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3 AÑO DOS, NUMERO 89 XRÓN CA BISEMANAL ILUSTRADA. En La zagala hay un pensamiento, profundamente humano. Es la viudez un accidente doloroso que perturLGO ACERCA D E Voluntariamente heretrasa- ba la vida, pero que no la extingue en sus impulsos de LA ZAGALA do esta vez la publicación de relación y continuidad. En el viudo se afirman esos immis impresiones acerca de la pulsos con ansias incombatibles de reconstituir el hogar, íltima producción teatral de los Sres. Alvarez Quintero, de restablecer los rotos eslabones de la vida, de volver á dudoso de mi propio juicio, enfrente del juicio general, henchir el alma solitaria con los halagos bruscamente aleíncauzado en determinado sentido francamente hostil, jados de la Naturaleza... Por eso los Viudos, hombres y egún se ha visto en la Prensa, á la indicada obra de mujeres, son fáciles y resueltos en reincidir, concertando aquellos tan aplaudidos autores. uniones desiguales y muchas veces absurdas. Para el priA mi entender, se han extremado los términos de la mer matrimonio pueden atender las voces de las conve: ensura; puesto que no solamente se ha juzgado á La niencias, de los respetos, de las preocupaciones; en las zagala con inusitado rigor, sino que se ha llegado á ne- segundas nupcias no se oyen más que las voces de la Nagar á los Sres. Alvarez Quintero condiciones para reba- turaleza: todo se allana y se atropella y se aniquila ante sar los límites del sainete y entrar en los de la comedia. la voluntad avasallada por el afán de la vida en sus tarTratándose de los autores de Pepita Jueyes y Las Tlores, días afirmaciones. se fallo tan extensivo es inadmisible y me parece inMas todo eso es un doloroso esoejismo: la dicha no jUStO. nos visita dos veces. Los hijos miran, como una profanaOstentan ante el público títulos bien ganados para ob- ción de lo más santo, la entrada del cónyuge intruso en i MADRID, 27 DE ENERO DE 1904. NÚMERO SUELTO, 10 CÉNTS vida, que el arte puede recoger y exteriorizar con medios sutiles, en ¡os que consiste la maestría. Una pincelada, una frase, una nota, un golpe de cincel, bastan para esa exteriorización de los estados de alma A veces, esa sensación delicada y fuerte á un mismo tiempo, reside más que en la frase, en el sentido... Ironía, ternura, amarga suavidad de los 1 propios anhelos, quejumbres inconscientes del propio espíritu acobardado... Eso ha de salir del fondo de todo problema humano tratado por el artista. No les apesadumbrará á los Sres. -Alvarez Quintero que yo les diga que, gustándome su nueva comedia; no he sentido en ella la impresión de tranquila ternura, -de mansa emoción, como en el último acto de Eí sí dé las niñas, por ejemplo. Y eso, ténganlo en cuenta ó no, es lo permanente, lo exquisito, lo que hace vivir las comedias con perdurable lozanía. La viveza del diálogo, el donaire, el regocijo, la trabazón episódica, los chistes, los recursos de pura t é c POR LOS TEATROS A 1 Jfc -t r r SS. AA. LOS PRINCIPES DE BAV 1 ERA, SUS HIJOS D FERNANDO, B. ALBERTO Y B B 1 LAR, PRINCESA CLASA, HERMANA POLÍTICA DE D PAZ, Y LA INFANTA D EN EL ALCÁZAR DE TOLEDO, DESPUÉS DE VISITAR LOS MAS CELEBRES MONUMENTOS DE AQUELLA CIUDAD EL D A 2 1 DE ESTE MES Fot. C. Garcés. tener legítima consideración aun en el adverso juicio: no van indocumentados, por derecho suyo; y esto que se tiene en cuenta siempre tratándose de los viejos, no ha de negarse á los nuevos, con tanta más razón cuanto que los nuevos representan una esperanza. A más de ese título, de los que valen y trabajan, tienen ¡os Sres. Alvarez Quintero otro, que no por ser circunstancial deja de ser atendible. En medio de tantos autores viejos y nuevos que escogen el fácil y trillado y nada glorioso camino de la refundición, de la traducción y del arreglo, cuando no el del hurto mal disfrazado, ellos se conservan íntegros, dando lo suyo con ingenua prodigalidad, procurando infundir en su trabajo a go nuestro, jugoso y castizo, que es siempre intento plausible, y mucho más en estos tiempos. Ni el público ni la crítica han podido negarles nunca ingenio, gracia, originalidad, observación y donosura. Y con estas condiciones es arriesgado excluir á nadie de ningún medio teatral. el hogar enlutado, que, mansa ó abiertamente, es declarado en estado de guerra. Diferencias de edad, de carácter ó de cíase; asomos del interés; inevitables comparaciones entre lo anterior y lo actual; renovaciones de recuerdos placenteros á la vista de imágenes, de objetos y de sitios que presentan á la imaginación un mudo y continuo reproche, desvían con indomable violencia las voluntades mal unidas. Y el alma doblemente solitaria del viudo, apura su tormento en esa espantosa soledad que no tiene remedio. Esto siempre será teatral porque es humano. Los Sres. Alvarez Quintero han engastado este problema de la vida en un medio muy español y bien observado, sabiendo que las cosas son cómicas ó trágicas, según el lado por que se las mire, sin que afecten á su realidad la mezcla de entrambos elementos. En mi sentir, han acertado en la exacta pintura del medio, no así del todo en la honda transmisión de la amargura que tiene el problema. Hay vaguedades en) nica, los efectos, todo eso es algo bueno, pero que pasa como el relámpago vistoso de los fuegos artificiales en noches de fiesta. Lo que permanece es el resplandor blanco en las noches de luna, tranquilo, inalterable, como un reflejo de esa gran melancolía de las cosas... Cierto que á La zagala la perjudica un poco la extensión. ¿Por qué cuatro actos? Dirán que eso queda al arbitrio del autor, lo cual no deja de ser una razón; mas con ese sistema cualquier libro podría tener los tomos que el autor quisiera y habríamos quitado la idea de la proporción en el arte, es decir, habríamos quitado al arte del mundo. Sería demasiada revolución. En suma: La zagala no es una obra maestra, pero- es una obra estimable, original, graciosa, que tiene muchas bellezas y que representa un plausible intento en pro de la decaída comedia española. El públicolave con gusto. No habrán llegado sus autores á la plenitud del género, mas no se puede negar que están en camino. JOSÉ N O G A L E S