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Pág. 6 A MUJER IDEAL. LA VENUS! NA. T 1 PO BIENHECHOR ABC Núm. 91 que haya ijsted venido. ¡Quién aguanta semejante salida! ¿En qué ley de presupuestos se ha establecido que al contribuyente se le saque el dinero con tan espantoso ensañamiento? Pero no acaban ahí mis desdichas. Tomo un tranvía para volver á mi casa, se para en medio del camino, pregunto al cobrador qué sucede, y me dice: Se ha roto el trole, y hasta que se arregle el trole, no podemos tomar el tole. Y un guardia que oía esto, agrega sonriendo: No sé cómo se troleran estos abusos. ¿Qué tal? Imposible aguantar más por mi parte; los chistes me echan á Cheste. ¿Pero qué es eso- -le dije, -usted también juega con las palabras? ¿Ve usted los efectos? A mí también se me escapan esas gracias desgraciadas, y acabaría, de seguir así, por no saber hablar de otra manera. Nada: á Cheste sin chistar... Y al ver que había vuelto á jugar con las voces, huyó de mí murmurando las más terribles imprecaciones contra los chistosos y contra sí mismo. Bien sabe Dios que no le falta razón á mi amigo; semejante hábito es algo peor que el de aplicar todas las facultades d la inteligencia á la adivinación de charadas Y logogrifos, cosa que también ha tenido su período de moda en nuestra buena y mala sociedad. El ingenio nacional, aplicado á ese género de chistes, acabará por producir obras tan maravillosas como la de aquel chino que escribía el Padrenuestro en un grano de arroz. Por lo visto, al reducirse un territorio se estrecha también el ingenio de sus naturales. Por lo visto hemos perdido en una semana las colonias y el sentido común. EMILIO SÁNCHEZ PASTOR seguro. La venusina, ardiente y con arraigado sentido práctico, supone que el hijo de Marte ha de vivir más horas para ella y que no ha de comprometer su paz doEl maestro Sar Peladán, á cuya certera experiencia de méstica con imprevistas penurias. astrólogo habremos de atenernos, me transmite cuanto El amor conyugal retiene fácilmente á la venusina en voy á decir sobre la elección de mujer. El autor del Vi- el hogar, pero es indispensable no ofenderla con celos cio supremo no titubea antes de formular sus conclusio- injustificados y groseros. Las partidas de campo suelen nes. Es categórico y rotundo. El vacilar responde siem- ser un peligro para la venusina. La historia de sus sepre á los altibajos de un pensamiento escéptico y fluc- ducciones se ha escrito casi siempre sobre la hierba de tuante. Anatole France, el discípulo más fiel de Protá- los prados. El carácter de letra de la hija de Venus es goras, no se aventuraría nunca á afirmar en doctrina tan muy personal é inconfundible: letra redonda, muy igual incierta y comprometida como la que hace depender é inclinada á la izquierda. Los palos que cruzan las tés nuestra vida sensual y moral de la influencia de los ascaen de alto á bajo, y los párrafos concluyen un poco tros. Sar Peladán es menos iiumilde que su insigne comamazacotados. La escritura, ¿no es un gesto como otro patriota. Su familiaridad con el sistema planetario debe de ser muy intensa y constante. ¿Cómo explicar de otro cualquiera? ¿Por qué no ha de tener elocuencia emomodo la intervención que atribuye á Venus, Júpiter, la MANUEL B U E N O Luna, Saturno, el Sol, Vulcano, Marte y Mercurio en el destino humano? Los que ponen fe en estas cosas hallarán en las teorías de Sar Peladán sobrados motivos de persuasión. Los descreídos, los tibios en la fe astrológiGENTE CHISTOSA ca, los que se burlan de esta rama científica suponiéndola LGUNOS espíritus observadores han descubierto que un risible conjunto de patrañas, que aparten sus ojos de la actual generación es triste. Triste la música, maestas líneas. La musa del destino no se espontaneará con ellos. Es verosímil que esos remisos en la creencia de cabra la literatura, pesimista la filosofía, todo funeral, Sar Peladán, esos empedernidos escépticos, no desdeñen todo lúgubre; no niego que en esas manifestaciones del la doctrina fatalista, que da por seguro que el curso de espíritu suceda lo que afirman esos críticos de la humanuestra vida está fijado ab ceternum. Transigir con ella es nidad; pero lo que es en lo que á España se refiere y aceptar una superstición de la misma seriedad científica, en el orden privado de las relaciones de las gentes, no aproximadamente, que la teoría astrológica que vamos á se registra época más chistosa que la actual. Bien sea por efecto de la victoria que obtuvimos hace estudiar. Lo más probable es que ni los que siguen á Peladán, ni los que creen á pies juntillas así la predestina- poco sobre los yanquis, bien sea por el estado próspero ción, estén en lo cierto. Viniendo á las cosas del amor, es de! a Nación en el orden económico, bien sea por la fetemerario el insistir en que una sola mujer debe ser la licidad doméstica que todos los habitantes de la Peníndueña de nuestro corazón. Ni la astrología, ni el fatalis- sula disfrutan, el caso es que nos hemos dedicado á hacer mo, ni ninguna doctrina de las que pretenden explicar- chistes en toda ocasión y momento, y la vida resulta un nos los escondidos resortes de la existencia humana, pue- encanto. de sostener airosamente eso. Es que el hombre, cedienSe reúnen cuatro amigos en el café y empieza el fuego do á un orgullo tan desmesurado como pueril, no se re- graneado, ó sean los chispazos del ingenio, que de ¡as signa á ver la mano inconsciente del azar en su vida. Se dos maneras se llama esta manifestación de la mentalidad figura que una potencia sobrenatural fija de antemano las nacional. etapas de su peregrinación en la tierra. Ignora ó aparenLlega el mozo con las cafeteras y pregunta á uno de ta ignorar que el mañana está preñado del hoy y que el ellos al echar el café: hoy es un retoño del ayer. Cuando no cree en la fatali- ¿Solo? dad, cree en el providencialismo ó en la astrología. Lo- -No, con estos señores, -contesta el parroquiano; y urgente para él es no poner nada en la cuenta del azar, el camarero, que oye eso mismo setenta y nueve veces p 1 tipo de la mujer venusina se divide, según Sar Pe- todos los días, tiene que sonreír amablemente por la ladán, en dos variedades. La Venus astrológica no gracia que le hace... la propina. personifica el amor pasajero y voluptuoso de una noche, Luego dice uno: ni el caliente ensueño de la lujuria. Venus encarna e! -Voy á traducir una obra de Ibsen para el teatro de amor en su sentido más noble, más elevado y más exten- la Princesa. so. La mujer que ha nacido bajo la influencia directa de- -Habrá que ibsen de Madrid esa noche, -contesta aquel astro, propende á ser amante incomparable, esposa otro. apasionada y madre tierna y pronta al sacrificio. En su Los demás patean. carácter hay abnegación y caridad. Es religiosa, fiel á- -No se la endoses á Palencia, -dice el tercero, presus deberes, apacible y constante. No la pidáis la honparando la gracia. dura de sentimientos de una mujer que ha nacido bajo la- ¿Por qué? protectora égida de Saturno, ni el misticismo lírico de- -Porque no la acepta. una lunaria, ni la habilidad de una hija de Mercurio, ni- -Que te ponga el conocimiento un amigo, -advierel heroísmo de una criatura á quien acompañó al nacer la luz de Marte. Es, á pesar de todo, la mujer ideal, la que te otro. ¿A cuántos días vista? -dice el primero. elegimos para esposa, la que se identifica con nosotros y- -A una noche sola. puede labrar nuestra felicidad. Si ponéis atención en vuesOtro pateo genera! que llena de vanidad al autor de tros paseos, reconoceréis fácilmente ese tipo de mujer. De mediana estatura, tirando á buena moza, sus andares la frase. Pero hay que dar nuevos golpes al asunto, y el más dan indicio de sencillez y de paz interior. Es un andar ingenioso pregunta: casto, sin acusar voluptuosamente las línea del cuerpo ni- ¿Qué obra es? caer en coqueterías tentadoras. Un andar flexible, ondu- -La Dama del Lago. lante y rítmico. Mira de frente y hay en su mirada fran- ¿Del lago? No lagas y no la temas. queza, dulzura y simpatía. Aun en los momentos de me- -Si la gritan me hago el sueco. ditación sus pupilas sonríen sin que las entenebrezca una- -Siendo de Ibsen, te harás el noruego. idea de cólera ó de acometividad. La cabeza pequeña, -Pero si noruegas á Dios que te saque con bien, vas recuerda la estatuaria griega. En su frente, estrecha y al foso. combada, se transparentan canas con una suaveazulación. La nariz ancha, arranca del frontal en una línea regular, Pateo, carcajadas y vuelta á empezar, para matar unas pero se redondea en su remate, dilatándose sensualmente. cuantas horas en tan agradable y provechosa tarea. Los ojos, claros y húmedos, casi á flor del rostro, descuYo tengo un amigo de genio muy alegre, pero á bren unas pupilas dilatadas é insinuantes. La boca es pe- quien sublevan los nervios ese jugar del vocablo que inqueña, casi ovalada, con labios lisos y carnosos que se cesante martillea nuestros oídos. contraen con cierta voluptuosidad. Parece por la pulpa- -Me voy- -me dijo ayer enfurecido; -me voy á sanguínea que los ilumina una herida. El cabello de la ve- descansar á mi pueblo, á Cheste. ¡No puedo más! ¡Qué nusina perfecta suele ser entre negro y castaño, natural- día he llevado hoy! mente rizoso. Apretada de carnes, es de una plena y- ¿Qué le pasa á usted? simétrica hermosura, sin que despierte jamás un pensa- -Pues casi nada. M e levanto, pido el chocolate, y miento lascivo. apenas me aproximo á la jicara, le digo á la cocinera: huele á cjuemao. Que maorquen si huele contesta la infame. Excusado es decir que fue á la calle en el acto, por Es alegre y comunicativa, y muestra instintivo horror chistosa. Quizá no pretendió hacer un chiste; quizá fue al encierro y á la soledad. La venusina no entra jamás ere casualidad; pero por si acaso, corté por la sano. ¡Infeliz de mí, no sabía lo que me esperaba! El primer amigo un convento como no sea de visita. Su memoria es fácil, que me encuentro me pregunta que adonde voy tan de pero retiene con dificultad. Es, ante todo, una sentimental, perezosa y soñadora. El presentimiento de la solte- prisa; le digo que al Banco á retirar una cantidad de la cuenta corriente, y me contesta: Corriente, cuenta conría la aterra. Antes la esposa de un viejo ó de un perdido, que célibe. Es muy cortejada, y entre sus preten- migo para todo. No le contesté; llego á la oficina, hago una factura para cobrar unos cupones, se me rasga un dientes abundan los que se dedican á ocupaciones matepoco, y al preguntarle al empleado de la ventanilla si riales: ingenieros, arquitectos, abogados. hago otra, me contesta: No; la tomaré, aunque se ha La lunariana, es imaginativa; la jupiteriana, amoiciosa. convertido en una fractura. La venusina es sencilla y tierna, pero se perece por los perfumes, las flores y las joyas. Del hombre elegido lo Excuso decir á usted cómo saldría de allí; pero no teacepta todo, menos el desdén y la continencia. Quien nía más remedio que aguantar y coger mi dinero, porolvide esa cualidad del temperamento de la venusina, se que debía pagar hoy el segundo trimestre de la contriexpone á pagar muy cara su falta de memoria. La tradibución. Llego á la casa del recaudador, le digo quién ción le ha dado á Marte por amante, y de eso se ha de- soy y que voy á abonar mi cuota, y ¿qué dirá usted que ducido que la venusina ama la gloria militar y el faustome contesta? del uniforme; pero es otro el motivo de esa efectiva pre- ¡Quién lo adivina! ponderanc a. El militar es un desocupado con el haber- -Pues me contesta: Hombre, cuota me alegro de PEINADO E L SIGLOS AL TRAVÉS DE LOS El Baile de cabezas organizado por la bella condesa de San Luis pone de actualidad los peinados arqueológicos, invitándonos á hacer una ligera reseña de todos los que sin anacronismo han lucido nuestras elegantes en la aristocrática fiesta. Se ignora si en tiempo de los patriarcas estaba establecida la costumbre de ir sin velo en algún pueblo del Asía. Hasta Herodoto no se hace mención de qu; los peinados egipcios eran célebres por sus formas bizarras y los ornamentos que les acompañaban. En los primitivos tiempos egipcios, dice Rawlinsor, la mater familias se dejaba crecer el cabello, que p; i aba en tres trenzas: una á la espalda y dos á los lados de la cara, cayendo sobre el pecho. En los cuadros murales reproducidos por Wilkinson, Rosellini, Ebens, Lepsims, etc. se ven muchas egipcias peinadas conforme á un mismo modelo. La abundante cabellera, rizada en ondas, colgaba hacia atrás, recogida junto á las orejas, y por delante grandes trenzas á ambos lados caían cubriendo la mejilla. Completaba el tocado una ancha diadema. En el vértice llevaban muchas una flor de loto, con el tallo pendiente por detrás. Los antiguos romanos, el día de la boda, separaban con la punta de una lanza los cabellos de la esposa, para hacerle comprender que debía amar el valor. Durante los diecinueve años del reinado de Marco Aurelio, su mujer apareció con cuatro peinados diferentes, que se llamaron la calanhque, la mitra, el flammeum y el coliendrum. Otra disposición de la cabellera, muy seductora, era la diadema formada por los mismos cabellos. Las romanas tenían, por lo general, el cabello negro; pero gustaban mucho de! rubio claro, y para darse este color usaban ciertas yerbas de Germania. Las mujeres ricas y los hombres afeminados cubrían sus cabellos con polvos de oro. Los bárbaros que invadieron el Imperio, llevaban largas cabelleras impregnadas en grasa de animales ó de manteca de caballo. Entre las mujeres godas se observa gran variedad; muchas llevaban los cabellos rodeados á la cabeza y sujetos por cadenillas de oro ó de hierro. Obtenían lindas coloraciones en rubio y en rojo. Cuando se estableció el feudalismo, os cabellos fueron para la mujer, como para el hombre, signo distintivo de nobleza. Sólo la reina y las mujei es de alto rango llevaban la cabellera en toda su largura, cubriéndola con un velo estrecho y largo, ó bien con un cuadrado de tela, entre el que ponían la corona real, ducal, etc. En el siglo xi aparece la moda de los cabellos partidos en dos bandos y cayendo en dos trenzas por delanie de los hombros. Se pasa en segu. da á los cabellos flotantes bajo el gron velo llamado mollequin. Viene en seguida los cabellos cortados como los ¡lovj en i 249 Juana, condesa de Tolosa. A comienzos del siglo xm se sustituye el velo por una especie de capuchón que toma el nombre de chaperon; las damas los hacían de terciopelo y las burguesas de paño. Con las Cruzadas, los peinados toman las formas características del Oriente, de los judíos, los sarracenos y los bizantinos. Hacia el fin del siglo xm las damas muestran la cabeza desnuda, con los cabellos dispuestos en diademas á los lados de la cara. Se los tiñen de negro, rubio y rojo. Hay que notar que el rojo, color de Judas, estaba prohi-