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HAÑO DOS. NUMERQ 83 XRQN 1 CA BISEMANAL ILUSTRADA. no podían contenerlas, encendió el hornillo y preparó la humilde cena, lanzando suspiros que el humo dé los tiEl niño- hombre, esperanzado en los emisarios del Ni- zones recogía para conducirlos al cielo por la chimenea del hogar. ño- Dios, había puesto un zapatito, mordido por la suela, sobre las tejas que oleaban junto el tragaluz de la boharFuerza era resignarse á que los Reyes pasaran de lardilla go sobre el tragaluz de la bohardilla Sólo que la madre Una divinidad resultaba el chiquillo aquél, concebido no quiso entristecer aquella noche el sueño de su hijo, pov una mujer rubia y blanca que lucía rayos de sol en asesinando su quimera infantil. Ya se encargaría el so! de hacerlo. Ella no tenía valor para tanto. su cabellera y palideces de hambre en su cutis. También era blanco y rubio como su madre; sólo que No, no lo tenía; y cuajndo el chico, empujando con un ella tenía azules los ojos, y él mostraba entre sus áureas mendrugo el postre de la cena- -cacho de pastel rancio pestañas dos pupilas muy negras: las pupilas del padre, que no toparon los ratones. -sacudió su cabellera rubia y, MADRID, 5 DE ENERO DE 1904. NÚMERO SUELTO, 10 CÉNTS. abrir la ventana, el temblor del izquierdo al depositar el roto zapato en las tejas, el suspiro mandado por sus labios al amanecer, el descenso á la caliente habitación, ¿I caer de su cuerpecillo en la cuna y el caer de sus párpados sobre sus papilas enrejadas por las pestañas color de oró. Los párpatefós del niño se cerraron completamente; un soplido de la madre apagó la luz; la última brasa de carbón siguió reluciendo en la obscuridad, deshaciéndose en vahos que recogían suspiros ahogados contra el embozo de la sábana, para conducirlos al cielo por la ch menea del hogar... El primer rayo dé la aurora se deshizo en menudísima lluvia gris sobre el tragaluz blindado por lá escarcha. Tras éste asomaban las tejas, transformadas por la nieve en montecillos blancos, y el cielo convertido por- la niebla en un pizarrón húmedo. La nieve caía, remedando papelillos rotos desparramados al azar por la manó de un chico travieso. El aliento de la madre aplastada contra el jergón, humeaba al contacto del frío, el del hijo, dormido como ella, subía al espacio en tenues espirales azules... Como la aurora es la infancia del día, buscó un compañero cualquiera para jugar con él y dio un beso en los ojos del niño rubio. Estos se abrieron, y siguiendo la línea gris del tristísimo amanecer tropezaron con el tragaluz cubierto de escarcha El muchacho se puso en pie sobre, la cama. ¡Hermosa aurora humana! Irguió la cabeza sobre los hombros, sacudiendo en el aire sus cabellos rubios, al igual qué saCudé el sol en la atmósfera sus rayos de oro. Una sonrisa Conmovió sus labios, un temblor su cuerpo. Eran sus ilusiones que se desperezaban á compás de la luz. Despacio, con objeto de no despertar á a madre: nvás que por no despertarla, por gozar ¿1 solo su dicha, se dejó caer poco á poco de la cama al suelo. Andando de puntillas, se agarró á la silla de paja, escaló sus barretes; se afirmó un instante sobre el asiento, y gateando el respaldo arribó, extendió los brazos y abrió de par en par el tragaluz. Lá nieve, impulsada por el viento, alfilereteó sus carnes desnudas; uña bocanada de aire frió metióse por su boca abierta, buscando los. pulmones con crueldades de acero asesino. El niño seguía sacudiendo su cabellera rubia y contrayendo alegremente sus labios rojos. Con los ctós brazos á la vez avanzó hacia las tejas: con las dos manos hizo presa en el zapato roto; alzólo hasta sus ojos, y a! mirarlo vacío lanzó un ¡ay! de rabia, lo tiró brutalmente contra los ladrillos y saltó de la silla gritando: ¡Nada! ¡nada! ¡Los Reyes no me han puesto nada! ¡Malos! ¡malos! ¡malos! L ZAPATO, CUENTO DE REYES EXCMO. SR. SOUENG- PAS- K 1, NUEVO MINISTRÓ PLENIPOTENCIARIO Db CHINA EN PARÍS Y M s n í i r) CON SU HERMANA, SUS TRES HIJAS Y SU ÚNICO HIJO. VARON SOÜENG- PAS- K 1. TIENE 3 6 AÑOS, Y SE HA DISTINGUIDO MUCHO EÑ SU PAÍS COMO POLÍTICO HÁBIL INSTRUIDO V AMANTE DF. L PROGRESO deshechas con éste entre las negruras de la mina por una explosión de grisú. Iba ya para tres años de! suceso. La mujer, la obrera falta de varón, la hembra rubia delicada y poética como las ondinas de los lagos germanos, tuvo que volverse animal de carga para atender al sustento de su hijo. Este repugnó, á poco tiempo de reventar su padre, la ubre materna. Quería carne y pan; y la viuda, que pudo venderse al vicio y tasarse alto, se vendió al trabajo servil por unas cuantas perras chicas. La víspera de Reyes se afanó buscando quien la emplease en su oficio de mandadera, á fin de reunir algo, poco, aunque fueran cincuenta céntimos para meterlos en las botitas de aquel ángel á quien la Fortuna, imprevisora como siempre, se olvidó de recomendar á un zapatero el día que le cortó las alas. Inútiles fueron el trajín y los esfuerzos de la viuda. No parecía sino que sus parroquianos acordaron en cónclaves desatenderse de recados en tal día. Sobras sí le ¡Ai regalaron en tres ó cuatro casas; pero las tales sobras no podían echarse en los zapatos rotos, había que echarlas en los estómagos hambrientos. De propinas pascuales resultaba ¡nocente hablar; se las llevó el casero envueltas con la papeleta de desahucio. Y luego, ¡pedir para un juguete! La hubieran enviado á paseo. Bueno es dedicar una limosna á que los chiquillos de los pobres no se mueran de hambre. ¿Dedicarla á mercarles juguetes? ¡De ninguna manera! La limosna tiene por objeto favorecer necesidades. Los juguetes de niño no son una necesidad para los niños pobres. ¡Qué remedio! ¡qué remedio! -exclamaba la madre infeliz metiendo en sus ojos azules, enrojecidos por el llanto, sus puños anémicos, enrojecidos por el frío. ¡Qué remedio! Nos pasaremos sin esta alegría como nos pasamos sin otras. Menos mal que aún nos. quedan unas i EXCMO. SR. ON- TSONG- LSEN, NUEVO ENCARGADO DE LOS NEGOCIOS DE CHINA, CON- RESIDENCIA EN MADRID. migajas de carbón y otras migajas de comida. Encenderé y 2 SÓUENG- PAS- KI, NUEVO MINISTRO, Y LOS SECRETARIOS Y AGREGADOS A LA LEGACIÓN ¡lumbre en el hornillo y arrimaré la cazuela á la lumbre. Tendremos alimento y calor. Es mucho. ¡Demasiado descalzándose alegremente, emprendió el viaje del tragaA las voces la madre despertó. Una exclamación dé para nosotros! Piro un juguetillo, cualquier cosa, ¡nos luz, la madre no le dijo nada: le dejó hacer, es decir, le espanto brotó de su boca al contemplar la desnudez de hubiera venido esta noche tan bien! su hijo y el círculo abierto del tragaluz, por donde pedejó ser dichoso. Y S madre, bebiendo con sus labios, que trataban de a Sus ojos siguieron la triunfadora ascensión de! niño á netraba la nieve. sonreir, lágrimas desprendidas de sus ojos azules, que silla, el enérgico movimiento de su brazo derecho De un salto como su hijo, desnuda también cómo sú