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DOS. NUMERO 97. CRÓNICA BISEMANAL ILUSTRADA, MADRID, 1 DE MARZO DE 1904 NÚMERO SUELTO, 10 CÉNTS e Pero á cumplir un precepto que hace obligatoria la primera enseñanza, nadie. Es decir, hay derecho á obligar á un español á que vote y á que sea soldado, pero conminarle para que se instruya es demasiada tiranía, es mucha crueldad por parte de los Poderes públicos. Los chicos deben estar en la calle hasta que sean soldados, y después que hayan cursado la carrera de la golfería debidamente, á decidir en las urnas por fuerza acerca de la gobernación de su patria. Aten ustedes estos principios por la cola. Libertad para no estudiar y obligación de gobernar. La urna obligatoria y la escuela libre. Ahora se comprende por qué la estatua de Moyano es la única de Madrid que se ha destapado en secreto y sin solemnidad alguna. Ha dado vergüenza celebrar una fiesta en la que el autor de la enseñanza obligatoria hubiera visto su pedestal rodeado de golfos de diversos órdenes que primero van á la cárcel que á la escuela. ¡Una multa al padre que no procura la enseñanza de su hijol No puede ser: las multas aquí son para los picadores que no entran por derecho. Lo primero es lo primero en un país culto. EMILIO SÁNCHEZ PASTOR en una ciudad del Principado, en la cual m? quina se metía por una abertura un cerdo vivo y salía por otra convertido en excelente salchichón de Vich, con su papel plateado y todo. Por otra parte, la leyenda de Rusia, tirana, autócrata, la de las Catalinas disolutas, de los sanguinarios Pedros, de los Atilas del Cáucaso, de los horrores pintados por Tolstoi, como si al lado de una infeliz Maslova no pusiese un nobilísimo NeklindofF y todas las rusas pobres fuesen Maslovas, ó como si junto á un desgraciado Nicolás Dmitrievitch no colocase un generoso Constantino Levine y todos los rusos pobres fuesen Dmitrievitch, también nos impulsaba al lado del Japón. Pero la guerra ha despertado la curiosidad pública, y para satisfacer sus ansias, se ha hecho historia, escudriñando estadísticas y compulsando hechos, y la leyenda empieza á transformarse. Descascarillada la brillante laca, raspado con la uña el barniz del deslumbrador cuadro japonés, se observa que no es oro todo lo que reluce Sin negar su adelanto, empieza á verse que hay tanta dosis de ambición como de heroísmo en el elixir prodigioso que ha hecho renacer á la vida moderna á un pueblo casi moribundo; que con su triunfo sobre China creó un recurso industrial para hacerse potencia conquistadora; que mucha de su ciencia económica ha consistido en crear tributos sin cuento, procedimiento que empleamos los pueblos más atrasados, y que para mantener esta política fiscal contra la que el Japón, extenuado por tanto sacrificio, iba rebelándose, amenazando dar al traste con la magia del engrandecimiento, ha sido precisa una nueva guerra. Y sin negar el atraso político de Rusia, empieza á notarse que no es todo avaricia en sus actos de política internacional; que el ferrocarril transiberiano, colosal obra honra de su siglo, no es un negocio de agiotistas; que no son hordas de cosacos lo que echa sobre las tierras de Asia, sino simiente de progreso, abriendo puertos al comercio del mundo entero, tendiendo vías de comunicación, brindando amplios horizontes á la iniciativa vigorosa de la industria universal. Adviértese ya con disgusto que la doctrina de Monroe aplicada á América tiene partidarios en otros continentes, y que así como los Estados Unidos, también pueblo maravillosamente transformado en poco tiempo, interpreta aquella doctrina en el sentido de que América no ha de ser para los americanos, sino para los yanquis, el Japón entiende qu -Asia no debe ser para los asiático, sino para ¡os japoneses (y lo prueba la anexión de Corea) mientras Rusia, más generosa, quiere que Asia sea para todo el mundo, ó cuando menos para los asiáticos y para los europeos. La leyenda comienza á apreciarse en su justo valor. ÁNGEL MARÍA CASTELL SPECTOS MADRILEÑOS. LA CONSULTA DEL DOCTOR Como en esta deliciosa capital de España al que no se ha muerto ya le anda buscando la muerte, aquellos madrileños que no están en su casa acostados ó en pie esperando al médico, van á casa del médico á consultar sus males. Gracias á la higiene pública y aun á la privada, gracias también al catarro continuo que nos proporcionan los crudísimos vientos de la sierra próxima, gracias después á la primavera médica, y gracias siempre á la impureza de las aguas, á la adulteración de los alimentos, á los pozos negros, á los miasmas de los desmontes, al defectuoso alcantarillado, á las sesiones del Congreso, á las salidas de los teatros, á cincuenta mil concausas que conspiran para matarnos alevosamente, no hay en Madrid más que dos categorías de personas: enfermos y médicos; y aun los médicos suelen enfermar también, incurriendo entonces unos con otros en graves descortesías, porque aun cuando se visiten no se pagan la visita. Pero figúrese el lector que es un enfermo de los que se mueven (porque enfermo lo ha de ser Sermón perdido 1- 1 abíamos quedado hace poco tiempo en que no se veían en Madrid golfos ni mendigos de ninguna especie: pero por lo visto se trataba de una broma pesadita. Los golfos y los mendigos van á durar más que la forma poética, y es á la cuenta lo único inmutable en un país donde todo varía y se renueva con una frecuencia perjudicial para nuestros intereses públicos. Ya hace años que Alfonso Karr afirmó que el mendigo era el ladrón del pobre; que el pedigüeño de profesión quitaba al necesitado su limosna, y que era preciso acabar con la industria de limosnear en la vía pública. Pero todavía no nos hemos convencido, y continuamos todos manteniendo al mendigo profesional y dejando que el pobre se muera de hambre. Las autoridades son las que se hallan más alejadas de este sencillo convencimiento; y después de pomposos anuncios sobre persecuciones de la mendicidad, continúa la industria cada día más próspera y el comercio de la candad floreciente. ¿Hace falta un ejemplo? En la calle de Alcalá, junto al palacio de Riera, tienen puesta su tienda de pedir limosna, hace dos años, cuatro ó cinco golfitos de seis á diez años; es de suponer que ese comercio esté regido por algún contratista vivo; y yo preguntó: ¿Es que A lgo va reaccionando la opinión respecto al en veinticuatro meses no ha pasado todavía por la calle de Alcalá ninguno de los gobernadores que drama que empieza á desarrollarse en el hemos disfrutado, ni autoridad de ninguna clase? Extremo Oriente. Me refiero á la opinión en Dentro de otros dos años volveré á recordar España. En el Extranjero está influida por irreeste establecimiento modelo en su género, y que mediable parcialidad. El interés allí por Rusia ó por estar en el sitio más céntrico de Madrid, pone por el Japón, es manifiesto y hasta tiene razón de de relieve el celo de las autoridades gubernativas. ser. Aquí ya es otra cosa. Juzgamos por impresión, y todo lo que es fruto de la impresionabiliPero vamos á la golfería. dad está sujeto á frecuentes alternativas. Se puede dividir en dos clases. En el primer momento todos nuestros amores La de los que no tienen casa ni hogar y viven de la limosna, y la de los que tienen familia y casa se los llevó el Japón. Ese pueblo de la maravilloy pasan el día en la calle jugando por imprevisión sa metamorfosis en treinta años, nos deslumhraba. La gente culta, la que se tiene por tal, conocía el y abandono criminal de sus padres. Para la primera hay ya creadas unas escuelas- Japón artístico y pintoresco tan galanamente asilos que por lo visto son insuficientes; para la se- descrito por Pierre Loti, que no ha ido á África gunda no hay establecimientos especiales: pero y á Asia á destruir caricaturizando, como fue E? a para unos y otros hay una ley que no se ha cum- de Queiros á los Santos Lugares, sino á poetizar; plido jamás y que se llama de Instrucción Pública. conocía el Japón guerrero por las ilustraciones de Porque es el caso, que en este país de todos los los periódicos ingleses, interesados, claro es, en atrasos y todas las rutinas, en este país donde to- presentar á sus aliados como una potencia temidavía se defiende en las Cortes la Inquisición, ha ble; conocía, en fin, el Japón comercial y econóhabido un hombre que en la mitad del siglo pasa- mico por algunos estudios de Dumolar y de Eddo hizo una ley de Instrucción Pública que, salvo mon Théry. La gente inculta conocía el Imperio en algunos detalles, es todavía en el siglo xx una del Sol Naciente por los álbums y abanicos de ley moderna y digna de las que en otros países se los bazares y por alguno que otro artículo aparecido en las columnas de la Prensa diaria. De cerhan hecho en tiempos más recientes. En esa ley, en lo que se refiere á primera ense- ca vimos el Japón, oficialmente representado en ñanza, salvo el trabajo manual y el laicismo, están San Sebastián hace muy pocos años. Llegó lucida casi todos los principios que constituyen en los y numerosa comitiva á traer las insignias del Crisantemo al Rey. Sufrimos una decepción los que países más adelantados la enseñanza moderna. Allí está consignado el principio de la instruc- contemplamos á aquellos diplomáticos y militares ción obligatoria; allí está la sanción penal para del adelantado Imperio. De no verles, hubiéralos que faltan á este deber, y allí están esos ar- mos continuado creyéndoles figuras de leyenda, tículos muertos de risa hace cincuenta años sin no lo que eran, figuras de una realidad fría, inexque á ningún ministro se le haya ocurrido cum- presiva, figuras de paravant y de jarrón, pero vestidas á la europea, con casacas engalonadas que plirlos. ¿Por qué? Quizás para no cohibir á los españoles en el no caían bien en sus cuerpos de menguada talla. Todo en ellos, su continente, su tenue, nos haejercicio de un derecho individual que aquí hemos inventado y que consiste en la libertad de ser ig- cía pensar, no obstante su corrección, rayana en norante. La cultura nacional no autoriza para exi- la rigidez, si tendría razón aquel diplomático que gir de los individuos la obligación de ilustrarse; contestaba, al ser preguntado sobre las transforla libertad de ser un pollino está consagrada por maciones del Imperio japonés, que el Japón de las costumbres, y los Gobiernos no se atreven á hoy es una traducción mal hecha. La leyenda ejerce un influjo dominador sobre imponer una multa al padre que no lleve á sus nuestro temperamento meridional. La leyenda jahijos á la escuela. La lista de los derechos del hombre en España ponesa era deslumbradora como un cuento de empieza por el de la barbarie, y nadie se atreve á hadas. Su transformación tenía algo de magia teaatentar contra su ejercicio. Aquel D. Claudio tral. Eso de entrar el año 70 del siglo xix por el aro de la civilización y ponerse á la cabeza de ella Moyano no sabía en qué país legislaba. Los ministros de Instrucción Pública han teni- en los albores del xx, era ciertamente seductor, do tanto que hacer con darle vueltas á la segunda algo como la fabricación de oro enterrando rayos enseñanza, que no han podido ocuparse todavía de sol que persiguieron Jos alquimistas de la antide la primera. El actual Gobierno quiere ettable- güedad, algo como la maravillosa máquina que, según un catalán muy amante de su tierra, existía cer el sufragio universal obligatorio. La guerra ruso- japonesa A