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Nám. 98 ABC NOTAS TEATRALES 1 0 PERMANENTE T queT g; enero chi- -de el co va de capa caída, y hasta se cree que está llamado á desaparecer en plazo breve. Entendámonos. ¿Se alude al género, en sí mismo considerado, ó á la clase de género que en estos momentos se le sirve al público? En el primer caso, y si es por cuestión de cantidad, no tendría razón de ser la profecía, teniendo en cuenta que siempre se han escrito zarzuelas en un acto y se han representado con aplauso del público, mucho antes de que existieran los teatros por horas. oma tp Pág. 7 floridas y decires ingeniosos, exóticos en nuestro siglo negro y prosaico. Poco conocida es la leyenda de su vida. Yo diré algo de ella y de su labor literaria. Quisiera tejer en mi estilo el azul de sus fantasías y la hiél de su vivir cotidiano. Hasta sus veinte años vivió en la aldea. Cuando vino á la lucha traía en el alma una paz eglógica y el madrigal de su juventud, y en la frente altiva la gamma de oro de las quimeras adolescentes. Solo y pobre, sus días bohemios fueron muy amargos; pero iluminaba su vida menesterosa la esperanza de un porvenir propicio. En estos tiempos hizo sus más bellas poesías J una paloma y E color de los ojos, rima de una dulce filosofía. Una tarde que los notables de la época estaban reunidos en el teatro Español, llegó un joven alto, de melena romántica... El descuido de su traje indicaba frecuentes diálogos con las Musas. Llevaba debajo del brazo un manuscrito que entregó al Comité de admisión. Era un drama titulado Don Trancisco de Quevedo. -Si es bueno, se hará, -dijo Miguel de los Santos Alvarez. -Entonces, se hará, -replicó el joven. Y se hizo. Dos meses después, Florentino Sanz salía al proscenio á recibir el homenaje de las hermosas y los inteligentes, y era llevado en hombro: á su casa y entre antorchas encendidas. Su cabezt parecía nimbada por luz apolina en esta noche inol vidable, tal vez única para su corazón. Durante algún tiempo le sonrió la esfinge de h vida. Coronado con el laurel del triunfo, lo fue también por la mano de algunas bellas y con las rosas del amor. Tuvo amables aventuras, galantes y desafíos caballerescos. Cuatro años más tarde, el año i852, estrenó Achaques de la vejez, muy notable comedia, aunque inferior á Don Francisco de Quevedo. Se le atribuye también un drama titulado El puñal y la escarcela, su mejor obra, según el decir de algunos íntimos, pero nojlegó á representarse ni se ha encontrado el original entre sus papeles después de su muerte. Hay quien cree, y es persona muy digna de crédito, que este manuscrito ha permanecido encerrado en el secreter de una dama hermosa y algo amiga de las letras, cuyo nombre y el deí poeta están unidos en una historia maliciosa. Era fervoroso admirador de Heine, y suyas son las mejores traducciones que se han hecho del divino ruiseñor alemán. Y esto es lo único que se conoce de su labor literaria. Hace tiempo se dijo de una edición completa de sus obras, dramas, traducciones y muchas rimas inéditas. Es lástima que ese proyecto no se realice. Así se conocería su obra, y su memoria sería debidamente honrada. Nada diré de su vida ordinaria. Que habló en el Congreso, que fue ministro plenipotenciario, etcétera. Eso poco importa. Su verdadera vida, su vida de poeta, terminó prematuramente. Dejó de escribir sin que nadie supiera el motivo. Cuando murió, algunos periódicos inflaron un requiescat... Cuatro lugares comunes. Después se le olvidó. Y así ha pasado por la vida este gran poeta enamorado de la Belleza y r e la Gloria, esa novia inmortal... EMILIO CARRERE Una figura medioeval DFÍDE SANTIAGO. -En la sala de San José, del Hospital, acaba de morir el bohemio IX Adolfo 7 Eco de Galicia. e n e conocido. Era alto, con el mirar intelígente y noble, con la faz huesosa y una barba dorada donde ya se veían algunos hilos de nieve. Desde su mocedad recorría el mundo. Todos los años pasaba ante mi puerta y aún era arrogante en su apostura y aún sus ademanes eran caballerescos. Iba por las ciudades y las aldeas como una visión de otra edad. Alma llena de un santo orgullo, fiera y gallarda, ao encontró al nacer ambiente propicio, y lejos de ceñirse á Jas convenciones de la época, prefirió vivir en constante ensueño. Nunca, en aquellos parajes, se le miró con desamor. Las multitudes deben sentir una admiración secreta é invencible hacia cuanto se aparta de lo vulgar, quizá por la valentía de alma que esto manifiesta. Y los labriegos del Norte tal vez amasen en D. Adolfo al buscador de su dicha lejos de la realidad. El tiempo no había podido encorvar sus hombros ni fatigar sus piernas. Cuando yo le he visto aún conservaba la gallardía de los años juveniles, y aún su presencia era noble y gentil. Tenía los cabellos luengos. T e n í a las mejillas pálidas. Y aunque jamás llevó la cítara de los trovadores, con sus guedejas flotantes, con sus ojos de dulce mirar y su violín bajo el brazo, parecía un hijo de las edades caballerescas. En toda sazón á pie, llevando en invierno igual vestimenta que por el estío, era seguro ver á don Adolfo, aquí y allá, hacia épocas marcadas. ¡Cuánto le querían los labradores! ¡Cuánto se alegraban al paso de aquella figura añorante! Andaba, sin fatigarse nunca, por montes y por valles cuando el sol escandecía y cuando el aire era glacial y la lluvia implacable. Andaba así un año y otro año, escuchando siempre en los mismos lugares los cantos de la siembra y Jos de la recolección. Cruzaba montes escuetos donde no había árboles que diesen sombra, donde sólo veía arrastrarse los lagartos, ebrios de sol, luciendo al abrir sus bocas la blancura nivea de los dientes sobre el vivo carmín de las fauces. Pasaba sin detenerse sobre los valles de exúbera vegetación y bajo los toldos de hojas y de flores; cruzaba ríos sobre alguna vieja barca, oyendo los golpes hondos, los golpes secos del remo en el cauce pedregoso y el eco moribundo de lejanas canciones. Y sólo se detenía cuando, durante las deshojas, alcanzaba á ver mujeres que laboraban en las eras á la sombra de los parrales, ó cuando en tiempo de romerías hallaba mozas con atavío de fiesta sobre los senderos. Entonces desenfundaba el violín para cantar y tañer. Y era dulce, era melancólico tañendo. Y era galante y era adolorido cantando. ¡Tus ojos, ay, qué azules son! Con sus miradas la paz me roban del corazón... ¡Tus ojos, ay... qué azules son! Tenía el pobre la obsesión de los ojos azules. Unos ojos así llevaba clavados en el alma: los ojos de la única mujer á quien amó, y sólo ojos color de cielo veía. La mujer aquella debió morir ó debió haberle malpagado su amor. uando aparecía en alguna ciudad, llenábanse los balcones con gente ansiosa de ver y de oir. Los cantos del bohemio eran siempre melancólicos; siempre henchidos de tristeza y de dulzura, en todas sus estancias sólo decían amor. Había en el acento esa sinceridad inmensa de cuando se ritman pesares sentidos. La emoción trasladábase á todos los corazones... Una ráfaga de amargura infinita pasaba meciendo las ondas del aire. ¡Y aunque todas las bocas riesen al escuchar, en todos los ojos lucían siempre algunas lágrimas! íobre D. Adolfo! Ha muerto sobre una cama del Hospital, en la ciudad donde nació. Ha muerto, sin duda, pensando aún en su amada, viendo en el espacio aquellos ojos azules que eran toda su alegría y todo su tormento. ¡Y al morir, tal vez haya sonreído á la muerte, que le prometió llevarle adonde pudiese ver de nuevo aquellos ojos; los ojos cuyos fulgores le robaron la paz y le abrasaban el alma! FRANCISCO DE CAMBA ¿Es acaso por la división del espectáculo en cuatro secciones? Absurdo sería suponerlo, primeramente porque nada tiene eso que ver con el valor real de las obras, y después porque mil veces se ha desmostrado que, mediante esa división, tiene el público mayores facilidades para concurrir á los teatros, y á los de género chico se debe, principalmente, la popularización del arte escénico. Sin duda se funda el vaticinio en la calidad y tendencias de las obras estrenadas al comienzo de la temporada actual, y que no fueron del agrado del público. ¿Es ese motivo bastante para predecir la muerte del género? No, seguramente. 1 os teatros donde ocurren esos fracasos, van de capa caída hasta que tropiezan con una obra de verdadera importancia, que puede surgir el día menos pensado y cuando nadie la espere. Esa es la historia de todos los teatros grandes y chicos, de éste ó del otro género. Es muy posible, casi seguro, que haya en los momentos actuales una desviación del verdadero camino, por ir ciertos autores en busca de la novedad; pero eso puede remediarse fácilmente con volver al camino verdadero. En opinión de personas autorizadas, el pecado capital que ahora está cometiendo el género chico es el de llevar á los escenarios, donde liene su natural asiento la desenfadada alegría de un arte francamente cómico, las lobregueces y negruras de La vuelta del rebaño, por ejemplo, y de otros desgraciados intentos que corrieron la misma suerte, los cuales- -sin juzgar de su valor real y positivo- -necesitan otro ambiente y otros intérpretes muy distintos. Pero ¿quiere eso decir que por tales equivocaciones, que pueden y deben rectificarse al ser conocidas, deba morir el género? De ninguna manera. ¿Que hay demasiados teatros de género chico, por lo cual la demanda no puede estar en buena relación con la oferta, por cuya razón escasean las obras verdaderamente artísticas y literarias? Indudable. ¿Que se ha de operar una gran transformación, evolución mejor dicho, con arreglo á los gustos y aficiones del público actual? Indudable también. ¿Que el público se dispone á realizar una escrupulosa selección? Ciego será el que no Jo vea. r o es cuestión de géneros, en el formal y amplio sentido de la palabra. Es otra cosa. En pleno realismo, cuando todo el mundo creía que el romanticismo había pasado para no volver, salió Echegaray con una leyenda trágico- romántica, En el seno de la muerte, y obtuvo un éxito tan grande como merecido. Lo que prueba en definitiva (y aunque se ha dicho muchas veces aquí, es oportuno repetirlo) que no hay más que dos géneros: el bueno y el malo. Y que el bueno es lo permanente. FRANCISCO FLORES GARCÍA El obrero japonés A sí como la revolución que entronizó á la cla se media en el poder político en la Europa Occidental ocasionó desde luego un agravamiento en el malestar material de la clase obrera, destruyendo la vida patriarcal de los gremios en cambio E LA VIDA D E UN P O E T A EULOde una elevación de la personalidad, así la hondíGIO F L O R E N T I N O SANZ sima revolución realizada en cuarenta años por el Uno de estos días se cumple un aniversario del Imperio del Sol Naciente ha hecho verdaderamendía cruel é irónico en que el poeta emprendió su te horrible la condición de las clases que viven alquilando por un salario la fuerza de sus brazos. peregrinación á través de los días. Y lo mismo que el férreo régimen de fabricaFlorentino Sanz fue un gran triste que solía ocultar el drama sombrío de su corazón con una ción no pudo ser impuesto en muchos años á los equívoca sonrisa. Su vida, como la de todos los obreros de Europa, el floreciente capitalismo jaenamorados de la Belleza y de la Gloria, almas ponés se encuentra hoy con productores que, viajeras hacia el Ideal, fue un tejido siniestro de echando de menos los antiguos tiempos- -si no tedio y de ho nicidas decepciones en este bajo más prósperos que los presentes, con mayores seguridades para la vida, -no acuden al trabajo con mundo, erial de todos los ensueños. Era un espíritu de otra época. Hubiera debido regularidad, utilizan el más leve pretexto para tenacer en los siglos dorados y caballerescos. De su ner vacaciones, cambian de taller como el enfermo corazón brotaban dulces rimrs y de su labio frases cambia de postura, y no ponen en la labor ni cariño, D