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Pág. ABC BROMA. UNA INA la hora de cerrar el presenté rtúmerd, continúa la conferencia de Maura y Pellejín. Núm. 99 inventó para premiar las alegrías del amor en la raza humana; ese mono ilustre, admirable. ¡Un mono que no ha terminado sus días como un académico cualquiera! Y joh fuerza del destino! Parece ser que Cónsul será disecado, honor que se niega generalmente en Francia á los miembros de la Academi? de inscripciones y bellas letras... Habiéndose exhibido en vida, continuará haciéndolo después de muerto. Así, ni aun el reposo eterno se le concederá. Todavía debe sufrir el martirio de la admiración. Y la admiración más atroz: la de las multitudes. F. M O R A París, 3 o Febrero ¡904. L A VIDA EN TERVIEW Luis TABOADA En vista de la actitud del Sr. Maura y de su decidido propósito de continuar al frente del Ministerio mientras tenga el duplo de un voto, PeUejín se ha separado del Sr. Villaverde, y al efecto le escribió una carta que decía así: Mi respetable D. Raimundo: Altas razones 1 os periódicos parisienses han consagrado estos políticas, que no debo expresar por tratarse de últimos días necrologías elogiosas, no á ninun asunto reservado que me impone la mayor reserva, violentan mi voluntad y me obligan á sepa- gún heroico soldado muerto lleno de gloria en el rarme de la agrupación que acaudilla. No extra- campo de honor, ni á ningún sabio, ni á ningún ñe usted, pues, mi conducta en lo sucesivo, y co- hombre eminente de esos que viven ignorados mo no me gusta hacer nada que no pueda ser co- hasta el día en que tienen á bien despedirse de nocido de todo el mundo, le manifiesto que estoy este picaro mundo. No: esas encomiásticas necroconforme en un todo con el ilustre Sr. Maura, á logías han sido dedicadas á un mono. Sí: á un quien con fecha de hoy he pedido un mechón de mono que en vida se llamó Cónsul. ¡Cuántos sapelo, á fin de llevarlo siempre en el medallón de bios se han muerto sin haber obtenido tanto! Según dicen esas oraciones fúnebres, Cónsul la cadena. Esto mismo hubiera hecho con el de usted si no mediaran ciertas circunstancias que me estaba estimado como un valor de 625.000 franreservo. Por lo demás, en mí tendrá usted siem- cos- -figuraos cuántos cristianos andan por esos pre un admirador de sus dotes, y si mañana vol- mundos por quien nadie daría ni dos pesetas. -viera usted á sentirse indispuesto del estómago ó Ese mono ilustre ganaba, mal mes, ó buen mes, de otra cualquier cosa, no tiene más que mandar- de 25 á 3o.ooo francos. Más, mucho más que todos los ilustres periome un aviso y correré, como particular, á enterarme de su salud y á prodigarle mis atenciones per- distas madrileños juntos; ¡y eso que hay periosonales. No terminaré esta carta sin remitirle re- distas ilustres! -Según esas mismas crónicas afircuerdos de mi señora, aunque no tiene el gusto man, este mono feliz tenia asegurado el pan de de conocer á usted más que por retrato, y con toda su vida. Otra superioridad de Cónsul sobre afectos al Sr. García Alix, queda suyo atento ser- una infinidad de chimpancés clasificados por los naturalistas con la etiqueta de Seres humanos, que vidor q. b. s. m. Atilano Pellejín. Cuando hubo depositado esta epístola en manos habiendo trabajado toda su vida, no tienen sobre del secretario de D. Raimundo, Pellejín fuese á qué caerse muertos. Cónsul era un capitalista, y como tal tenía deun bazar de corbatas que debe haber en un piso cuarto de ¡a calle de la Paloma y compró una de recho al respeto de las gentes. Por esto, un pelazo hecho, color salmón con pintas verdes; la en- riódico envió á uno de sus mejores reporteros á volvió en papel de seda y la introdujo seguida- inlerviewar, no precisamente á la familia, sino al mente en el bolsillo interior del gabán. Después empresario, sobre una carrera tan bruscamente indirigióse á la presidencia del Consejo, se hizo terrumpida. -Estoy consternado- -dijo aquél al periodisanunciar á D. Antonio, y obtenida la venia, peta. -Cónsul era algo más que un animal. Era una netró en el despacho presidencial: especie de hombre. -Señol plesidente- -dijo con voz alterada por la- ¿Cómo una especie de hombre? ¿Dónde están emoción: -no sé cómo expíesal á usted mi afecto, y mientlas no telmino una composición poética que esos hombres- -pregunto yo- -que sin fortuna, por pienso dedícale en el Adalid de Villamulos pe- su solo talento, ganen 3oo.ooo francos al año? liódico que lecibe mis inspilaciones, acepte usted este o no veo en la especie humana más que algupequeño obsequio. nos chimpancés capaces de tanto. Y aun así, Y al hablar así, nuestro héroe depositó en ma- esos son chimpancés hembras. Alguna que otra nos de D. Antonio la elegante corbata. El ilustre estrella, luminosa hoy, eclipsada mañana, que á presidente sonrió a! ver la prenda y la puso de- fuerza de una gran habilidad profesional llegan á bajo del pisapapeles. En seguida irguióse con la competir con Cónsul en eso de ganar dinero. Pero gallardía en él peculiar y pronunció un corto á la no hay competencia que valga. Cónsul era un vez que grandilocuente discurso. mono modesto y económico. Para él todo era Aquello animó á Pellejín para espontanearse beneficio. con su jefe. Nada de costurero, nada de joyero, nada de- -Voy á sel flanco, señol de Maula- -le dijo. -camisero. Sí; Cónsul era despreocupado para su Todo diputado tiene sus aspilaciones, y máxime tenue: se ponía lo que buenamente le daban. más cuando este diputado es joven y posee dotes Yo me acuerdo de un día- -dice un cronista de inteligencia, aunque me esté mal el decilo; parisién- -que pasando por la rué Trevise, á la pues bien, yo aspilo á la cállela de Malina y tengo caída de la tarde, vi pararse un coche en el que hecho estudios soble este impoltante lamo. A mí se encontraban dos personas. puede usted pleguntalme cuántos palos tiene una Una de ellas descendió. Yo observaba á la otra, flagata, y dónde llevan los baleos el timón, y qué que se quedaba dentro del carruaje. Su figura me es un tolpedelo. Todo lo sé, D. Antonio, y en cam- chocó. Aquella persona llevaba un sombrero flexibio ha habido ministlos de Malina que confundían ble con el ala caída sobre los ojos. Su traje lo oculla popa con la ploa, y al oil hablal de un chicote taba un gabán viejo y largo. cleían que se Halaba del plimel actol del ieath En la semiobscuridad de la calle creí enconModelno. trarme en presencia de uno de esos husinessmen- ¿Y cómo evitar, amigo Pellejín, esas y otras americanos que, habiendo realizado una gran foranomalías, puramente ocasionales, ó por mejor tuna, conservan, sin embargo, las sencillas cosdecir, del momento? El que, como yo, se halla al tumbres de su juventud y se visten sin ningún esfrente de los destinos de una nación más ó me- mero, sabiendo por adelantado que sus millones nos poderosa, pero nación al fin, vése constreñido hablan por ellos, y que por todas partes por doná encomendar las funciones heterogéneas que de fueren, las gentes les dispensarán, sin ocuparse constituyen la gobernación de un país, á personas del abandono de sus vestidos, la acogida que se que no siempre se hallan adornadas de las dotes merece todo saco repleto de onzas de oro. apetecidas. No siempre existe la necesaria nivela Comc siguiera mirando al extraño personaje, ción en los empedrados; poco ó mucho, nunca me preguntaba si su fortuna la habría ganado con falta un adoquín que sobresale, obstruyendo el el petróleo ó con la salazón. Entonces vi á su paso del transeúnte. acompañante tender los brazos, y al personaje, le- -Pues yo, en Malina, cleo que halla buen vantándose con aire tímido, dejarse coger como papel. Tengo un plan muy vasto. un niño. Hasta aquel momento no había visto que- ¿Un flan, ha dicho usted? era un mono. -Un plan de escutfdla: unos diez ó doce acola Era Cónsul, que asistía á un ensayo. Iba sin zados de á cinco chimeneas uno con olio, y des- ningún entusiasmo, como chimpancé hastiado, sin pués nueve clucelos, cincuenta y cuatlo tolpedelos, ilusiones. ¿Y cómo tenerlas un mono que había aldoce contlatolpedelos, y una lancba de vapol. ¿Qué canzado la gloria, que era rico, que se veía agale palece á usted mi ployecfo? sajado por las mujeres y adulado por los perio- -No me parece mal. distas 7... -Pues ya lo sabe usted, D. Antonio; si ha Sí, señores; ese mono que ha tenido el talento pensado usted despedil á Felándiz, acuéldese de mí. escaparse de las manos de todos los Merchnide- -Hablaremos, hablaremos. koff, que seguramente se hubiera divertido con él -Glactas en mi notable y en el de mi familia. inoculándole ese virus que la divina Providencia Monos ilustres L C A R B Ó N C O N T R A B A N D O DE GUERRA El Gobierno ruso ha publicado en el Boletín de las Leyes del Imperio la enumeración completa de los artículos que considera como contrabando de guerra mientras dure su contienda con el Japón. Dicha enumeración comprende cuanto puede ser útil y necesario al imperio del Sol Naciente; es decir, armas, equipos, pólvora, explosivos, ecétera, incluyendo también el carbón. Esto es lógico, porque los actuales buques de guerra necesitan, lo mismo que cañones y municiones, el carbón. La medida tomada por el Gobierno ruso no debe sorprender á las naciones neutrales, tanto menos, cuanto que no es la primera vez que el carbón es incluido entre os artículos considerados como contrabando en caso de guerra. Así es que varios jurisconsultos célebres ingleses y alemanes, entre ellos Phillimore, Hall, Heffter y Blunstschi, opinan en el derecho público contemporáneo que el hecho de transportar carbón á un puerto militar en un estado beligerante, puede hacer de esta materia contrabando de guerra y ser legal su confiscación. Francia se ha mostrado partidaria de declarar libre el carbón en varias ocasiones, como lo prueba el hecho deque ningún buque francés capturó transportes de carbón en 1854, en 1859, ni en 1870. El célebre jurisconsulto sueco M Kleen, que ha estudiado con especialidad el contrabando de ¿uerra, cita los siguientes ejemplos: En 1854, Inglaterra, entonces en guerra con Rusia, se apoderó de varios transportes rusos cargados de carbón con destino á Rusia. En 1870, por el contrario, neutral en la guerra franco- prusiana, autorizó la Gran Bretaña á sus subditos para que vendieran todo el carbón que les pidieran ambos beligerantes. Hoy, la aliada del Japón se atiene al precedente de 1870: varios buques japoneses se aprovisionan de carbón en Cardiff, proponi endose transportar 25.000 toneladas al Japón. Los buques de guerra moscovitas, por su parte, se atienen á la actitud mostrada por Inglaterra en í 854, y destacan unidades por el Mediterráneo y el Mar Rojo con el propósito de apresar, como ya lo han hecho con cinco ó seis, cuantos barcos lleven cargamento de carbón para los puertos japoneses. Por lo tanto, las potencias neutrales no podrán- -sin exponerse á complicaciones internacionales- -transportar ó convoyar á ninguno de los beligerantes carbón ni otra cualquiera de las materias enumeradas en la prohibición publicada por el Gobierno ruso. Ignoramos si en esa prohibición estarán incluidos los víveres, pero es de suponer que lleguen á estarlo; porque si necesarios son los cañones, las municiones y el carbón, indispensables son también los víveres. Y por tanto, lo mismo se puede acusar á una nación de romper su neutralidad por el hecho de transportar ó convoyar á uno de los beligerantes cañones, explosivos, pólvoras ó carbón, como por el de mandar harina, conservas ó ganado. E CONFERENCIAS SOBRE LA GUERRA. OPINIÓN DE UN DIPLOMÁTICAS. VIEJO DIPLOMÁTICO SOBRE EL CONFLICTO RUSO- JAPONES. ESTADO FINANCIERO DE AMBAS N A C I O N E S BELIGERANTES. LO QUE COSTARA LA GUERRA He tenido ocasión de conversar algunas horas con un viejo diplomático de las Cortes de San Petersburgo y Tokio.