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6 POR LOS TEATROS ABC úm. 96 Gracias sean d a d a s á D i o s y á D Benito, GALDÓS porque al fin podemos apuntar un éxito teatral en esta larga y trabajosa temporada. De tropiezo en tropiezo veníamos despeñandonos p o r la pendiente estéril de nuestro teatro grande- -una grandeza análoga á la de Felipe IV, -y ya estábamos anegados en Agua que corre y con el corazón en un puño bajo la amenaza de El Emir, que, según creo, viene á hacernos llorar al cabo de los siglos las interesantes desgracias de Egilona y las insolencias del conde D. Julián. ¡A buena hora! El Abuelo ha venido á refrescar un poco la atmósfera y á darnos una sensación vigorosa de humanidad. Y, por lo que valga, he de apuntar aquí una observación que no servirá ciertamente de consuelo para los amadores esperanzados en la resurrección ó renuevo de nuestras glorias escénicas. El Abuelo, á mi entender, no es un alto en la pendiente ni un principio de ascensión: es, más que un triunfo del teatro, un triunfo del libro, como lo fue Idealidad. Libro es, y muy conocido y muy celebrado, y por lo que tiene de libro llegó la obra á lo hondo del sentir del público. Una diferencia hallo, pero en favor, naturalmente, del libro. En estas acomodaciones algo violentas, la o b r a se achica siempre; el pensamiento parece que no sale directamente de un cráneo, sino de una peluca, y la psicología toma algo del artificio y afeite con que nos la viene á servir el comediante. Son muchos los que opinan hoy que el teatro es un arte inferior. No diré yo tanto; pero sí que es un arte lleno de trabas, de convencionalismos y triquiñuelas, que exige entre el autor y el público un intermediario, y que por eso es difícil que la obra concebida Uegue en toda su intensidad á producir la sensación deseada. Además, tiene otros senos inconvenientes de índole circunstancial. El teatro de puro entretenimiento, imaginativo ó sentimental, se añeja pronto, porque en pocos años varían los gustos del público. Lo que hace dos lustros nos interesaba y divertía, hoy nos aburre. El teatro de ideas suele interesar poco á los que por otros medios más serios conocen esas ideas, y no interesa poco ni mucho á los que las desconocen. El célebre monólogo de Hamlet sería en su tiempo un pozo de profundidad; hoy no lo es tanto; y si alguien en una comedia al ir á matar a otro se permitiera decir: no lo mato ahora porque está rezando y podría ir derechito al cielo la grita y zalagarda se oirían en tan santísimo lugar. El Abuelo es un hermoso drama, no por lo que crea, sino por lo que derriba. En él nos interesa la grandeza del caso, mas no el temor á la epidemia. Quiero decir que llega un poco tarde para combatir- -si esto se propuso el autor- -la vana fe en lo rectilíneo del linaje, en la transmisión moral de purezas amasadas de generación en generación, en lo que dimos en llamar la voz de la sangre en otra porción ds cosas así, teóricas y aceptadas sin examen. El viejo conde de Albrit es un fósil plantado en un huerto donde en libre y bárbaro abandono crecen plantas buenas y malas; todas luchan en el medio por vivir y perpetuarse. Esa es la ley. Y ve con asombro que plantas cultivadas, forzadas en profunda selección á una impuesta delicadeza, se bastardean como solicitadas por un bajo destino opuesto á su perfección, mientras que plantas viles, obedientes á ignoradas selecciones y á impulsos desconocidos de alteza y plenitud, se afinan y purifican con usurpados colores y con extraños aromas. ¿Entonces qué? -dice el fósil humano. ¿Linaje, nacimiento, sangre, ideas y sensaciones, herencia moral... nada de eso sirve? ¿Quz hay, pues, en el mundo? Hay el mundo mismo: la libre y poderosa Naturaleza, á la que son extrañas todas esas roñas del entendimiento que formaron el fósil. Con ese bagaje se fue cuajando en el orden social el concepto de las castas, y se fue atentando en el orden moral al principio del albedrío. Aun en aquel enardecimiento de lo realmente transmisible, la Naturaleza forcejea. El impulso atávico, el brinco regresivo á orígenes y formas alejadas son ansias manifiestas de libertad y protestas adecuadas contra el sistema. El Abuelo, sostenido en pie por esa sarta de EL E SPAÑOL. E PABUELO D ÉREZ 1 I v 4 i v 5 j SITUACIÓN DEL VAPOR INGLES DILiGENT EN LA BAHÍA DE LA CORUÑA DESPUÉS DE ENTRARLE A REMOLQUE EL BARCO ALEMÁN NEWA espirituales artificios, recibe en plena cara la ráfaga deslumbrante de la realidad. Cayó en plena derrota, mas no se levantó como Paulo en el camino de Damasco. Al salir de golpe las viejas ideas, dejaron un hueco como desepuldo del que se echa fuera un muerto... Como dijo muy bien Manuel Bueno, joven crítico de los que saben ahondar, el viejo conde de Albrit, doliente más que convencido, es un hermano de Edipo, mendigo errante como él y como él asistido en su ancianidad y en su ceguera por una Antígona... Esa Antígona ideal no es la voz de la sangre ni la virtud consagrada de la estirpe, sino la voz libre y piadosa de la Naturaleza, macerada y redimida en ocultas selecciones. Y sobre aquellas dos almas desoladas y solitarias que se sostienen, pasa un soplo cálido de salud y de vida: la ley eterna del Amor que todo lo subyugaRelatar en frío el argumento, ¿para que? ¿Quien no ha leído el libro o no ha visto el drama? El drama viene á ser no mas que una tarea de vulgarización. En mis soledades, me quedo con el libro. Es una obra grandiosa, asi, sencí 1 amenté gran 1 diosa, de uno de los mas claros talentos de nuestros días. ¿Quién sabe si ese sera el camino del éxito teatral que á tientas van buscando? Lo que se ve es que el público entra bien en la amplitud relativa y en la holgada turquesa del libro hecho drama. Lo que no es posible ya, es irle con pasamanería ni flores de cantueso. De la interpretación todos los críticos se hacen lenguas: á mí también me ha parecido, en general, excelente, sin que ahora recurra á sacar al sol los consabidos cuanto manoseados adjetivos de uso corriente. No sé cómo andará el Sr. Díaz de Mendoza de apetito en punto á estos adjetivos de curso forzoso, mas siempre le tuve por discreto, y al discreto se le indigestan los elogios á cuño y troquel, mucho más si no sufren desgaste. Si los apetece, téngalos aquí por puestos uno a uno, y aun por partida doble, que no hemos de reñir por eso, tanto más, cuanto en lo que atañe á elogiar, él vale, y yo valgo, y todos valemos. Y gracias, digo otra vez, que cayó un éxito a tiro, y se puede elogiar sin graves reservas mentales y sin hacer pinitos. Habrán notado los lectores que, por esta vez, la crítica no habla de tapicería. Es que El Abuelo, para ser lo que es, no necesita auxilios del mueblista. Es otra nota, no despreciable, del triunfo de Galdós, que mil años nos viva. JOSÉ NOGALES después de mil trabajos, pudieron algunos marineros del remolcador alemán llegar a bordo del Dihgent, al cual, después de un minucioso reconocimiento, amarraron un cabo de remolque. El Dihgent no hacía agua, pero esto no obstante, tenía completamente anegadas las calderas. El mar había desmantelado la cubierta y penetrado en el departamento de las maquinas EL VAPOR Remolcado por el vapor alern n Tveiüa, hd entrado er la Coruña el vapor ingles Dthgeni, que hace pocos días fue abandonado por sus tripulantes a unas cuatro millas del Cabo Villano, en medio de un fuerte terrporaí, del cual no podían defenderse por tener roto el árbol de la hélice Se supone que e) T títgent, al pasar rozando con los bajos de la Guisanda, se abrió aíli la vía de agua El miércoles íy a mediodía, y A quel que dijo que las cosas caen del lado que se in clinan, debió decirlo en el pueblo de su naturaleza, para que tuviera exacto cumplimiento el aforismo de que nadie es profeta en su patria. No, no fue profeta el que dijo aquello de las cosas, porque Jas vemos a menudo inclinarse marcadamente a un lado, para dar en seguida la voltereta y caer precisamente del lado contrario. ¿Que nación veíamos mas inclinada a la paz que Rusia, que parecía estarla tocando con la mano Pues ahí la tienen ustedes en Port- Arthur a cañonazo limpio Más razón tenía el que nos advirtió que el hombre propone y Dios dispone, y que donde menos se piensa, salta la liebre Dos guardias del Orden daban su uitelta a la manzana, hablando, naturalmente, de la guerra 1 uso- japonesa- ¿Tute acuerdas, Cehpe, del Congteso de la Paz -Me acuerdo, Giabiel- ¡Y tú creías entonces que se iba 1 acabar esto de la guerra -Confieso que tuve la candidatuta de creerlo- ¿Y para qué ha servido el Congreso de ia Haya ¡Para que la haiga P ara los que se aburren de la monotonía de la vida, es innegable que una guerra de estas de gran espectáculo constituye una interesante distracción; y si las noticias, en vez de llegar tardías y confusas, se recibieran vivirás y coleando, la animación del ilustrado público aventajar a á la de los reñideros de gallos, que son un boceto ó borrador, si se quiere, de esas luchas encarnizadas que las grandes potencias se encargan deponer en limpio Pero hay también espíritus apocados á quienes les pasa lo que le sucede al que asiste á una corrida de toros sin ser aficionado No siente lo interesante de la fiesta y solamente percibe sus detalles repulsivos. Hay quien se echa a temblar de tenei que aprender geografía de golpe y meterse en la cabeza esos nombres enrevesados del teatro de la guerra, que tan poco tiene de teatral Hay quien se espanta del número de veces que en la peluquería, en el cafe y en la oficina le vana preguntar- ¿Y que opina usted del combate de Tal? ¿U ted cree que vencerán los rusos o los japoneses Y sobre ser pesada la pregunta por lo repetida, lesulta difícil y hasta expuesta la contesrac n, porque a lo peot tropieza usted con uno que le llena de p cirdias s 1 no opina usted como el opina Yo, que en buena hora lo diga, soy hombre prevenido, y a estas horas me he estudiado ya tres mapas y me he leído trescientos partes de la guerra, unos más con tradictonos que otros, tiemblo también a los P P Ripaldas que me encuentro a cada paso, y suelo salir del ídem, por ahora, repitiéndoles un tango que han tenido la ta generosidad de comunicarme desde sus cocinas respectivas las Menegildas de mi vecindad De los partes de la gu 1, Sanghai, Shangai yo ya no me fío Ni de los de Puerto Arturo, Tien- tsi, Tien- tsi, ni los de Tokio. COSAS