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as sobre Za vida en T (usia, forzosamente he de dar prin- cipiopor h Corte. Porque aquí, la Corte del Zar, es el principio y es el fin y lo es todo. Y como el Verbo de nuestros países católicos, el Zar en esta nación de cismáticos existió ya desde el principio. ué vida hacen el Zar, la Zarina y la Emperatriz madre? Tras esta averiguación he andado varios días; si fin, no sin muchos trabajos, porque la cosa no es tan fá c he conseguido averiguarlo, y ahí va para que se entejen los lectores de A B C. El Zar en todo tiempo se levanta á las siete, y ahora con la guerra, el ayudante de guardia, mientras se desayuna el Emperador, le da cuenta de los últimos despachos importantes. Luego la Zarina, el Zarewítch y la Princesita penetran en el despacho imperial; se retira el ayudante, y el Zar hace de padre media hora. Puestos de acuerdo ambos esposos sobre la distribución del día, la Zarina muestra su carnet; en él aparecen, invariablemente, visitas á hospitales, á exposiciones, juntas benéficas, et cétera, etc. A las ocho, el Emperador pide el caballo y la Emperatriz despacha su correo. Y mientras el cosaco de turno- -aserio y gigante y vanidoso- -tiene el caballo de la brida, S. M firma ukases, rescriptos y cartas á otros reyes. Alguna vez, y con la guerra va siendo ya frecuente, suele ocurrir que el Zar no tiene tiempo ni para dar su paseo á caballo; le aguardan un general, un ministro, un diplomático, un patriarca... y como todos ellos traen asuntos relacionados con la guerra, Nicolás II se resigna y comienza las audiencias, los planes y las quiebras del oficio de emperador. A ¡as once, con puntualidad de oficinista que tiene priesa, el Zar toma su almuerzo á la rusa, muchas veces firmando, ó leyendo ó dictando, entre cucharada y cucharada. Y á la una, ya con algún respiro, vuelve el serio cosaco por el potro ¿y S. M. sin otra escolta que el gigante con su gran morrión de piel, se dirigí á cualquiera de los treinta y cinco cuartdes que tiene Petersburgo, ó galopa hacia las afueras de la ciudad, donde por cualquier sitio hay siempre tropas maniobrando. Algunas tardes, cuando hay aperturas de exposiciones, inauguración de un hospital, primera piedra de un asilo, ó cualquier solemnidad así, el Emperador llega á caballo, y allí se encuentra con su esposa y con su madre la Emperatriz viuda. Cuando ninguna exigencia oficial le sujeta, Nicolás II regresa al Palacio de Invierno y, encerrado en su despacho, redacta ó dicta, sin parar, telegramas á Alexeiff, á los jefes de cuerpo de Varsovia, del Turquestán ó del Cáucaso, á los gobernadores de Siberia ó de la Finlandia. A las siete, la Familia Imperial come, algunas veces acompañada de la Emperatriz madre. Luego, de sobremesa, los grandes duques Constantino y Miguel, y algunas noches Wladimiro, emborronan cuartillas, sumando los donativos para la guerra. Y á las ocho y media, un cochecillo- -sin otra librea que el cordón rojo del cochero, sin otro distintivo que el buen cosaco, firme en la trasera como un poste- -conduce al Zar al pakcio de su madre, desde donde regresa á las diez en punto para encerrarse en su despacho otra vez y comenzar de nuevo las conferencias, los telegramas, los ukases y los rescriptos, que duran muchas noches hasta la madrugada. La Zarina tampoco sosiega. Entre las doscientas juntas que preside, siempre hay varias que la ocupan horas enteras, y solamente en firmar cartas dando gracias por donativos para la guerra, hay días que se está dos horas, pues, de ordinario, siempre añade de su puño y letra alganas palabras. Si es la Emperatriz madre- -el gran ídolo popular, la Zarina demócrata y aclamada siempre, -no tiene otra idea ni otra ilusión que su gran taller de costura. En este taller, montado por la Emperatriz misma en su propio palacio, los más aristocráticos dedos se pinchan con la aguja de coser. Hora y media diarias, la alta so- FIN HEROICO DEL CRUCERO Rl Q ift i: v v 1 v i. m í ESCUADRA JAPONESA EL VARYAG ECHADO A PIQUE EMBARCACJ Kr 5, r EL EMPERADOR DE RUSIA, NICOLÁS II, PASANDO REVISTA EN SAN PETERSBURGO A LA ARTILLERÍA MANDADA EL DÍA l 5 DE FEBRERO AL TEATRO DE l. A GUERRA LLEGADA A PUHRTC E LOS COLONOS RECLUTADOS EN LA PEN 1 N