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Pág. 4 ABC Núm. ÍOJ LA GUERRA I M P R E S I O N E S DE ¡Ea! vamos á ver cómo UN LECTOR a n d a e so del Extremo Oriente. N o se puede negar, aunque la confesión lastime mis sentimientos humanitarios, que es sumamente agradable después de una buena comida, con un buen cigarro en la boca, sentado en una buena butaca y cerca de una buena chimenea, enterarse de cómo se matan los hombres. Mejor dicho, de cómo deberían matarse; porque hasta la fecha, las víctimas confesadas del conflicto son muy pocas. Más gente se suicida en Madrid, y nadie hace caso de ello. ¿Conti miaremos con los ataques á Port- Arthur? Esos ataques inútiles me van va fastidiando. Se parecen á los ataques que le dan en escena a la Valvcrde cuando se entera SS. M M A BORDO DEL VASCO PRESENCIANDO EL SALVAMENTO DE LOS PASAJEROS DEL VAPOR MEL 1 T 0 N QUE ABORDÓ AL V A S C O RESULTANDO PARTIDO POR LA PROA, SEGÚN PUEDE VERSE EN LA FOTOGRAFÍA E! servicio obligatorio comprende aquí desde los veintiuno á los cuarenta y tres años cumplidos; tiene tres situaciones, activo, reserva y milicia, y todo ruso ha de estar en el cuartel, al menos, dos años. Y es tanto más admirable esta ley sapientísima, cuanto en sus disposiciones abarca, no ya la organización militar, sino la más completa renovación social y política. Ayer y anteayer fueron para mí dos días exclusivamente militares. En unión de nuestro agregado y de varios jefes y oficiales del Estado Mayor general ruso, visité dos cuarteles: uno de infantería y otro de caballería. De mi visita hablaré otro día con más detención, pues es mucho lo que hay que contar y poco el tiempo de que dispongo. Baste decir que, desde los dormitorios hasta las cuadras, desde las capillas hasta los cuartos de baño, todo es admirable, todo limpio, todo nuevo y todo lujosísimo. Enfin, y para terminar: como me llamasen la atención unas pequeñas bolsas que llevan aquí pendientes de una correa todos los soldados, interrogué á un oficial: ¿Qué llevan los soldados en esas bolsas? Supongo que no serán cartuchos, porque son pequeñas. -No, señor. Son los gemelos de campaña. Con que ya lo saben ustedes. En Rusia, hasta los soldados tienen gemelos de campaña. En muchos países no los usan ni los oficiales... CRISTÓBAL DE CASTRO salvas surgieron; el espacio fue atronado por cañonazos estruendosos, cuyos ecos repitieron las montañas; y unas horas después, al entrar en agujas el tren que conducía al Rey de España, la Marcha Real lanzó al aire sus acordes, el entusiasmo flotó en el ambiente. Emperador y Rey se abrazaron, besáronse dos países. El día siguiente amaneció espléndido; el cielo diáfano, de un azul turquesa, resplandecía ya al fulgor de un sol franco, brillante, español. El Rey prusiano fue á reunirse con el español, y á bordo del Vasco Núñez se pasearon por la bahía como dos seres insignificantes, sin el aparato de Corte y escolta que rodea á los jefes de los Estados; se mecieron en las tranquilas aguas de Vigo como dos propietarios ricos que pasearan en su yacht. Y á la vuelta, cuando Is flota pesquera preparaba una manifestación de simpatía entusiástica, un vaporéete abordó al Vasco Nüñez: surgió, el terror entre los tripulantes, y aquellos dos reyec ayudaron á subir hasta ellos á los que peligraban, se olvidaron de que eran seres superiores, para recordar que ante todo eran hombres; el Kaiser dio la mano á un chiquillo y nuestro Rey ayudó á subir á un anciano. El Vasco JVúñez volvió al centro de la bahía, donde esperaba á los Soberanos una manifestación marítima original o San Petersburgo, 5 Marzo. Fotografías hechas expresamente pnrn ABC c ROÑICA DE ACTUALIDAD. EL KAISER EN ESPAÑA Voló la noticia; los preparativos fueron rápidos, rápido el viaje, y en pocas horas afluyeron á Vigo miles de personas que querían presenciar la entrevista de los dos soberanos, el germano Emperador y el español Rey. Entró el trasatlántico alemán con majestad, deslizándose sobre la bahía, que la brisa rizaba de espuma; detrás, humeando por sus tres chimeneas, el crucero Vederico Carlos escoltaba al 1 ey Alberto, mostrando á todas partes su periferia blanca erizada de cañones. El Giralda, el Pelayo, el fuerte, por todas partes las y sugestiva: un sinnúmero de vaporaros empavesados y pletóricos de gente que agitaba sus pañuelos y enronquecía de entusiasmo. A las cinco de la tarde del miércoles coleó el trasatlántico; sus hélices monstruosas le hicieron temblar, y una medía hora después avanzaba á buen paso ría adelante, abriendo el agua en enormes bigotes de espuma, y detrás el Giralda seguía al buque imperial con paso elegante; escoltando á las dos embarcaciones regias, el crucero blanco erizado de cañones estremecía el mar con su paso monstruoso de cetáceo gigantesco. Rodeaban á los tres buques un sinnúmero de vaporcillos llenos de gente. De todos partían voces de entusiasmo; todos decían ¡adiós! al imperial viajero; de algunos surgían las graves notas del Himno alemán; los cañones de la plaza lanzaron su formidable despedida, y cuando las siluetas de los dos barcos germanos desaparecieron en el horizonte, el día se fue con ellos, hundiéndose allá lejos en el mar. ADELARDO F E R N Á N D E Z ARIAS ÍÍ. M. EL REY CON DE UNIFORME DE CORONEL DEL DE LINEA REGIMIENTO EN SU ALEMÁN INFANTERÍA DE MAGDEBURGO, T ERA ENTREVISTA CON EL EMPERADOR GUILLERMO l it. 1- Y: i nzeu de algo muy gordo, próximo ya el desenlace de la obra. Sólo que en esto del teatro de la guerra estamos aún, como quien dice, en la sinfonía. Señores rusos, señores japoneses, ¿no les parece á t- f BL KAISER DIRIGIÉNDOSE EN UN BOTE DE VAPOR DEL K EN 1 G- ALBERTB AL VASCO NÚÑEZ DE BALBOA S. n E L R 8 Y Y SU COMITIVA EL MPM M nP Fl I1 T I ESPERANDO EN EL VASCO AL EMPERADOR SALUDANDO Á LA BANDERA DEL PELAYO