hacer aquella barbaridad? ¿Pero qué quería usted que hiciera, hombre? M e las lavé, en primer lugar, porque las tenía sucias; y después, voy á descubrir un secreto, porque yo era un símbolo. ¿Un símbolo de qué? -De todas las autoridades precedentes y subsiguientes. Yo represento á todos los gobernadores que han existido y que pueden existir, y en honor de la verdad, donde mejor se ha entendido mi significación y con más cuidado se sigue mi escuela es en España. ¡Qué me cuenta usted! -La verdad: ¿ó cree usted que en su tierra no se lava las manos todos los días el que tiene algún mando? ¿Pero por qué dejó usted sacrificar á un Justo? -Y dale; para no meterme en líos, que es la primera obligación de la autoridad. ¿Y por qué soltó usted á Barrabás? -Por atender á los que gritan y arman motín en la calle, que es el segundo deber de todo buen gobernante. ¡Vaya una manera de gobernar! -La única conocida: tomemos por ejemplo á España, y de España á Madrid. Han tenido ustedes la viruela diezmando la población, ¿y qué han hecho las autoridades? Dejar que esa enfermedad, que es tan mala como los judíos, se apodere de justos y pecadores. ¿Quiere usted un lavatorio de manos mayor? Pues se va la viruela y viene el tifus. Dentro de pocos meses empezarán ustedes á envenenarse con leche como todos los veranos, y al que se muera le enterrarán, pero nadie se cuidara de averiguar la causa de las intoxicaciones, ni de evitarlas, ni de castigar á los culpables. Tienen ustedes los teatros en unas condiciones espantosas en caso de incendio, y para no herir intereses, la autoridad no se atreve á cerrar ó imponer la reforma necesaria en los que tan malas condiciones leunen; esto ya es mucho hacer la vista gorda, pecado principal que yo he cometido. -Pero eso ¿que tiene que ver? -Dejeme usted continuar. Ahí tiene usted á Maura. Si le hubieran hecho gobernador de la Judea en mi tiempo y le llevan los judíos á Cas- tellano gritando: ¡Tolle! ¡Tolle incompatible! ¿qué cree usted que hace? Pues pide un lavabo y se deja las manos blanquísimas como el ampo de la nieve, y Castellano se queda sin acta. Pues acuérdese usted de Silvela: ya no se trata de las manos sólo; después de crearles á ustedes el catalanismo, el villaverdismo y el maurismo, que son tres obras suyas como las hijas de Elena, que también eran tres y ninguna era buena, se marcha á Carlbasd, se zambulle en una piscina y sale limpio de responsabilidades, diciendo: ahí queda eso ó tío, yo no he sido ó mejor aún: sobrino, yo no he sido dirigiéndose á Eugenio... ¡Pero qué enterado está usted de cosas de España! -Mucho. Como que no sabe usted la alegría que tuve cuando vi que en España se gritaba ¡Viva Toribio! lo mismo que durante mi mando gritaban los judíos bajo los balcones de mi casa ¡Viva Barrabás! Pero continúo mi interrumpido discurso. ¿Hay noticias en la historia de un lavatorio de manos semejante al que se ha verificado en España con motivo de la muerte de Meco? Todos han verificado la más curiosa ablución del mundo. Meco se quedó sin vida, y los que pusieron en él sus homicidas manos pagaron con una palanganita de agua, dedicándose en seguida á continuar la obra de acabar con otro Meco, si queda por ahí vivo alguno. De mí pensarán ustedes lo que quieran, pero si llego á perder Jerusalén para la soberanía de Ro- ma, crea usted que Tiberio me pone verde, porque no era hombre que aguantase de sus gobernadores tamaños desaguisados. -Bueno, amigo Pilatos, todo eso está bien, pero veo que usted no hace más que atacar á los demás, en vez de defenderse si puede. -Sí, señor; eso hago porque he empezado reconociendo que yo me porté mal y que no tengo disculpa; lo que quiero demostrar es que no deja de ser una injusticia terrible el que la tomen conmigo solo y dejen en paz á los demás gobernantes. En la humanidad hay muchos Pilatos: todas las autoridades son como yo v 1o que pido es que se tire de la cuerda para todos igualmente. -Pues si no dice usted más, hemos acabado. -N o señor: ya he dicho bastante. -Pues adiós, y recuerdos á Caifas. -Expresiones á Maura. EMILIO SÁNCHEZ PASTOR A CTUALIDAD FINANCIERA. ALGO RELACIONADO CON EL CRÉDITO Por una anomalía genui ñámente española, el mercado de obligaciones de la Villa de Madrid es insignificante aquí; en cambio, es muy importante, muy amplio en París. En París y en Francfort es donde residen los núcleos más numerosos de tenedores, porque del Extranjero es de donde ha venido siempre el dinero necesario para cubrir los numerosos empréstitos emitidos por la Villa. Esos tenedores, que han tenido durante medio siglo una confianza ciega en el porvenir económico del Municipio madrileño, no se han desanimado nunca, á pesar de las vicisitudes por las que han pasado Sus títulos y de las informalidades cometidas con ellos. Un hecho reciente ha venido á reanudar la serie ya larga de desaciertos: muchos cupones del empréstito de 1868 han sido presentados al cobro el 1 de Enero y rechazados porque les falta un pedazo del talón, cortado impensadamente con el último cupón. A reclamaciones posteriores ha contestado ambiguamente el Municipio, no ha resuelto la cuestión terminantemente. No conviene tomar medidas á medias: mejor hubiese sido rechazar definitivamente los cupones defectuosos, fundamentando en algo la resolución, y creando un estado definitivo de hecho, si no ds derecho. Si se diera cuenta nuestro Ayuntamiento del daño causado á su crédito, y de rechazo al crédito de la Nación, por su falta de seriedad, trataría de organizar mejor los servicios de su deuda. Al Extranjero le es difícil deslindar los campos, separar el crédito de la Nación española del crédito de la capital de España; no es de extrañar, por lo tanto, que en varias ocasiones se hayan producido en París bajas considerables de nuestro Exterior, arrastrado por la baja de nuestros valores municipales. Sería interminable enumerar los perjuicios ó agravios causados por Madrid álos tenedores de su papel. Mientras las ciudades del Extranjero pagan con regularidad sus cupones y sus títulos amortizados á partir del día del vencimiento, aquí se pagan parcialmente, por medio de una ó dos liquidaciones fraccionarias cada semana, durando á veces seis meses la liquidación total. Los sorteos del 2 de Enero y 1 de Julio son también ejemplo claro del desbarajuste de la Administración municipal; no se verifican nunca en la fecha convenida, sino tres y hasta en ciertos c sos seis semanas después; en cuanto á las listas, no se publican hasta pasados á veces dos meses. El buen nombre del Ayuntamiento madrileño sufre de estas irregularidades, y lo peor es que también sufre de rechazo el crédito del Estado de la falta de formalidad de la primera corporación municipal de España. En estas condiciones será imposible encontrar dinero para realizar obras de urgente necesidad. Todo alcalde celoso del prestigio de la Villa debe estudiar la cuestión poniendo límites al desbarajuste administrativo. ALVARO CALZADO