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ABC Núm. ÍOO s- I; ñ M ft TROPAS DE INFANTERÍA DE MARINA RUSA RECIENTEMENTE ENVIADAS Á LA MANCHURIA, EN EL MOMUNTO DE PASARLAS REVISTA EL ZAK EN SAN PETERSBURGO P M A SD E C T O S T AASD R I L E Ñ O S E VEN HOTELES Soy un ferviente convencido del alma de las cosas, sobre todo de aquéllas que en íntimo y perpetuo contacto con los hombres se van impregnando de su espíritu y participan de sus alegrías, de sus penas, de sus esperanzas y de sus recuerdos. Los muebles que nos rodean durante largo tiempo, la butaca en que descansamos, el cuadro que en los momentos de meditación suele atraer nuestra mirada como punto de rebote para el pensamiento, hasta el frágil y minúsculo bibeíot, obra de un capricho y adquirido por otro, juzgo que forman parte de nuestro propio ser, y que efecto de esa potente absorción que caracteriza al espíritu, entran en el círculo de nuestra personalidad y se animan y viven con la esencia de nuestra alma y el reflejo de nuestra vida. El hombre no concluye ni materialmente en las líneas ó en el relieve de su cuerpo; hay algo que flota en torno suyo y se diluye en el ambiente: corriente nerviosa, irradiación calórica, lo que fuere; un desdoblamiento de la personalidad física que no percibe la mirada, pero que notan vigorosamente los cuerpos de aquellos que se aman, cuando la cita ó el azar los reúne: ¡vaho de vida que vamos esparciendo por el espacio y que se remansa normalmente en aquellas cosas que nos son más familiares: nuestras ropas, nuestros libros, nuestros muebles! Y cuando en éstos se compenetran y confunden el exceso de nuestra actividad fisiológica y el afecto acariciador de nuestro espíritu, ¿quién duda de que viven y sienten con nosotros, como una prolongación de nuestro ser, como una irradiación de nuestra personalidad, como círculos concéntricos de nuestra existencia? Por eso al recorrer los vastos salones de los Hoteles de Ventas, atestados de muebles que han perdido sus almas, siento yo una profunda melancolía, muy semejante á la que me causa el contemplar los patios de los cementerios con sus superpuestas filas de callados nichos. A esos Hoteles van en revuelta confusión los muebles coquetones de la mujer galante á quien se le extravió el senador vitalicio que la protegía, y el ajuar modesto de la familia honrada que ha de salir de Madrid para una capital de provincias ó para la más lejana expatriación de una buhardi- lla. Magníficos espejos, soberbias arañas, doradas vitrinas, sillerías de profusa talla y telas riquísimas, alternan en la soledad polvorienta del salón con modestos entredoses, candelabros de metal, relojes de chimenea, butacas y sofás de tela descolorida, acusando aquellos lujosos muebles la tragedia de la casa aristocrática, la quiebra del procer, y éstas otras humildes prendas los dramas ocultos que tienen por escenario las casas de la clase media, cerradas pudorosamente á la investigación de un dolor que esas cosas humildes y queridas han contemplado y callan. Los salones se suceden, los muebles no acaban, todos ellos ostentan en una cartulina el precio en que podéis adqui- rirlos; tapices, armas, aparadores, lechos, bandejas, percheros, cuadros, bufetes antiguos y modernos escritorios; cuanto se necesita para la vida modesta, cuanto se exige para el fausto y el brillo, lo que sueña para la alegría y la comodidad de un hogar la mujer hacendosa y lo que satisfaría el capricho por unas horas de la dama opulenta, todo se encuentra allí mudo, esquivo, sin alma, clasificado en pesetas, callando lo que vieron é indiferentes á lo que han de ver cuando el azar les proporcione nuevo dueño. Y pasáis de uno á otro salón contemplando nuevas y abigarradas multitudes de muebles, creyendo, ya mareados y confusos, ¿que asistís la VAPOR JAPONÉS HAKOKU CARGANDO CARBÓN EN MOJÍ ANTES DE MARCHAR! UA ENTRADA DE POKT ARTHUR PARA HACERSE VOLAR, Á FIN DE CERRAR LA SALIDA Á LA ESCUADRA RUSA l ol. Chusseau- Flaviens