Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Pág. 2 51 miento que adoptaban cuando ocupaban la cátedra sagrada oradores como el P Claret y cuando se celebraban los viernes aquellos conciertos sacros del teatro, á los cuales lo mismo las artistas que cantaban que las señoras que ocupaban las principales localidades, iban rigurosamente vestidas de negro. Pero el caso es que se descansa. Las reuniones vespertinas se han suspendido casi por completo para dejar tiempo á la que quiera asistir á ejercicios piadosos y no faltar á la novena. Las recepciones de por la noche terminan en cuanto dan las doce; se toma el té sólo, y se tiasnocha menos para madrugar más. Esto es muy higiénico. El tiempo va siendo ya muy agradable. Pasó San Matías, alargando, como dice el refrán, los días y cortando las noches, y es grato respirar las auras matinales, que parece que vienen impregnadas de caricias y esperanzas. Las últimas horas de la tarde pasadas en el recogimiento, sin el cansancio de la fiesta pasada ni el apremio de prepararse para la que está próxima, son verdaderamente deliciosas, y el alma puede entregarse á lo que más le complazca. Son las horas de los pensamientos íntimos, de los exámenes de conciencia, de apreciar cómo vino la realidad á convertir el porvenir en pasado, la es peranza en recuerdo. Se vuelve á la intimidad con los libros predilectos, se vuelve á ejecutar la música favorita, y hay más tiempo para consagrar el pensamiento á las personas queridas. De la Cuaresma se puede decir que si no la impusieran los preceptos religiosos, habría que inventarla en un período de transacción entre el invierno que desaparece con sus brumas y la primavera que llega con sus resplandores. La cuerda del arco tirante, siempre, nos decían ya hace mucho tiempo los clásicos, se rompe, y es necesario que una mano hábil la temple y acomode para que dirija con acierto la flecha. Hace algunos años, cuando era más frecuente educar á las señoritas en conventos ó en pensiones internas, había muchas que iban á buscar el descanso y el recogimiento en sus antiguas celdas de colegialas, complaciéndose en orar en la capilla donde habían recibido la primera comunión y en pasear gravemente por la alameda por donde habían correteado y jugado de niñas. Hoy ya no está en boga esto que las francesas llamaban faire une retraite, pero no es necesario volver al colegio ni al convento para aislarse en su propia casa. ¿Qué mujer de delicados sentimientos no hace de su cuarto una especie de celda, de nido donde cobijarse ella sola, de santuario de los recuerdos, de refugio para entregarse á sus pensamientos íntimos? Hay que desconfiar de las que para rezar tienen que ir siempre á la iglesia, de las que sólo pueden practicar sus devociones en el templo. La apariencia devota no es el verdadero, el íntimo, el provechoso recogimiento. No hay nada que predisponga menos á los pensamientos provechosos para el alma que esas novenas aparatosas, con lujo de similor, con música contratada y no siempre bien elegida, con sermones vulgares rebosando lugares comunes. La verdadera Cuaresma es la que se hace íntimamente, colocándose bajo el aspecto moral en esas actitudes de las que dijo el gran poeta que cualquiera que sea la posición del cuerpo, el alma está de rodillas. KASABAL ABC Núm. 98 GSBtia caída de Maura era inevitable, y que Villaverde mesta, de la quadra, de noche, de obras y bosestaba á punto de formar Ministerio. ques, de cuadrilla, de sacas, entregador, mayor, ordinario y pedáneo... toda España era alcaldes, -Acabo de confelencial con él, -dijo Pellejín y nuestra política exterior é interior una alcaldaenfáticamente. da sin ejemplar en la Historia. ¿Y qué dice? -Nada: me ha oflecido la calteia de Malina. En esa lista falta, sin embargo, el más típico, el más clásico de nuestros alcaides, el monterWa. ¿A usted? -exclamó uno. Años enteros he esperado que un azar propicio me- -A mí; ¿qué tiene eso de palticulal? revelase el origen de este originalísimo nombre. ¿Pero no es usted maurista? -Lo he sido, pelo no estoy confolme con alguNo quiere esto decir que el origen del 1- renas de sus fiases, y me paso á las filas de don rilla se pierda, como el de otras cosas más intere Laimundo. santes, en la noche de los tiempos. No; yo creo que Cuando Pellejín salió del Congreso, decíase el monterilla, nuestro monterilla al menos, es hijo allí que Villaverde se había encerrado en su casa legítimo del régimen constitucional, ó mejor dipara formar la lista de los ministros. Pellejín, lle- cho, una reencarnación del espíritu absolutista, no de esperanzas halagadoras, entró en su domici- un retoño del siglo xvni en pleno siglo xix con vistas al xx. M e explicaré. lio, diciendo á su mujer: ¿No sabes lo que hay? Ya sé que el cadí árabe, el maire francés, el- -No. jusfice of the place inglés, el gonfaloniere italiano y- -He estado hablando con Villavelde, y á estas el alcalde español son cosas semejantes, y creo recordar- -porque yo no leo clásicos desde que bolas quizás sea yo su minisilo de Malina. algunos muchachos de negro humor han mandado- ¿Será posible? -Avisa á la diada que me pase lecado inmedia- recogerlos, -que un tal Lope escribió El mejor alcalde el 7 (ey, y un tal Calderón El alcalde de Zatamente cuando vengan á pleguntal pol mí. lamea, y desde estos desatinados zurcidores de- ¿Pero quién ha de venir? -El secletalio de D. Laimundo. Plobablementecomedias y autos, hasta D. Ramón de la Cruz que nos dio El alcalde justiciero, El alcaldz Juan vendía á comunicalme la noticia. El ilustre Besugón, al oir á su yerno, llegó á Zurrón, El alcalde de la aldea, El alcalde toreador sospechar que podría ser cierto lo de la cartera, y El alcalde proyectista, nuestra literatura grande dada la facilidad con que se nombran ahora los y chica, buena ó mala, es una desacordada greguería de alcaldes que ensordece y un zamarreo de ministros. alcaldes que espanta. ¡Quén sabe! -díjose filosóficamente. -Mi Pongamos punto en el alcalde de Móstoles, yerno tiene las dotes de inteligencia necesarias para ocupar un puesto elevado. Y sobre todo, quizás último del régimen absolutista, y abramos cuenta nueva al monterilla constitucional, alma, eje y moVillaverde haya querido halagarme á mí de una tor de todas las guilladuras políticas del pasado manera indirecta. Mientras Besugón se entregaba á estas reflexio- siglo. nes, Pellejín había pedido agua templada para laSu ejecutoria legal no es tan enmarañada que varse los pies. necesitemos pedirla á jurisconsulto ni á j- risenre- ¡Pero, Atilano! ¿Te los vasálavar alas ocho dador de fama. Nacieron en un capítulo de la de la noche? -objetó la esposa del futuro ministro. Constitución del 12, que mandó elegirlos por- -Ya complendes que la cosa ulge. Tigúlate pol un compromisarios, como si fuesen senadores á oda momento que lecibo lecado de D. Laimundo pala renta; una real cédula de 1824 confía su nombramiento á las Audiencias; en Í 835 vuelta á la elecque vaya ájulal. ción popular; en 1845 otra vuelta en sentido con- ¿Y qué? -Que debo plesentalme en Palacio lo más lim- trario; en i855 se les mete en cinco artículos de la ley de Enjuiciamiento civil; más tarde son depio posible. signados entre los concejales elegidos por sufra- ¿Pero os quitáis las botas para jurar? -No, mujel; pelo podlía dalse el caso de que se gio restringido y luego por sufragio universal, exme tóldela un pie ó me dielan un pisotón, y me cepto en Madrid y Barcelona, donde el Gobierviese obligado á quitalme la bota delante de los no, oficiando de monterilla mayor del reino, nompalaciegos. ¿Qué dilían si no llevase los pies bien bra alcalde á quien le da la real gana. limpios? El primer monterilla digno de estudio que me Después de asear sus extremidades inferiores, echo á la cara es éste: Pellejín se mudó la elástica, los calzoncillos, los A mí me llaman Peneque: calcetines y el pañuelo del moco. Después sacó el señor alcalde, ¿qué haré? traje de frac y lo puso sobre una silla, y después Vaya usted con Dios, Peneque, se sentó en una butaca á esperar el recado de Vique yo lo remediaré. llaverde. Pero no era monterilla, ni mucho menos, sino Cada vez que oía sonar el timbre de la escalera, orador, abogado, periodista y hasta demócrata, levantábase nervioso preguntando: tres veces insigne, el ministro de Fomento que- ¿Quién es? remedió de semejante modo la aflicción de un por- -El lechero, -le contestaban. tero moteado. Es caso que no puede contarse. ¡Pol vida! Cleí que ela el secletalio... Otro monterilla delicioso fue aquel de Dos Tirrín... rín... rín... -hacía otra vez el timbre. Hermanas (Sevilla) que al proclamarse la Repú- ¿Quién ha venido? blica, mandó al pregonero recorrer el pueblo á- -El chico de la portera. tambor batiente, enterando á los vecinos de que- ¿Sube algún pliego pala mí? quedaba prohibido en aquel término municipal el- -No, señor; sube un refajo de la señorita que Concilio de Trento; pero... ¿no hace pocos días se había caído al patio. que el Ayuntamiento de Bilbao ha acordado- -Bueno, pues guáldelo usted coliendo; no haga prohibir que toquen las campanas? el demonio que se le ocula al secletalio ventl abóla ¿Por qué abominar del monterilla? Su ley es la y vea el le fajo. violencia, la imposición de su voluntad, pero no A las tres de la mañana, hora en que escribi- en lucha y en riesgo, sino en posesión del poder, mos el presente artículo, continúa Pellejín espe- y esto lo hacen todos los Gobiernos y todas nuesrando el aviso de Villaverde. tras autoridades. Nuestros revolucionarios de anA VIDA E N B R O M A PELLEJ 1 N Quizá le llamen á jurar. Otras cosas mayores taño no supieron revolucionar nada sin sacar de M 1 N 1 STRABLE hemos visto. antemano las tropas de los cuarteles, y nuestros Luis TABOADA hombres de orden no han tenido jamás otro arbiLo primero que hizo Pellejín cuando supo que trio para imponerlo que el clásico y expresivo Villaverde estaba decidido á combatir al Gobierestacazo y tente tieso. no, fue dirigirse á casa del famoso economista. L M O N T E R I L L A A P U N T E S DE Los demás ciudadanos procuramos escurrir el- -Don Laimundo- -le dijo, -vengo á ponelme á A M E N A PSICOLOGÍA POLÍTICA bulto diciendo filosóficamente: ahí me las den todas, sus óídenes. Tampoco estoy yo de acueldo con los ESPAÑOLA y luego, al despertarnos y al acostarnos, una sola cléditos exHaoldinalios que quiete hacelnos Ha gal Maula. Desde este momento puede usted contal ...En esto de los alcaldes hemos venido muy á oración vaga en nuestros labios: conmigo pala todo. menos. Apenas si quedan más que los de Real or- ¡Señor! ¡Señor! -decimos. ¿Cuándo me den, y de éstos resulta que no los conoce ni el mi- llegará á mí la hora de ser monterilla? -Muchas gracias. ¡Monterilla en la aldea ó en la ciudad, en el- -A mí lo que más me gusta es la Malina. Pol nistro que los nombra, según confesó pocos días há consiguiente, si necesita usted un ministlo que esté en el Congreso Sánchez Guerra. A principios del trabajo ó en el regocijo, en la calle ó en el hoidentificado con su política, aquí me tiene usted siglo pasado era rica y espléndida la variedad de gar propio, porque, al cabo, el monterilla es alcaldes que poseíamos: alcaldes de alamín, de la más acabada y perfecta encarnación del alma a mí. Dichas estas palabras fuese al Salón de Confe- alzadas, de barrio; de casa, corte y rastro; del nacional! DIONISIO P É R E Z rencias, donde aseguraba todo el mundo que Ja crimen, de hijosdalgo, de la hermandad, de 1 L E