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AÑO DOS. NU 102. CRO- NICA SEMANAL ILUSTRADA. SEMADR 1 D, 3 r DE MARZO DE 1904 NÚMERO SUELTO, JO CAZA- TORPEDEROS KUSOS FONDEADOS EN PUERTO- ARTURO Y CON LAS MAQUINAS ENCENDIDAS PARA HACERSE A LA MAR AL PRIMER AVISO Pheto- Noiivellcs me valga! de los infelices, ya. que en la libertad y en el abandono enferman ellos, y recogidos y adecentados nos contagian á nosotros. Pero yo no- -Ya está ahí la Primavera. El Retiro, la Mon- creo que propaguen la epidemia. ¿No se les ha cloa, la Florida habrán sufrido la invasión anual bañado? ¿no se les ha vestido? ¿no se les ha puesde pintores, enamorados de los almendros en flor. to en condiciones de vivir regular é higiénicaCierto que son unos arbolillos preciosos, con sus mente? ramas retorcidas, sus troncos angulosos y el ejér- -Sí, pero se conoce que algunos microbios cito de mariposas blancas ó de copos de nieve po- salieron vivitos y coleando del agua tibia. Parece sados sobre aquéllos. Luego vendrán las lilas; des- que esos invisibles señores se agarran tenazmente pués nos iremos nosotros. Comenzará el desfile á su presa. Ya tú ves: un doctor acreditadísimo madrileño por la estación del Norte apenas la co- acaba de decir que aun en la perra chica que sale lumna termométrica empiece á subir la fatigosa de la mano del golfo se transmite el microbio del cuesta de Junio. Hermosa vida; un poco monóto- tifus. ¿Quién está libre de que esa perra chica na, en verdad. Pero por Madrid no pasan años: contaminada llegue á su poder y le contagie? todas las primaveras nos ofrecen las mismas dis- -Aquél que sólo lleve pesetas en el bolsillo. tracciones; todos los estíos los mismos viajes. -Tampoco. Las pesetas están enfermas hace ya- -No, no, perdona; la primavera actual tiende tiempo. á diferenciarse algún tanto de las anteriores. Ho- -Tienes razón: ¡nos hemos divertido: la calgaño veremos florecer las lilas sin compañías ex- derilla con epidemia de tifus y las pesetas con epitranjeras. La única compañía que disfrutaremos demia de cambio! ¡Si esto sigue así, los españoles cuando se cierren los teatros invernales será la vamos á experimentar un verdadero terror ante del tifus exantemático compañía eminentemente nuestra moneda! Gracias á que cada vez tenemos nacional. menos, y las enfermedades se irán acabando por- ¿Pero en qué consiste que apenas se cierran falta de vehículos de transmisión. los teatros se recrudece el tifus? -O1 tal vez se concluyan las epidemias más ra- -No es que se recrudezca, es que sale de las dicalmente por falta de sujetos contaminables. El butacas. Durante el invierno, sus aterradores efec- precio de los alimentos, aun de los más humildes, tos se sienten en las salas de los coliseos. Llega la sube y sube cada día; la crisis del trabajo en Maprimavera, principia la clausura de los teatros, y drid aumenta extraordinariamente. El microbio el tifus se extiende por la población. del tifus podrá ir en una perra chica, pero el mi- ¿Entonces no tienen la culpa de su actual crobio del hambre va en la ausencia de esa misma desarrollo los pobrecitos golfos? ¡Infelices! Ape- perra. Los proletarios y aun los individuos de la nas les han adecentado vistiéndoles con esos tra- clase media más modesta podrán reírse del tifus jes de rayadillo que les dan aspecto de repatria- cuando sientan la agonía del hambre. ¡Esta mata dos de las cuevas y de los desmontes, apenas unas más que todas las epidemias juntas! cuantas buenas almas les han mostrado en las es- -Yo creo que tú exageras la nota triste. ¿No cuelas- asilos los beneficios de la instrucción y del concedieron las Cortes al Ayuntamiento de Maagua limpia, ya les amargamos toda su alegría cul- drid para alivio, ya que no remedio del ahogo sopándoles del recrudecimiento de la epidemia tífi- cial, un crédito de dos millones de pesetas? ¿Pues ca. Si tal inculpación obedeciera á fundamentos qué ha hecho el Municipio de esos dos millones? sólidos, habría que pensaren el exterminio ¡Jesús- -Los ha puesto en el escaparate de casa de EN T R E SEMANA. DIÁLOGOS CONYUGALES Lhardy para que los trabajadores hambrientos pasen por allí, los vean, y se relaman de gusto y se alimenten con la vista. -Y mientras los concejales discuten en qué y cómo han de emplearse esos dos millones, allí se están tan orondos en el escaparate de Lhardy, saboreados en ilusión por las resecas lenguas de los hambrientos. A veces, alguno de éstos no puede resistir la alegría que le produce aquel hartazgo imaginativo, y cae exánime al suelo para que le lleven las personas piadosas á la Casa de Socorro y le den en ella por toda medicina un caldo. En la farmacopea española, el caldo es el gran agente terapéutico. Nuestros excelentes boticarios podrían tirar al pozo todas las substancias medicamentosas acabadas en ina, menos una. ¿Cuál? -La gallina. Si el sueño de Enrique IV para sus subditos de Francia y de Navarra se realizase alguna vez en nuestro país, hasta la peseta volvedría en sí, y los microbios del tifus se morirían de rabia en la superficie de Jas perras chicas. Y menos mal que hay todavía en Madrid quien come caballo. ¡Dentro de poco, los más felices comerán trole! ¡Qué lástima, una miseria tan grande bajo un cielo tan hermoso! Mírale qué intensamente azul, y contempla qué sol tan espléndido. Esta mañana, cuando vi á las puertas de la iglesia la muchedumbre con sus palmas doradas y su oloroso romero, bañada por la viva luz primaveral, me pareció que iba á surgir la suave figura de Jesús entre los grupos de humildes y menesterosos, clamando éstos alegremente: ¡hossanna! ¡hóssanna! -Pues bien hace el Padre de los huérfanos y el amparo de los débiles en no aparecer por Madrid ni aun en Domingo de Ramos. Le vestirían de rayadillo y le acusarían de propagar el tifus exantemático. ¡Que no baje otra vez, ó le llevan al cerro del Pimiento! JOSÉ DE ROIÍRE