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SSAÑO DOS. NUMERO 92. CRQNICA BISEMANAL ILUSTRADA. MADRID, 6 DE FEBRERQDE 1904 NÚMERO SUELTO, 10 A LA empezando por el emperador de Alemania y el rey de Inglaterra, y sostiene que son unos infelices, y que él no conocía al Sr. Saturnus. Pero, Sr. Morayta y señor Maura, ¿qué nos importa de todo eso? Si comienzan ustedes con estas discusiones tan poco movidas, ¿cómo vamos á venir aquí las señoras? Y mire usted, dice un amigo mío periodista que los periódicos y las Cortes no son nada sin señoras. ¡Vaya, menos mal que ha dicho lo de Gamazo: que Maura es un caballo loco en una cacharrería. Es bonita la definición, ¿verdad? ¡Ay, vecina, bien dicen que no hay hombre grande para su cuñado! MIÉRCOLES. Y sigue lloviendo. Si la Candelaria plora, ya está el Gobierno fora, dice el refrán. Y los marinos, que entienden muy bien esas cosas de la atmósfera, añaden que, plore ó no plore, el Gobierno está fore. ¡Canastos, C RÓNICA. LA PROTECCIÓN INFANCIA AQUELLOS BAILES... 1 I ay en la calle de Garcilaso una casa pequeña, modes ta y de apacible aspecto, que parece reservada por el destino para fines ruidosos y trascendentales. Rasgan la fachada de su piso superior diez ó doce balcones, pertenecientes todos á un saloncilio que hasta hace pocos meses atraía por las noches la atención del pacífico vecindario con el holgorio de sus bailes. Tenían éstos un carácter especialísimo. Más señoriles y prudentes que los actuales del Frontón Central, más picantes que los del Fomento, eran superiores á todos en atractivo, en animación y en alegría. Dábanse á continuación de funciones teatrales, los domingos; con pretexto de ensayo, el resto de los días, y á veces sin pretexto ni función. Y concurrían- á ellos actrices incipientes, modestas hijas de familia que iban con sus mamas, oficialas de varios oficios sin compañía, muchachas todas que mal avenidas con susjjosiciones ínfimas, llenas de ávida curiosidad, sentían d e s e o s de explorar otros mundos más encumbrados, a u n q u e fuesen más peligrosos. Bailábanse etiqueteros rigodones, pero dominaban los valses, las polkas, los schotis y aun las habaneras con su indispensable pavo. La expansión del baile unía á veces los cuerpos más de lo que una estricta, moral pudiera permitir. Pero las madres benévolas no se daban por enteradas, siempre que la conversación fuese, como solía ser, conveniente y pudorosa. Como las niñas eran guapas y de abierto y f r a n c o espíritu, los lazos amorosos anudábanse con facilidad. Y el que acudía á los bailes sin contar con p a r e j a exponíase á pasar solo la noche, pues los novios guardaban las suyas cuidadosamente. En los ini ot. Griiwycaoff termedios b u s c a b a n los r i n c o n e s para charlar muy bajo y muy juntos, y los más espléndidos las llevaban al buffet, donde á medias comían pastelitos y bebían un fementido jerez, clavándose los ojos y las rodillas. El personal femenino se renovaba con frecuencia. Las actrices, cuando lograban entrar en un teatro, no volvían. Otras se iban á trabajar á provincias. Pero la mayor parte de las concurrentes desaparecían sin saber cómo... de no dar aserto á las murmuraciones de las que quedaban. Algunas se casaban, previo casi siempre el rapto. Todo el Madrid juvenil y maleante de entonces pasó por el saloncillo de la calle de Garcilaso, y conserva recuerdos imborrables de las noches felices y alocadas corridas en aquellos bailes, á todos diferentes, superiores á todos, atractivos y picantes, que tenían como un perfume de la bohemia parisiense que vive en las encantadoras páginas de Murger. oy el local se halla transformado. El antiguo guar darropa es cuarto de aseo; el buffet, amplio comedor; la sala, escuelas. Ante el antiguo escenario levántase la tribuna del maestro. Al cartel anunciador reemplaza la imagen de Cristo. La casa de la calle de Garcilaso sirve ahora de Escuela- Asilo para ¡os golfos. Es una de las cuatro que el lunes empezaron á funcionar por iniciativa generosa de S, M la Reina, secundada eficazmente por sus altezas reales la Princesa de Asturias y la Infanta doña Isabel, y realizada merced á la actividad constante, ala recta energía y al fecundo talento del delegado regio de primera enseñanza en Madrid, D. Joaquín Ruiz Jiménez. Fracasaron hasta hoy cuantos intentos hubo de estirpar la golfería, por responder aauellos sólo á un concep- Desde el primer número, A B C ha venido honrándose con la colaboración del insigne doctor Tolosa Latour, quien, como es sabido, en la Prensa, en las academias, en las asambleas, donde quiera que pueda hacerse oir ó leer, pone á contribución la potencia de su alma para favorecer á los niños. En los asilos les presta su asistencia facultativa. Más que médico, parece padre de las criaturas desvalidas. Tan grande es el cariño que pone para tratarlos; tan grande como su ciencia, que es mucha y sólida. En estas columnas ha publicado brillantes artículos, siempre en favor de la infancia, siempre pidiendo amparo y justicia para los seres desgraciados, con quienes los Poderes públicos se muestran esquivos y la sociedad desdeñosa ó, cuando menos, a t u r d i d a Se practica la caridad- -dice nuestro ilustre amigo, -pero se practica mal. Y tiene razón. Le llaman muchas familias p a r a que con su ciencia arranque á sus hijos de las g a r r a s de la muerte. Deberían llamarle p a r a arrancar bajo su dirección á las garras de la miseria material y moral á miles de criaturas que s o n cristianamente razonando, hermanos de nuestros pequeñuelos; hijos, por tanto, de todos los que, en mas ó en menos, p o d e m o s contribuir a hacer el bien. La Sociedad Española de Higiene aprobó por unanimidad, hace dos años, un proyecto de ley de protección á la infancia, formulado por el doctor Tolosa Latour. El Gobierno ha h e c h o suyo el proyecto, resolución que aplaudimos, y al consignarlo asi debemos felicitar a nuestro ilustre colaborador y proclamar z hecho, p a r a que sepa en su día la infancia desgraciada que la ley que tanto ha de favorecerla se la debe al hombre generoso á quien, salvando lo irreverente de la frase, puede llamársele Providencia de los niños pobres. De desear y de esperar es que las Cortes aprueben pronto este proyecto, dando de lado á discusiones bizantinas de ninguna utilidad para el país. -C. UN RSNCON DEL PALACIO IMPERIAL EN TOKIO, CAPITAL DEL JAPÓN EL IMPRESIONES DE E NUNACONGRESO. PARLAMENTARIA SEÑORA LUNES. ¡Qué manera de llover, vecina! Si esto sigue, vamos á estar todos como el Gobierno: con el agua al cuello y viendo caer sobre nosotros dominicos de bronce. Menos mal que está hablando el Sr. Morayta, cuya oratoria es esencialmente secante. Mire usted: parece esto la segunda representación del baile del Real. ¡Que aspecto tan animado el de la Cámara! Cada cual charla con el que tiene al lado, y se oye al propio tiempo llover y el discurso del Sr. Morayta. Pues, mire usted, eso que ha dicho de las Indias y de los orangutanes también se lo oí yo contar á un señor que iba á casa y que se tra O de Filipinas una colección de seiscientos bastones, cien mil duros y el hígado tamaño como la cara de don Bernabé Dávila. Vaya, que hoy viene muy ameno el señor Morayta, contra su costumbre. ¿Oye usted? Dice que cuando quiso implantar las reformas le llamaron á Maura filibustero. Y Maura contesta con la primer frescura: Y ahora me llaman clerical. Vamos, que para z es lo mismo. Y puede que tenga razón. ¡Anda, vaya una manera de meterse en los charcos el Sr. Morayta! Ahora se pasa dos horas defendiendo a la masonería y nos coloca una lista de todos los masones del mundo, vecina, qué espectáculo tan nuevo! ¿Usted recuerda en su ya larga vida parlamentaria haber visto algo como esto? ¡Un orador dirigiendo terribles cargos al Gobierno desde los bancos de la mayoría! ¡Y los republicanos aplaudiéndole á rabiar! Este Burell es el demonio. ¡Qué chico tan listo! Mire usted, yo me acuerdo que en una ocasión... hace ya bastantes años- -Burell era un pollito- -hubo un mitin republicano federal, como quien dice una novillada de verano, y hablaron Burell y Comenge, que andaban entonces partiendo corazones; y fue Comenge (si mal no recuerdo) y pidió la federación universal. Conque entonces, va y se levanta Burell, con su pelito rizado, y así como quien se atusa el bigote, fue y pidió la federación de todo el sistema planetario. Tiene gracia, ¿verdad? Es muy simpático Burell. ¡Lástima que haya sido gobernador, porque eso estropea mucho los modales! Pero, mire usted, de todas maneras se está fumando al Gobierno este, como se fumó a otro con unas cuantas columnas dóricas y jónicas de EZ Tmparcial. Muy bien ese recuerdo de González Brabo. Pero, ¡buena diferencia va de aquel hombre tan serrano y tan saleroso, á este sacristán de Maura! Claro, ahora Salmerón da las gracias á Maura por la colaboración que le presta. Realmente, Maura y Salmerón son el Perrín y el Palacios de la obra que estamos teniendo el honor de representar... y de silbar como un solo hombre. Habla Maura, ¡Dios nos valga, vecina! ¡Jesús, Jesús, el rebumbio que se ha armado! ¡Qué cosas acaba de soltar Soriano! ¡Gallinas cluecas, chuetas! ¡En mi vida las oí más gordas. ¡Y Moya chilla como un energúmeno! ¡Ay, ay, ay, que se pegan, que se matan! ¡Caramba, qué bien habla, pero qué bien, este Moya; y cómo le pone á Maura! ¡Esta sí que es la dislocación del sistema planetario!