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Pág. una sola y poderosa razón: porque tal como estaba planteado el problema, la conclusión no obedece á la realidad, ni el caso se resuelve según las leyes da la naturaleza, p l personaje de la obra es Roberto, el traidor, que re cuerda aigo de la aún no estudiada grandeza moral del Pantoja de Pérez Galdós. Echegaray ha tenido una frase felicísima para definirlo: es un malvado que no hace ninguna cosa mala espera á que los tontos, los imbéciles, los sabihondos y los honrados se lo den todo hecho. Teresina, la desequilibrada, no lo es tanto como parece. Mauricio es un desdichado filósofo de guardarropía. Me permito creer que sobran aquellas figuras de género chico del marqués octogenario y del perpetuo relator de hazañas propias. Son grotescas y no dicen más que gansadas. Se les podría suprimir sin que nadie protestase. t n la ejecución hubo de todo, como en botica. Me aterran las jaculatorias y me estremecen los adjetivos previa y solemnemente preparados. Así, diré que me gustó mucho María Guerrero; que Mendoza mantuvo gallardamente las tradiciones de la casa; y que Palanca fue ahogado con toda la corrección y coramvobis posible. Aparte de su bien elogiada labor, llenó cumplidamente las tres condiciones externas requeridas en el pescado: gordo, tieso y frío. Bromas aparte, hay que decir que estuvo muy bien. Decoraciones, muebles, trajes, todo el aparato escénico, á todo lujo y como para D. José, que es en la casa el santo del retablo... ¡Lástima grande que todo eso no sea decisivamente eficaz para el triunfo de las obras! j modo de postdata quiero escribir tres ó cuatro líneas á tres autores que han salvado á un teatro: los señores Alvarez Quintero y el maestro Serrano acaban de resucitar á Apolo con su 1 eina 7 Aora. No sé á quién felicitar, si á los tres autores referidos, al teatro Apolo ó al público. Sea mi felicitación y enhorabuena para todos. Y particularmente para Julita Mesa, que recibe cada noche una ovación justísima en el pregón andaluz con que se lleva al público de calle. Un espectador bastante entusiasmado salía la otra noche del teatro diciendo: ¡Rediéz con la niña! ¡No hay otra como la Julia para hacer los chicos! Efectivamente; entre ella y Loreto llevan toda la gracia de la golfería masculina. pero reconoce todo el mundo que la mise en scene es admirable y que la obra tiene situaciones escénicas y efectos que subyugan al público. Núm. 79 pasado ha quedado el duque de Osuna, D. Pedro Alcántara; el conde de Salvatierra, el duque de San Carlos, el marqués de Javalquinto y el duque de Fernandina. Manolita Alvarez tuvo también su época de celebridad, lo mismo que D. José Rivero, que tenía tipo de gran señor. El más calamitoso de los trajes de los políticos es el de gorra con que van muchos á los Ministerios y al Parlamento. KASABAL NDUMENTARIA DE LOS POL 1 T 1- S. M el Rey D. Alfonso Xlll ha vestido en Lisboa, por primera vez después de su mayor edad, traje de paisano. Al tiro de pichón fue con levita y sombrero de copa, á los toros con americana y hongo, y al partir de la capital para la cacería de Viilaviciosa, llevaba gabán v sombrero bajo. Ha dimostrado, pues, el Monarca español que no relega al olvido el traje de paisano, y que alternará en lo sucesivo, en su atavío, con el uniforme militar. La levita tiene una tradición gloriosa en los anales políticos y parlamentarios de los países regidos por el sistema constitucional. Fuá la prenda favorita de Luis Felipe, el rey ciudadano, bisabuelo de la reina Amelia de Portugal, y los dibujos de su época le representan comunmente de levita y con el paraguas debajo del brazo. Guizot, Thiers, Gladstone, son los hombres de la levita, como Lamartine y Martínez de la Rosa fueron los hombres del frac. En España ha habido levitas notabilísimas entre las eminencias políticas. Por la elegancia de su corte se distinguió la de Mendizábal. Olózaga fue el primero q- la usó con vueltas de terciopelo, y la de D. José Salamanca era de aspecto majestuoso. Sólo por hacer bien las levitas, alcanzó fama y dinero un sastre: Utrilla. A D. Antonio Cánovas del Castillo no nos le podeRíos imaginar sin levita, lo mismo que á D. Manuel Alonso Martínez. Castelar vestía la clásica prenda parlamentaria siempre que pronunciaba alguno de sus grandiosos discursos. Martos adoptó algunas veces el chaquet, que era la prenda favorita del gran Sagasta, que lo usaba siempre lo mismo en la oposición que cuando era presidente del Consejo de Ministros, á la cabecera del banco azul. Entre los políticos de hoy, Salmerón, Silvela, Villaverde, Azcárate, Montero Ríos, Vega Armijo y Maura son los hombres de la levita. Canalejas, Dato y Romero José NOGALES Robledo se inclinan más á las tradiciones del chaquet. Moret ha tenido la exclusiva de las levitas de color á la inglesa, que son también muy del gusto del conde de Romanones. Pero para levitas inglesas, pocas como las I- -i 1 ilustre dramaturgo francés Victoriano Sardou ha estre- del duque de Almodóvar; en las de talle alto, como los nado recientemente en el teatro Sarah Bernhard su últi- vestidos de las señoras de principio de siglo, nadie puede ma producción TLa Sorciere (La Bruja) interpretando a emi- hacer competencia á Abarzuza. Hoy la levita más solemne del Ministerio, después déla del Presidente, es la de Rodríguez San Pedro, y la más inglesa, la de Osma. Domínguez Pascual es el hombre de la americana, y Sánchez Guerra el del traje serio, como si de pequeñito hubiera venido destinado á ser gobernador del Banco ó ministro de la Gobernación. De seguro que no hay cordobeses que hayan usado menos el traje de su tierra. Hoy la ropita negra ha decaído mucho, y suele ser envoltura de latas, como el papel plateado de salchichones. El duque de Bivona, siendo primer secretario de la Cámara popular, empezó el uso de la chistera, que había decaído también mucho. Hoy vuelve á circular libremente el hongo por los pasillos y salones del Congreso. Le impusieron las sesiones matinales, como impondrán las nocturnas el gorro de dormir. Las levitas más notables de Europa han sido las del actual monarca de Inglaterra cuando era príncipe de Gales. El puso de moda las azules con las vueltas de seda. González Bravo aprendió á llevar la levita y el frac con Julián Romea, que era el actor de la elegancia, que tiene hoy un heredero directo en Fernando Mendoza. Nuestros políticos descuidan hoy bastante su indumentaria, y ya no hay ninguno que pase á la historia por la especialidad de sus chalecos como el marqués de Orovio. Los botines ya no los llevan más que el duque de Almodóvar, el conde de Bañuelos y Medrano. El español que tiene más pantalones es el duque de Tamames, SARAH BF. RNARD Y SARDOU DESPUÉS DEL ESTRENO DE LA SORCIEUE que puede ponerse uno diferente Fot. Gribayedoff todos los días del año sin aue se nente trágica que da nombre al teatro el papel de la protagonista. El drama es muy agote su colección. discutido. Se desarrolla la acción en Toledo, en los primeros años de la Inquisición, y, como siempre, la verdad histórica por lo que respecta á España queda desfigurada, Como tipos de elegancia del eos El crimen de Libourne Tjespierta gran interés la vista de la causa seguida contra Vicente Cirujeda y. Pablo Aznar, y que ha empezado á celebrarse en Bilbao ayer. El crimen que ambos procesados cometieron en el lugar de Gratecap, término de Geresac, circunscripción de Libourne (Burdeos) fue horrible. Abu- EL ASESINO VICENTE CIRUJEDA, NATUKAL DE MONTALVAN sando de la bondad y déla hospitalidad que les dio en su casa el matrimonio Pedro García y Concepción Supevine, una noche asesinaron á ambos cónyuges y degollaron á un niño de pucos meses, hijo de ambo? para robarles un puñado de pesetas, teniendo después el cinismo de almorzar en pre- Sarah Bernhard y Sardou EL ASESINO PABLO AZNAR, NATURAL DE MONTALVAP. sencia de los cadáveres. Diéronse a la ruga, penetraron en España y se dirigieron á JBilbao, donde pasado algún tiempo fueron capturados y donde sufrieron el castigo de su horrendo delito. El fiscal pide para ambos la pena de muerte. EL CONGRESO. E N DE UNA SEÑORAIMPRESIONES PARLAMENTARIA JUEVES. ¿De qué está hablando Ruiz Jiménez? ¡Ah, de eso de la capitalidad! La verdad es que ese catalanote de Valles y Ribot estuvo inconvenientísimo el otro día. ¡Mire usted que decir que en Madrid pedimos gollerías! Lo que pedimos es no morirnos. Vea usted, vea eso que dice Ruiz Jiménez de los niños que se mueren en Madrid. ¡Si es un horror! Y nada: los catalanes dirán que qué subvenciones ni qué niños muertos... ¿Quién es ese que interrumpe? Un Sr. Alegret; claro: ese, como es catalán, de seguro que cuando vea pasar las cajitas blancas, seguirá tan Alegret. El raciocinio que hacen esos señores es el siguiente: ¿No son madrileños? pues que se mueran, que nada se perderá. ¡Qué bien ha estado Ruiz Jiménez! Ahí tiene usted un hombrecito hablando: ha tratado de las aguas fecales y, sin embargo, cuando otros hablan de la Marina y del porvenir de la patria, aún huele mucho peor. ¿Qué sigue? Presupuesto de Agricultura. Vaya, Gasset vaá cacar ahora la manga- riega y ¡buenos va á poner á los mauristas! (Pausa. ¡Calle, pues no hay nada de lo dicho! Ahora resulta que AUendesalazar (a) el Portugués honorario, dice que él mantendrá con gusto, si no con ardor, los proyectos de Gasset. Para mí que no los mantiene: le va á durar muy poco la comida. ¿No lo- dije? Ahora acaba de espetarle