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MERQ 8o. CRÓNJ CA BISEMANAL ILUSTRADA. RIGEN DE LAS FIESTAS DE NAVI DAD y campos. La candidez de nuestros antepasados lo encontraba tan natura! que en el citado siglo xvi llegó á baiterse en los templos la zarabanda, baile tan poco edificante, que cuando apareció (aun en ios Corrales) excitó la indignación de las personas graves, y que hoy no toleraríamos sino en los escenarios del género chico. Poco á poco, según han disminuido ¡a fe y la piedad, han ido desapareciendo de los templos estas costumbres mundanas. EMILIO H DEL VILLAR D 1 CBRE. DE i 9 o3. NUMERO SUELTO, 10 -v La fiesta de Navidad tut instituida en la iglesia cristiana en el siglo ii, en tiempo del Papa Telesforo; pero no hubo a! principio unidad de fecha para celebrarla: en unos países era en primavera y en otros en invierno, y coincidía con la Epifanía. Dos siglos más tarde el Papa julio 1 ordenó una investigación sobre la fecha exacta de! nacimiento de Jesucristo, y habisndo opinado la mayoría de los consultados que había ocurrido el 25 de Diciembre, se fijó ésta como definitiva. En ella se celebraron en Roma tres misas: la primera, al canto del gallo, en Santa María la Mayor; la segunda, a! despuntar del día, en San Atanasio; y la tercera, durante la mañana, en San Pedro. Tal es el origen de Ja Misa del Gallo y de las tres que cada oficiante celebra. A la parte puramente litúrgica de esta fiesta se fuer o n añadiendo diferentes costumbres y diversiones, según los diferentes pueblos. En el Centro y Norte de Europa nací 5 la del árbol de Navidad, que es una transformación del antiguo culto del fuego de los celtas. Durante mucho tiempo la ceremonia conservó bast a n t e sabor idólatra. Se echaba en el hogar un viejo tronco, ante el cual se arrodillaba la familia, y el más pequeño de los hijos se arrodillaba ante él, y repitiendo las palabras que su padre le dictaba, pedía al. fuego que calentase durante el invierno las manos y los pies de ios pobres y de los huérfanos, que esparciese ía luz y el calor en las viviendas, y que no devorase Ja choza del labrador ni la nave del marino. Luego se le bendecía, derramando sobre la llama vino hervido. Después de la cena familiar, se volvía junto al fuego y se pasaba así la noche canTRIPULACIÓN tando. Poco á poco esta costumbre se fue transformando: el leño pasó á ser una rama ó arbusto, adornado á veces con hojas artificiales; en vez de quemarlo se lo iluminó con bujías ú otras luces, y por fin se lo llenó de dulces y juguetes para repartir á los niños. En la Edad Media nacieron también las canciones que en España llamamos villancicos (de villano ú hombre del pueblo) y en Italia llaman pastorellas, en Francia noels, y en Inglaterra carols. Estas canciones se cantaban en las casas, por las calles y dentro de las iglesias La iglesia era el centro de la vida medioeval. En ella no solamente se celebraba el culto, sino los contratos que hoy llamamos civiles; allí se reunían los Ayuntamientos, allí se armaba á los caballeros y juraban los reyes y señores las libertades públicas; sus campanas anunciaban los acontecimientos felices ó adversos y llamaban á las armas; en ella se reconcentraban todas las manifestaciones artísticas, y su local servía para verdaderos espectáculos, que ocupaban el lugar que hoy el teatro. Entre éstos figuraban las farsas ó representaciones, que fueron una de las fuentes de la literatura dramática. Por Navidad las representaciones escénicas eran alusivas al hecho que se conmemoraba; pero se mezclaron á ellos episodios cómicos entre los pastores, los judíos y los demonios, que figuraban como personajes accesorios, y las farsas degeneraron en groseras bufonadas que la Iglesia empezó á prohibir. La decadencia de estas fiestas empezó á marcarse desde el siglo xvi. A las farsas y las canciones se añadían en Navidad los bailes dentro del templo. Ante la representación del Nacimiento bailaba el pueblo, con pandaros y castañuelas, Jos mismos bailes que tenía por costumbre en las plazas Por las tardes, antes de ponerse el frac obligatorio de las comidas de casino, iba á df. r un paseo por el campo llevando una caja de violín. -Voy á dar serenata á los gorriones, -exclamaoa. Pero si alguien! e hubiera obligado á abrir la caja, habría visto en ella con espanto un miembro humano. Hoy, en efecto, era un brazo, mañana una pierna, al día siguiente un pedazo de tronco... El asesino, metódico y cauteloso, iba enterrando en la arena del desierto, día por día, aquellos fúnebre? fragmentos. Al fin no quedó 4 J 5 I- jsJ DE LA CORBETA ARGENTINA URUGUAY (X EL CAPITÁN JULIÁN JlilZARj QliE ACUDIÓ EN AUXILIO EN TIERRA LUIS FELIPE Y EN LA ISLA SEYMCUR Fot. lc El Diario de Buenos Aires. DE LA EXPEDICIÓN ANTARTICA DEL PROFESOR NORDENSKJOLD, PERDIDA EN LAS REGIONES POLARES Y RECOGIDA POR DICHO BARCO A VIDA DEL BULEVAR. EL ASESJ NO DE EUGENIA GOUVENET Los Tribunales franceses de Constantina acaban de condenar á quince años de presidio á un asesino que en París habría de seguro visto de cerca la guillotina. ¡Y Dios sabe si el Jurado parisiense es clemente para con los que, después de dar muerte á una mujer, invocan la excusa suprema del amor y de los celos! Pero en el crimen de Stenio nada hay de pasional. Y en cambio hay mucho de cruel, hay mucho de siniestro, hay mucho dz miserable, hay muchísimo de macabro. Para evitar que con un escándalo íe impida casarse con una chica rica, el director de orquesta mata, una tarde de la última primavera, á su querida. Luego, ante el cadáver, cambia dz traje, se afeita y se perfuma. Una vez contento de si mismo, sonríe. En la mesa del casino, durante la comida, se muestra de buen humor, y cuando alguien le pregunta por su amiga, contesta cínicamente: -Se ha marchado Y al fin y al cabo esto se comprende casi, dada la fanfarronería de los criminales en los primeros instantes que siguen al crimen. Pero lo que nadie se explica es la serenidad jovial con que Stenio permaneció durante más de un mes frente al cadáver, la ligereza horrible con que cantaba, al despertarse, estrofas amorosas, mientras en su armario la cabeza cortada hacía la suprema mueca de la muerte. -Soy muy desconfiado- -decía a ¡os camareros del hotel, -y por eso no os dejo mi llave. Yo mismo me arreglaré la habitación. sino la cabeza. Meterla en vez del violín era imposible. Fue necesario buscar una boite á chapeau, una de esas alegres cajas de cartón atadas con cintas de seda en que las modistas guardan los sombreros de mujer. Y allí permaneció tres semanas la cabeza macabra, hasta que el día de ¡a clausura del casino, Stenio la puso entre sus maletas de mano y en el transcurso de su viaje á París la echó por la ventanilla del tren. Y con el aire satisfecho de quien acaba de hacer un buen negocio, comenzó á pensar en su novia, la señorita Soldatti, que era guapa y que además era rica. Tendremos- -se decía- -una casita muy alegre en los alrededores de París, y en vez de dirigir mezquinas orquestas de provincias, compondré valses que harán popular mi nombre. Pero al mismo tiempo que él edificaba así sus ensueños sobre la arena ensangrentada del porvenir, en Biskra los camareros del Hotel del Casino veían con espanto que el cuarto que había estado cerrado para ellos durante un mes, olía á cementerio, y que la cama, el armario, las sillas, las cortinas, estaban cubiertas de gusanos. Un comisario de policía fue llamado. Sin dificultad encontróse la huella de! crimen. Y cuando Stenio se apeó en la estación de París, un inspector de Ja Sureté le ofreció un asiento en su coche celular. -Soy irresponsable... -gimió; -soy hipnotizable... Y durante la instrucción, que duró seis meses, y durante los debates judiciales, que fueron largos, no ha hecho sino repetir lo mismo: -Soy sonámbulo... Soy irresponsable... No sé 5o aue hice... E. GÓMEZ CARRILLO