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Pág. 6 las cantaban unos actores, caricaturizando á González Bravo, Orovio, Castro v otros ministros. í y qué pasó? -Nada: cantaron unas cuantas noches, y como si no. ¿Y que me dICe usted del t resb, tero Martín Lazaro -Hombre, nada, A mí me ha preocupado más el soevo que llevaba la maleta vendiendo folletos á dos reales. -Estoy desesperada. Ernesto empieza á distraerse. -Con auíén? -tonsumuier. -Tengo un soberano plan para aumentar los ingreSOS del Estado. A BC Un año dé trabajosíun mozo de cuerda q e estando borracho cantó el Trágala Seis años de presidio á otro sujeto, por canciones prohi, Diez años de presidio y soo azotes a otro, por cantares subversivos. Diez años de presidio en el Peñón á otro, por igual deliro. Otros diez años á cinco individuos, por idénticos motivos. Dos años á otro, por igual delito. Y cuatro años de galera á dos mujeres, también por cantares subversivos. Parecerán graves las penas; no lo son si se tiene presente s e TMs u n desdichado que gritó: Muera el Rey, mueran los Consejeros, muera la Reina y viva Riego! y J, que se condeno a ser rota a una mesa que había ostentado un rótulo revolucionario, librando bien los dueños del mueble por haber probado cumplidamente que no tenían la más leve responsabilidad en el revolucionari mo de la mesa. decoración, un estremecimiento de grandeza y de ensueño me sacudió en la butaca. ¡Quién sabe! Admiración atávica, amor patrio, sentimentalismo literario... mil cosas juntas. ¡Don Quijote y Sancho! Sin poderlo remediar, lágrimas de emoción se agolparon á mis ojos... Luego aquellos personajes se pusieron á hablar francés, y la ilusión se repitió ya pocas veces en la noche. Los amigos de Le Journal me pidieron entonces unas cuartillas sobre Cervantes en el teatro. Me excusé prudentemente. Hoy, sin embargo, no sé por qué, se me reúnen unos cuantos recuerdos de esta índole, y así, sin arte, como el que los echa de la memoria para dar lugar á otra cosa, voy á dejarlos consignados aquí. Lo más antiguo que conozco del Quijoie en el teatro, no es todavía el Quijote: es el T etablo de las maravillas, del propio Cervantes, un esbozo de aquel otro retablo movido y explotado por Ginés de Pasamonte bajo el nombre de Maese Pedro. Tirso de Molina hizo una comedia de- La señora Cornelia, que no he visto nunca representada, y cuyo arreglo propongo para el Centenario (también había yo de tomar parte en eso) Y hablando de las novelas ejemplares, se me acuerda de: una Ilustre fireyona, de Cañizares (perdón por el -Pues cuéntaselo á Osma. -Antes voy á consultarlo contigo: el talento es un capital inmaterial: debe el Gobierno hacer un padrón- de I í- 1- 1 J J 1 C intelectuales en el que cada cual declare, bajo su firma, l si lo es ó no. Debe imponerse una contribución sobre el a ha dado á conocer en Madrid este espectáculo la inentendimiento, y de seguro la pagarán con gusto los intrépida artista inglesa Miss Mina Alix, con la cooperateresados: el hombre tiene en su cabeza los medios de ción de su esposo. vivir. The hooping the hoop no; sería tan peligroso qui- -Algunas veces sí; pero no precisamente por la z á como A looping the loop, si no tuviera las com- ciencia, ni la literatura. plicaciones que vamos á mencionar: v V MTSS MINA (AL 1 X EN SU AUTOMÓVIL REALIZANDO EL PELIGROSO EJERCICIO OOP 1 NG THE HOOP f- I S S M I N A A LI X Fot; Asenjo LAS COPLAS POLÍTICAS GLO PASADO EN EL SI- necesita para efectuar maniobra; una décima de segundo en más ó en menos, peoría convertir el emocionante espectáculo en horrorosa riagedia. Derogada en España la Constitución de 1812 por las tropas del duque de Angulema, se nombró en todas las Ca- pitanías generales una Comisión militar ejecutiva encargada de juzgar sumariamente todos los delitos políticos. Funcionaron las Comisiones- desde 14 de Enero de 1824 hasta J 2 de Septiembre del mismo año y la de Madrid fulminó en ese tiempo las siguientes sentencias contra gentes que cantaban cosas subversivas: Seis años de presidio á dos sujetos que entonaron una copla que concluía con el siguiente estribillo: ¡Muera el barón de Eróles! ¡Viva la libertad! Kl fiscal oedía 100 azotes, á más de los seis años. Don Quijote en el teatro uando vi en París, representada en el Chátelet á modo deféerie, la obra inmortal, experimenté una de las más extrañas sensaciones de mi vida. Todo el mundo se figura cómo era Don Quijote; pero ¿quién se- atrevería á fijarlo en el lienzo ó en el papel con carácter definitivo? ¡Y en la escena mucho menosl ¿Qué hombre puede representar aquella figura divina... de puro humana? Sin embargo, á la salida 1 del generoso hidalgo y su escudero á través de los soleados yermos manchegós, pintados en la salto mortal dedos siglos) y un T inconetey Cortadillo, publicado, aunque no puesto en escena, por el Sr. don Vicente Colorado. Vi en Londres el Don Qüicholte de Sardou, arreglado y representado por el ilustre Sir Henry Irving, y renové la impresión de París, más profunda quizas. Don Quijote habla mejor en inglés... é Jrving es un gran artista. Además, su tipo encarna casi á la perfección el de nuestro Hidalgo... Alto, seco... avellanado no... Y en ese avellanado está el toque. Decididamente, Don Quijote no puede salir á las tablas. Sé, de una ópera alemana titulada Sancho Panza, musica sabia... No gustó. Nuestro buen Meléndez Valdés (siempre bucólico) escribió las Bodas de Camacho, y convirtió en amables