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Pág. 2 edificante y persuasiva que conozcas. ¡Ah! y que tengan la letra grande; no hay necesidad de estropearse los ojos para salvar e! alma. T e suplico también que no sean de esos atrozmente terribles que todo lo resuelven con el Infierno. Procura que sean de los del Purgatorio y sin demasiadas llamas. No sé si sabrás que ha vuelto la moda de las mangas anchas. Pues sí: ya no se llevan hombros, pero las mangas se van ensanchando extraordi nari amenté. Espero con ansiedad tu salvadora epístola. Una pregunta aún: ¿te parece bastante mortificación el tresillo? Algo me escarabajea en la conciencia, que me impulsa á buscar mortificaciones cuaresmales. En mi próxima te expondré el temeroso caso. T e abraza y besa devotamente la Santa Correa tu prima que te quiere, Teresina de la Peña Carta encontrada en la calle de Alcalá por José DE ROURE ABC TU I N O TNAESS D EEA CV A SACLUD A D E E L J A P O YL ENC Hace diez años, cuando terminó la guerra entre China y el Japón, leí en un periódico francés, creo que Le Gaulois, una noticia interesante, por lo menos curiosa. Un misionero católico de los que escaparon de las matanzas á que se entregaron los plácidos moradores del Oriente Extremo, había llegado á París y dado una conferencia ante numerosa concurrencia de gente ilustrada. Había referido el buen padre que llegó al Japón sin conocer más idiomas que el suyo, el francés, el vascuence, porque era natural de la región vascofrancesa de los Bajos Pirineos, y algo el inglés. Antes de emprender su sagrada y penosa misión, tenía que aprender el japonés sobre el terreno; ¡pero cuál fue su asombro al observar que entendía muchas palabras y hasta frases enteras á los naturales del país que pisaba por vez primera! Eran palabras ó frases vascongadas, del lenguaje de Aitor, el primitivo que habló en su aldea el misionero. Y en vascuence se entendió con los hijos del Japón, y con el vascuence acabó de perfeccionarse en el habla japonés. El tema de su conferencia en París fue la analogía entre ambos idiomas, y en su disertación discurrió sobre la posibilidad de que el vascuence fuese una lengua importada en los tiempos primitivos por alguna raza inmigradora de aquellas regiones orientales. Los vascongados netos, los que hacen de su idioma un culto y sostienen que Adán y Eva hablaron en vascuence y que la primera frase que pronuncia toda criatura, nazca donde nazca, es la vascongadísima aita, no estarán conformes, de seguro, con eso de la importación de su idioma de aquellos países de Asia. Antes bien sostendrán que fueron los vascos de los tiempos remotos los que en sus correrías llevaron el vascuence á aquellas tierras y mucho más allá. Ello es que muchas de las palabras japonesas que ahora se escriben con motivo de la guerra, suenan á vascas. Tokio podrá significar en japonés capital de Oriente como he leído en un periódico; pero en vascuence, tokio ó tokia significa sitio ó lugar Otras palabras como Jru, Tiaitar, 7 te, Josuma, ahura, Maizuru, Gatic, entre otras muchas, son unas indiscutiblemente vascongadas, y otras de una semejanza que pudiera tomárselas por compuestas ó derivadas del vascuence, según demostrarían, si se pusiesen á ello, maestros como Unamuno y Arzac. Ya lo saben los grandes periódicos que se esfuerzan en informar al público diariamente y lo mejor que puedan de los detalles de la guerra. Envíen corresponsales al Japón. Con que sepan el vascuence, tienen mucho adelantado. Y el vascuence le hablan, que yo sepa, de periodistas militantes Miguel Unamuno, Pío Baraja y Mariano de Cavia, que por saber de todo ¡hasta de vascuence! y no deben ignorarle Ramiro de Maeztu y Manuel Bueno. ÁNGEL MARÍA C A S T E L L Núm. 95 se conocen. Su fuerza es superior ala del algodón pólvora comprimido y á la de la dinamita, al par que es insensible á los choques y muy resistente á la humedad. La pólvora más antigua que se conoce con base de ácido pícrico es la pólvora Borlinetto, que data de 1867. Al año siguiente estudió M Fontaine el empleo del picrato de potasa para la carga de los obuses, y aún recuerdan en París la terrible explosión que destruyó la fábrica situada en la plaza de la Sorbona que tenía aquél. En 1886 y 1887, el doctor Emmens, de Nueva York, hizo registrar los explosivos denominados explosivos Sprengel la oxomita y la emensita, ó sean disoluciones de ácido pícrico en ácido nítrico, lo cual explica los desprendimientos de gases deletéreos y mortales que se producen al inflamarse y explotar estos compuestos químicos. Teniendo en cuenta. lo muy peligrosas que son estas substancias, jamás se embalan ni almacenan las pólvoras picratadas con otros explosivos. Se las pone en saquitos encerrados en cajas de madera, en las que está excluido el hierro en absoluto porque su exudación corroe dicho metal con rapidez enorme. Además de la acción terrible de los torpedos de melinita, se puede obtener aquélla arrojando al agua un obús cargado con dicho explosivo, el cual se inflama y hace estallar el proyectil así que se pone en contacto con el agua. La presión es terrible. Se ha demostrado en experimentos realizados, que la explosión de 5o kilogramos de dinamita- goma produce á seis metros y medio de distancia del centro de la explosión una presión de 456 kilogramos por centímetro cuadrado, lo bastante para causar averías graves á un acorazado. La presión es de 70 kilogramos á más de veintitrés metros de distancia del centro de la explosión, suficiente para hundir á un torpedero. Y obsérvese que esto se refiere á la dinamitagoma, y no al ácido pícrico ni á las pólvoras picratadas, á las que todos los especialistas se hallan de acuerdo en reconocer efectos mucho más violentos al explotar. 1 DEAS Y NOTAS MILITARES. PRIME 1 RAS IMPRESIONES SOBRE LA GUERRA RUSO- JAPONESA Dejando á un lado aquellos incidentes de la guerra que no están comprobados, lo que resulta ya indiscutible y puede admitirse como cierto en el momento en que escribimos estas líneas, es que el Japón ha realizado un premeditado y audaz movimiento ofensivo sobre Puerto- Arturo, que á favor de ese movimiento ha lanzado su ejército por las líneas de invasión que tenía ya fijadas, y que los rusos se ven obligados, por el momento, á sostener una defensiva sNsoluta. Y sobre esa situación, tan perfectamente determinada como comprobada, caben ya algunas interesantes consideraciones de carácter exclusivamente militar. En el orden Jogístico, que es el que se refiere á la disposición, combinación y arreglo en su conjunto y por números de los movimientos de las masas de tropas, único casi en el que algo puede juzgarse, no cabe duda alguna que mientras el Japón ha conseguido ya un éxito muy notable, Rusia ha manifestado un descuido y un desconocimiento de la realidad, que raya en la imprevisión y que puede costarle carísimo. La ventajosa situación de la escuadra japonesa antes de romperse las hostilidades, cuando se hallaba extendida á lo largo de las costas de las islas de Kiu- Siu y de Nipou, dispuesta á acudir rápidamente al Mar Amarillo ó al Mar del Japón, ¿con qué la contrarrestó Rusia? Con la incomprensible inamovilidad de su flota, es decir, con una inacción que arranca de bastante lejos y que ha pagado ya bien cara. La escuadra rusa, que hoy se asegura está encerrada por los hielos de Vladivostok, hace ya bastantes meses que debió estar unas veces anclada, otras cruzando desde Wei- hay- Wei á Shanghai, y así ambas flotas rusas, la de Puerto- Arturo y la de Vladivostok, hubieran podido tomar parte en las operaciones en el momento de romperse las hostilidades. ¿Qué representa para la plaza de Vladivostok la flota que hay en el puerto? Lo que para PuertoArturo la que hay encerrada en él. Los barcos de guerra del tipo de estos rusos, no defienden las plazas fuertes; son éstas las que con sus baterías protegen y guardan á aquéllos; y por lo tanto, ó Vladivostok se basta á sí mismo para defenderse y de nada le sirve ó de bien poco la escuadra que allí hay, ó no tiene baterías suficientes que la pongan á salvo de un desastre, y entonces la flota que allí está se halla mucho más comprometida que en alta mar. El error ha existido, pues, con arreglo á nuestro modesto y humilde juicio; y á favor de él, el Japón se ha hecho dueño de los estrechos de Broughton y de Corea y de las costas occidentales de esta península, con lo cual rápidamente, al ocupar primero Chemulpo y después Seúl, ha adelantado su base de operaciones de un modo notable, desarrollando al mismo tiempo su plan logístico con una piecisión matemática. Y tener á retaguardia la mitad meridional de la península de Corea, como la tienen los japoneses, representa un ahorro de tiempo, de sangre y de dinero, que equivale á algo más que á un éxito logístico: equivale á muchas victorias tácticas y representa además un triunfo estratégico. FERNANDO ALCAZARREÑO LA GUERRA K J o saben los rusos y los japoneses el beneficio que han hecho á nuestras tertulias de café con haber decidido encomendar á la fuerza la resolución de sus contiendas diplomáticas. La guerra es un tema nuevo de conversación donde los más avisados asombran á sus contertulios, porque hay ocasión de lucir los conocimientos de política internacional adquiridos por la mañana en los periódicos y la sabiduría geográfica obtenida recientemente ante un mapa ó repasando el epítome de geografía que se dio en el instituto ó en la escuela. En las mesas de café que están abonadas y hay un viejo militar entre los socios, toda la atención se fija en sus palabras; es este su momento, su ocasión de enseñar á gentes que le escuchan como un oráculo. En una de estas tertulias preside por su sabiduría un viajante retirado que ha corrido mucho, y á él acuden los compañeros para satisfacer sus dudas. ¿Usted ha estado en la Corea? -pregunta uno á D. Antonio, que es el nombre del ex comerciante. -No, pero estuve para ir desde Filipinas el año i8 yo. ¿Y quién cree usted que ganará? -interroga otro. ¿Rusia ó el Japón? El comerciante se reviste de la mayor gravedad posible y dice solemnemente: -Rusia. -Pues cuando usted lo afirma, por algo será, -exclama un contertulio que tiene fe en la historia y saber de D. Antonio. -Lo ve cualquiera- -añade el c isultado. -Rusia es esta bandeja (señalando á la del ser- lio) el Japón es este platillo: ¿creen ustedes que un platillo puede vencer á una bandeja? Por mar obtendrán los japoneses algunas ventajas, pero ustedes no saben por qué, y yo se lo voy á decir. Expectación general. Los acorazados japoneses van mandados por oficiales ingleses, que se han estado dejando crecer la coleta hace un año para ir disfrazados de hijos del Sol Naciente. ¡Pero si los japoneses visten á la europea y no llevan trenza ya! ¿Cuántos japoneses ha visto usted? -dice el orador con aire de reto. -Uno que es criado de la embajada... -Pues yo he visto millones; conque cállese usted. Decía que van ingleses disfiazados de japoneses en los barcos, y por eso echarán á pique á los rusos; pero en tierra ya es otra cosa. Los cosacos en ur. a carga son capaces de arrollar á toda la caballería del mundo y á toda la infantería asiática. La Manchuria se la comen los cosacos: me atrevo á escribirlo y dejarlo encerrado en un sobre para cuando se acabe la guerra. La melinita en la guerra C e g ú n las noticias que llegan de la guerra entre Rusia y el Japón, los torpedos disparados por los japoneses en Puerto- Arturo estaban cargados con melinita, es decir, con ácido pícrico, el cual, al hacer explosión el cuerpo que lo encierra, desprende gases que envenenan la sangre de las personas que se hallan próximas. Las pólvoras de ácido pícrico impregnan el agua de una coloración amarillenta muy característica y explotan por simple inflamación. Por esto se las emplea poco en los trabajos mineros y casi únicamente en sus aplicaciones al arte militar. El ácido pícrico forma el principio de los explosivos modernos empleados en la carga de proyectiles. Para producir combustión completa el ácido pícrico y sus sales, exigen la adición de un agente oxidante complementario, azoato ó clorato, mezcla para la cual es necesario todo género de precauciones. Puede emplearse puro también en los usos militares, porque se deja manipular sin peligro después de haber sufrido la fusión á la temperatura de 122 grados centígrados. El ácido pícrico, tal como le entrega el comercio, es uno de los explosivos más poderosos que