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SéAÑO DOS. NUMERO 93. CRÓN CA BISEMANAL ILUSTRADA. C N E L CONGRESO. IMPRESIONES DE UNA SEÑORA PARLAMENTARIA JUEVES. -Vengo con mucna curiosidad á ver la cara que tiene Maura después del tute de ayer. ¡Pues mire usted, le encuentro ojeroso! -como dicen en El patio. La verdad es que Moya le metió debajo de la mesa. Lo malo es que ahora vuelve Morayta á hablarnos del Katipunan y de Isabelo de los Reyes, y dice que aquellos japoneses falsificados que venían aquí á bailar polkas íntimas en diferentes cachupinadas y á jugarse los cuartos en varias chirlatas, eran unos grandes patriotas. A Isabelo de los Reyes no lo conocí, pero sí á un amigo suyo, que tenía la cara de color beige y se llamaba D. Dominador, y era mucho más chico que Castellano. La verdad es que el Sr. Morayta tenía unos amigos de muy mal color: ¡así como los frailes, que da gloria verlos con esos carrillos como manzanas reinetas! Mire usted, con todo el cuerpo de D. Dominador y de su amigo Isabelo de los Reyes, no había carne bastante para hacer un entrecejo y unas narices como las que gasta el P. Nozaleda... Silencio, que va á hablar Ortiga Munilla. Ya se le han caído á Maura encima Los I- unes de El Jmparcial... y los martes y los miércoles y toda la semana. ¡Bravísimo, Ortega Munilla! No se puede... molestar á un amigo con mayor suavidad. Ahora Maura va y le pide mil perdones. ¡Pierde usted el tiempo, amigo! Aquí no ha. habido más que un hombre que gobierne sin El Jmparcial: el difunto D. Práxedes. Pero ya se sabe que D. Práxedes no dejó discípulos, ni herederos... ¡Ay, qué gusto! Va á hablar Nocedal. Ya, ya veo en la tribuna de al Iad 3 á los hermanos Quintero que vienen á oitle: á aprender, vamos. ¡Miren qué gracioso! Empieza diciendo que él ama tiernamente á las comunidades religiosas. Y á las... vamos, á otras... comunidades pecaminosas. Aquí lo sabemos todo. ¡Salad simo! ¡Dice que le dan lástima esos pobres ministros tan gallardos, tan arrogantes, tan elocuentes! Es delicioso: ¿á quién sino á este hombre se le ocurre llamar gallardo á Osma y elocuente á Linares? Ahora defiende á la Inquisición y dice que es una institución benéfica. ¡Le digo á usted que tiene perendengues! Es una comedia oir á este Nocedal. Maura le contesta diciendo que los bolsistas le han enviado una carta felicitándole. Bien; pero ¿no hemos quedado en que los francos están á 38? Pues enionces, ríase usted de felicitaciones. La Bolsa está en contra, D. Antonio, y para los Gobiernos conservadores ya se sabe no hay más que un dilema: la Bolsa... ó la vida. VIERNES. -Eso de la Marsellesa ha estado gracioso. Yo lo qus haría ahora sería dar una serenata al embajador de Francia, tocar el himno nacional francés y á ver si me metían en la cárcel. Verdad es que Sánchez Guerra ¿qué sabe de himnos nacionales? ¡Ay, vecina, lo que nos va á caer ahora! ¡Mire, mire qué señor tan triste y tan catalán, que parece un paraguas con barbas! Ese es el Sr. Zulueta, el de la embajada comercial. ¡Menuda embajada la que debe de traer esta tarde embotelladita! No, pues lo que es á mí no me coge. Conozco mis clásicos: quiero decir, mis catalanes y sus embajadas. ¿Usted se queda, vecina? Yo... vuelvo. Al Sr. Zulueta, vea usted quién se queda á oírle. (Entra en la tribuna diplomática el JSuncio de Su Santidad. SÁBADO. ¡Cómo se divertiría usted ayer con lo que dijo el Sr. Zulueta! Aquí sí que pegaba bien lo de con ese discursito no tendrá ust; d frío, ¡Caramba, vecina, qué oradores tan insignificantes los de hoy! Rusiñol, Albarrán, Lletger, Lombardero! ¡Uf, qué poquísimo nos importa todo ello! ¡Y Sánchez Guerra intentando decir chistes! Es como si Donato Jiménez intentase distraer al público bailando el ca e- walk. Discurso del Sr. Junoy. ¡Lástima que este catalán no se salve! como dijo el otro. Siguen los republicanos tocando la Mar seVe- a y Sánchez Guerra el contrabajo. ¡Bravo, Junoy! Le ha llamado á Maura el hombre- mecha. ¡Toma frasecitas de efecto! Huyamos, vecina, que se entra en la orden d: l día ¡y tienen pedida la palabra Urzáiz y Suárez Jnclán! ÜMADRID, 10 DE FEBREROD Ei 904, NUMERO SU ELTO, 10 i I V i v i i LA MARINA DE GUERRA JAPONESA. LECTURA DE UNA ORDEN DEL DÍA DEL M 1 KADO INSTRUCCIONES ANTE LA TRIPULACIÓN DE UN ACORAZADO DE AQUEL IMPERIO, QUE RECIBIÓ PARA ABRIRLAS Y CUMPLIRLAS UNA VEZ EL BARCO EN Al. TA M A R LA GUERRA ENTRE RUSIA Y JAPÓN. LA GUARDIA RUSA, DOS DE CUYOS REGIMIENTOS HAN SALIDO PARA EL EXTREMO DDáFILE DE ESTAS FUERZAS ANTES DE EMBARCARSE EN EL FERROCARRIL TRANSIBERMKO dR ÉNTÉ. Fots. Gribnrcdoff