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Núm. S 8 galopar eurítmico de sus caballos desolados, yo no sé dónde, á través del mundo, seguida por el macizo escuadrón de sus recuerdos. J a huelga de los trabajadores del mar, los motines de Tarragona, el incendio del gran número de instalaciones en la feria de Valencia, son hechos que aunque diferentes en sí, parecen obedecer en sus causas á idéntico empujón inicial: la incorregible ferocidad humana. Los incendios de Valencia, sobre todo, pertenecen, si hemos de creer lo que á ese propósito se dice, á las más siniestras galerías de la neurosis criminal. Manos convulsionadas de locos, movidas por livianos intereses, prendieron fuego á las más vistosas barracas del Real de la feria, holgándose de la infamia, por anticipado, sus autores, en amanenazadores avisos que hicieron circular profusamente por toda la ciudad. Y aquí nos detenemos. Porque tales hechos sólo pueden comentarse con la carnicera lógica del odio. ALEJANDRO SAWA ABC JOSÉ FERRERAS nteayer falleció en Madrid D. José Ferreras, director de El Correo, senador vitalicio y político de profundas ideas liberales. Fue, ante todo y sobre todo, un excelente perió dista. Por algo se le Ha naba maestro éntrelos del oficio. i i ASPECTO DE LAS BARRACAS DE LA FERIA DE VALENCIA DESPUÉS DEL INCENDIO Fot. F. Gómez muy triste ha venido á interrumpir cuadro tan brillante. Un incendio iniciado en uno délos pabellones se propagó rápidamente á otros. El pánico fue entonces indescriptiBle. La gente corría en todas direcciones. Mientras esto sucedía, ocurrían á espaldas de dichos barracones escenas verdaderamente horrorosas. Adosadas á dichos pabellones había diecinueve casetas, en muchas de las cuales, cerradas ya, dormían los dueños. El voraz elemento destruyó en pocos minutos las diecinueve casetas, propagándose á las situadas enfrente. Afortunadamente no hubo desgracias personales que lamentar. Estudiantinas y bolos I o gozamos fama de excesivamente previsores los que hemos nacido en esta nación, á cuyos gobernantes y á cuyos ciudadanos sorprenden siempre los acontecimientos, por muy anunciados que lleguen; pero si nos costó enterarnos, vaya por ejemplo, de que los Estados Unidos querían despojarnos á todo trance de Cuba, y el conflicto nos cogió, como si dijéramos, en camisa, á cambio de ello el Carnaval nos encuentra siempre perfectamente preparados, con las tribunas armadas, las estudiantinas dispuestas, los bailes precursor- es animadísimos, los confetti empaquetados y la percalina mudada ya de color, que es el colmo de la previsión y del adelanto. Los españoles no madrugamos sino para vestirnos de máscara. Se conoce que con el traje habitual y con la cara descubierta nos va pésimamente, y nos espolea la impaciencia de trocar el traje ciudadano por las falditas airosas del bebé ó por la desteñida colcha de la cama, que sabe Dios qué cosas habrá visto. Máscara presunta hay que ya en Octubre pasado soñaba con el disfraz de oso que arrastrará en el próximo Febrero, y mozalbete que procura desde Navidad engordar las pantorrillas para lucirlas enfundadas en lujosas medias durante los tres días del Carnaval por los paseos y calles de la Corte. Si no fuera muy triste, sería graciosísimo este afán de cometer tonterías que impacienta á los madrileños. Un día y otro nos están repitiendo las estadísticas que nos morimos á chorros, y nosotros tan ternes. Ni colectiva ni individualmente hacemos nada para atajar á la muerte en su destructora tarea. La vacuna hay que administrársela á muchos madrileños al amparo de la Guardia civil como si fuera linfa diocesana de excedente de Ultramar, y la limpieza y la desinfección, y cuantos medios científicos existen para la destrucción de microbios, provocan ¡as iras populares igual que, -si en vez de beneficios, fuesen insultos. Decirle á un madrileño de ciertos barrios que se lave la cara, es peor que mentarle á la madre; y la desinfección de las viviendas sólo se verifica por desahucio cuando el casero le pone al inquilino deudor los trastos en la calle. Pero sí no hacemos nada para no morirnos, anticipamos todo lo posible las pseudo diversiones carnavalescas, y con el afán de vestirnos de mamarrachos, se nos olvida por completo hasta la fúnebre mortaja. Todas las noches suenan ya por las calles de Madrid los pasodobles de las estudiantinas... sin estudiantes. Muchas de éstas empezaron á ensayar á mediados de Noviembre, y todavía sus músicos no se encuentran ni en el calderón. Si la orquesta anda mal, no les sucede lo mismo á los postulantes, que marchan gallardos y atrevídos al frente de los violines, marcando marcialmente el paso y conservando, aun en las bocacalles más difíciles, una alineación perfecta. Sólo les falta pedir y rizarse el pelo. Los periódicos tiene ya estereotipados los consabidos sueltos: Anoche tuvimos el gusto de que nos obsequiara en nuestra redacción con una serenata la brillante estudiantina El cosmético rosa. Su cabo de postulantes es el Sr. D Fulano de Tal, y su cabo de panderetas Don Mengano de Cuál. A las estudiantinas, como á las costas, todo se les vuelve cabos. Estudiantina saldrá por Madrid que tiene seis músicos, treinta pedigüeños y dieciséis cabos, y al de panderetas, por su habilidad en zurrar el parche, le ponen en candelero. Después de todo, esos cabos y soldados sin graduación de la comparsa carnavalesca se divierten en grande antes del Carnaval y en el Carnaval mismo. Lo malo es que á casi todos ellos les suelen estar estrechos los zapa- L PRÍNCIPE D. FERNANDO DE BAV 1 ERA EN EL HOSPITAL DE LA PRINCESA Fot. Franzen Lo era realmente; él hizo periodistas á muchos que hoy figuran en primera fila; pudo ser ministro y pudo desempeñar otros cargos que le brindaron los prohombres de su partido. Nada quiso ser sino periodista, y en serlo cifraba su orgullo y su satisfacción mayor. Honró, pues, á la Prensa española, no sólo por su valer indiscutible, sino por su honradez, por su amor al trabajo y por su caballerosidad. Reciban su familia y nuestros compañeros de El Correo el pésame más sentido por la pérdida irreparable que han sufrido. E L INCENDIO DE LA FERIA DE VALENCIA Hace pocos días hablábamos de la feria de Año Nuevo en Valencia, y publicábamos una fotografía que daba perfecta idea de la animación con oue aauélla se celebraba. Una nota El simpático esposo de la Infanta doña Paz, Príncipe don Fernando de Baviera, llegó el miércoles en un modesto coche de punto al Hospital de la Princesa, donde momentos después operaba, ayudado por los doctores Cospedal, Pelegrín y López García y los practicantes señores Martínez y Plana, á la enferma María Vicente, de treinta y dos años, natural de Valdecarros (Salamanca) que llevaba dos años de terribles sufrimientos. El Príncipe procedió á practicar la laparotomía med a, como preliminar operatorio de la extirpación del fibro- ij Hste del ovario, que era el tumor abdominal de que se trataba. La sala de operaciones estaba rebosante de público distinguido, entre el cual se encontraba todo el persona de la Casa, así de numerarios como de médicos supernumerarios. Los comentarios eran numerosos y entusiastas, tanto por la destreza del cirujano, como por lo simpático de la persona del Príncipe, que con gran llaneza y como á compañeros de todos los días, conversó con todos, demostrando su entusiasmo científico y quirúrgico. 3, 1 DOCTOR LÓPEZ GARCÍA (T 2, S. A. EL PRINCIPE DE BAVIERA OPERANDO Á LA ENFERMA. DOCTOR GARCÍA. 4 DOCTOR COSPEDAL, JEFE DE LA CLÍNICA. 5 DOCTOR PELEGRÍN. QUE CLOROFORMIZÓ Á LA PACIENTE, EN LA OPERACIÓN PRACTICADA POR EL PRINCIPE D. FERNANDO, Á MARÍA VICENTE, EN EL HOSPITAL DE LA PRINCESA EL MIÉRCOLES ULTIMO Fot. del practicanta D. Ignacio alian