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S AÑO DOS. NÚMER 086. CRÓN 1 CA BISEMANAL ¡LUSTRADA. I B S MADRID, i5 DE ENERO DE 1904. N Ú M E R O SUELTO, 10 CÉNTS. svs llamar el siglo de la Pecera si á los anteriores nombres juntamos el de un pajel tan reconocido como D Francisco de Quevedo. y han dejado sucesión, porque hoy se pregunta á cualquier persona ilustrada bajo su palabra de honor: ¿Qué opina usted de Ayala? Y contesta: ¡Un besugo! primera que ha formado, porque en Inglaterra todavía nc le llaman besugo i Shakespeare, y los nombres de pescados no tienen tales aplicaciones, ha sido Tam fish, que quiere decir estoy pez, y que por fortuna suya no ha tenido ocasión de aplicarse con justicia. De esta manía nacional, que ofende por igual á las personas y á los peces, sólo se ha exceptuado la trucha, á la que se concede, por el contrario, un grandísimo entendimiento, a u n q u e muy malas cualidades morales; al nombre que las gentes llaman trucha, ya se sabe que le quieren decir á la vez pillo y listo, porque la perversión de estos animal i t o s escabechados ó sin escabechar, sólo es comparable con la manera de discurrir, escribir comedias ó pintar cuadros que tienen los besugos, los congrios y los oercebes. Y véase cómo hemos logrado acabar, según el deseo manifiesto de algunos comerciantes, con la leyenda dorada que tanto nos perjudicaba, y que ha sido causa de la pérdida de las colonias. ¡Ah, si hubiéramos sabido antes del combate de Santiago de Cuba la ascendencia de meros y lubinas que podíamos presentar! Otra hubiera sido nuestra suerte, p o r q u e los besugos, hijos de tanto b e s u g o ilustre, hab r í a m o s merecido un gran respeto en los mares y en la manigua. P o r fortuna nuestra, ya nos hemos puesto en la realidad de las cosas, y en esta época feliz nos hemos descubierto y catalogado para no volver á incurrir en equivocaciones perniciosas para los verdaderos intereses de la patria. N o somos nadie y además no hemos sido nada nunca. T o d o s peces ahora al principio de los siglos y en cualquier época histórica que se nos busque. Estos calificativos d e p e s c a ahorran trabajo; son una síntesis, indudablemente ingeniosa, d e l juicio que nos merece una persona, y nos ha igualado á chicos y grandes en el orden de los malacotcrigios suhranqiiiales. Besugos l o s que g o biernan, los que escriben, los que pintan, lo que componen música, los que hablan, los que enseñan, los que aprenden, sin más excepción que alguno que Fot. ch. Ai) ninc. ir otro congrio y unos riiillones de percebes. Así vivimos como el pez en el agua, que, según un refrán español antiguo, es el colmo de la felicidad en este mundo. N o s reímos, peces (esta es otra frase moderna tan deliciosa como los calificativos piscitorios) nos reímos peces, del pasado y del porvenir, y aguardamos tranquilamente, p o r lo visto, á que nos coja en su red algún pescador aficionado á los congrios. ¡Bonita nación para una Cuaresmal M u c h o s pescados y poco fósforo, aunque esto parezca contradictorio. EMÍIJO S Á N C H E Z P A S T O R PISCICULTURA V o no sé cómo se ha verificado el milagro, pero el he- cho es que los españoles hemos llegado al siglo xx convertidos en peces de diversos tamaños ó en mariscos más ó menos apetitosos. En el lenguaje corriente se ha introducido la injuria de vigilia, y á nadie se le llama ya b u r r o asno, cuadrúpedo y otras lindezas que antes se usaban para sig, niñear el escaso talento de una persona. Ahora van todos los denuestos pasados por agua, y en el mar hemos ido á buscar el término de comparación para pintar en una palabra el concepto que tenemos del prójimo que v? le algo. Porque es de advertir que los epítetos de pescado no se aplican más que á las personas que en a l g o se distinguen en ciencias, artes ó letras. Y como los españoles vivos de algún valer no- han sido bastantes á sa. tisfacer el afán dé mote, jar de que está animada la generación presente, ha sido preciso acudir á los muertos para enriquecer el aquarium que ha formado nuestro desaho go p o l í t i c o artístico, científico y literario. En varios cafés y en diversos centros de instrucción ó recreo hemos convenido ya en que Veláz quez, como persona, podía ser muy respetable, 1 pero como pintor era un J- congrio enorme: el jefe de los congrios que se v. dedican á manejar los pin celes; Murillo y Rafael apenas si se les p u e d e conceder el honor de clasificarlos entre tales pescados, porque el congrio, al fin, sirve para comer, y esos señores ni para co raer ni para nada. Después de esto, Rosa les, Pradilla y todos J o s pintores de este siglo son unos percebes muy bue! ncs para con sidra, pero incapaces de pintar ni de dibujar cosa alguna. Velázquez era un confirió pintando, sí, señor; ¡os que tal afirman saben cómo pintan los congrios m i e n t r a s esperan, en el mar el momento de caer en la red del cruel pescador, y la moderna crítica ha descubierto que lo hacen mejor que el autor de Las Meninas. Cervantes era otro pez. -i. De éste sabemos que es un besugo, un besugo con la pluma en la mano, porque obra de besugos son eí Qjiijote y demás trabajos literarios del soldado de Lepante; por cierto que en este en lo relativo á sus hazañas militares, no le hemos clasificado todavía; pero ya se realizará esta pequeña investigación, y puede que resulte un rodaballo ó un salmonete. En lo de besugo, le acompañan otros escritores de iguales agallas, que se llamaban Lope, Calderón y T i r s o t o dos los cuales habían pasado hasta el siglo actual p o r insignes autores de obras dramáticas; gracias á Dios, en estos tiempos les hemos visto las escamas, y sabemos que en la banasta de cualquier pescadería hay en el mes de Enero tantos y tan buenos autores como los que honraron aquel siglo mal llamado de o r o porque se debía c ñMm í- rt I1 Í su SANTIDAD EL PAPA PIÓ X. SU ULTIMO RETRATO ¿Y de D José Echegaray? -Otro besugo. ¿Y- de Galdós? -E s o es un percebe. Y así se puede continuarla lista, sin que se escape nadie de pertenecer á cualauiera de las especies que describe la ictiología. El lenguaje ha sufrido tal modificación de algunos años á esta parte, que antes, decir de uno c ¡ue era un pez, equivalía á darle patente de listo, y ahora, estar pez en nuestras Universidades é Institutos, es ignorar la asignatura que se cursa. Yo tengo un amigo que se ha dedicado á aprender inglés, y la primera frase a u e ha aorendido es decir la