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ABC El entierro del cardenal Herrero -Tl entierro del cardenal Herrero en Valencia ha constituido una imponente manifestación de duelo. Bien lo patentiza a fotografía que publicamos. Se hicieron al cadáver los honores militares correspondientes á su alta jerarquía; presidió el duelo, en representación del Rey, el capitán general Sr. Loño, y asistieron todas las autoridades civiles y militares, corporaciones, muchas sociedades, y puede decirse que el pueblo valenciano en masa, rindiendo asi el úl. imo homenaje de cariño y respeto al que fue su ilustre y virtuoso prelado. nación del paciente de la idea de su enfermedad, podemos decir que tenemos conseguida la mitad de la cura. En este sentido, la música es el mejor agente de terapéutica moral. No toda la música sirve para todas las enfermedades, y el triunfo de este método consistirá en fijar de un modo científico qué determinadas composiciones han de emplearse como tratamiento de enfermedades determinadas. Vaya un ejemplo: Miss Martín Petry asegura que en un caso, estudiado por ella, de fiebre tifoidea, las Romanzas sin palabras, de Mendelssonh, irritaron al en- Pág. 5 dones y gestos afectados. Loula Porter realiza sus experimentos en! a galería de un fotógrafo profesional, é ilustra sus explicaciones con una sugestiva colección de pruebas fotográficas. Para terminar, M r Keeley, también norteamericano, pretende haber inventado una máquina capaz de echar á pique un buque de guerra por medio de un sonido determinado. No se puede pedir más terrible aplicación práctica de la música. ¡Oh tiempos felices aquéllos en que OrfeO la empleara para domeñar fieras! G. MARTÍNEZ SIERRA tJL AEVÍJ -V- EL ENTIERRO DEL CARDENAL HERRERO DESFILANDO POR LAS CALLES DE VALENCIA Fot Barbera MÚSICA PRACTICA en tiempos tan eminentemente baconianos (ya saben ustedes que, según Macaulay, la doctrina de Bacon se resume en solas dos palabras: utilidad y progreso) vivimos- -digo- -en tiempos tan utilitarios, que el arte mismo, si ha de tener derecho á la vida, necesita imprescindiblemente transformarse en objeto de utilidad. Ya no basta la doctrina de Heriberto Spencer, que coloca la manifestación artística en último lugar entre las manifestaciones de la actividad humana, y sólo la consiente á título de distracción; se necesita más, y este más están, como es razón, en camino de conseguirlo los naturales de Norte América. Tengo á la vista un substancioso artículo debido al genio de Miss Martín Petry, linda muchacha y distinguida periodista de Filadelfia, y el tal artículo lleva por título La música como medicina casera. La materia, como ustedes comprenden, es digna de ser estudiada por generación tan doliente como ¡a nuestra. JVliss Petry comienza su artículo con upa breve recordación histórica. Pitágoras- -dice- -apaciguaba la locura con el encanto de la música, seguida de armoniosos ejercicios corporales, y es fama que obtuvo de esta suerte no pocas curaciones. A la cita pagana pudiéramos nosotros agregar la bíblica de David, tañendo el arpa con el fin de ahuyentar al espíritu malo, dueño del alma de Saúl. La antigüedad del tratamiento queda, pues, suficientemente comprobada. Sabido es que todo aquello que actúa sobre el ánimo de un modo armonioso, tiene valor de medicina espiritual; ¿qué mejor ni más armonioso que la buena música? La simpática escritora yanqui habla por experiencia propia. Cuando hay un enfermo en casa- -dice- -se cierra el piano por temor de molestarle, y esto es grande error, porque, de hecho, si logramos apartar la imagi- fermo y hubo que renunciar á hacérselas oir; ensayáronse sin éxito otras varias composiciones; por fin, la Rapsodia núm. 2, de Listz, tuvo efecto inmediato y eficacísimo sobre el espíritu del paciente, que necesitó y pidió oírla muchas veces, sobre todo el grandioso final. Otro ejemplo: para las jaquecas ordinarias, la Sinfonía Pastoral de Beethoven es calmante poderosísimo, probado con éxito en más de doce casos, aun con pacientes que no deseaban oir música. En todas las enfermadades nerviosas es eficacísimo el poder de la música, y se observa que, contra lo que pudiera creerse, los acordes menores son de gran efecto como tónicos en casos de depresión de ánimo y de melancolía. En general, los acordes son de lo mejor, y Miss Petry recomienda la música de Beethoven, que es, según ella, la más eficaz de todas: las arias del Don Juan de Mozart, y alguno de los valses de Strauss, especialmente Danubio azul. Para inspirar sentimientos de actividad y ambición á perezosos é indiferentes, es casi mágico el poder de esté moderno tratamiento. Es de advertir que en estos casos deben emplearse composiciones armónicas con preferencia á las melódicas; la armonía tiene efecto imperioso: son dignas de recomendarse para este objeto la marcha de Tannhaüser y el dúo del tercer acto de Cavallería T usticana. Los valses de Glük y de Strauss poseen singular eficacia para ahuyentar la pesadumbre de preocupaciones mezquinas, y Mendelssonh es especialista contra las nerviosidades mujeriles. ¿Qué les parece á ustedes esta nueva misión del arte del sonido? Pues aún hay más. Otra americana del Norte, Loula Porter, pretende haber hallado en la música un auxiliar poderosísimo de la fotografía. Dice que sus efectos son maravillosos para hacer adquirir expresión natural y sonriente á las personas que, cuando van á retratarse, por exceso de nerviosismo no consiguen adoptar sino posi- APUNTES FINANCIEROS Ni por los discursos pronunciados hasta ahora en las Cortes ni por informaciones de la prensa se conoce el verdadero pensamiento de) Gobierno en la cuestión económica. El Ministerio presidido por el Sr. Villaverde se había impuesto h misión de resolver el problema financiero; era natural que sus sucesores expusieran su criterio en materia de tan vita) interés; no habiéndolo hecho, los mercados han acentuado la baja de nuestras deudas y los francos han subido á 35 por JOO; se respira una atmósfera de desconfianza; se teme que, cerradas las Cortes después de aprobados los presupuestos, queden para fecha indeterminada problemas de urgente solución. Está justificado el pesimismo del mercado. El Sr. Maura, en su discurso ha hablado vagamente de la necesidad de reducir el tipo de los cambios, pero sin indicar el medio de conseguirlo; el Sr. Osraa reserva para las Cortes la expresión de su pensamiento, y guarda una reserva que aumenta Ja incertidumbre, cuando lo conveniente ser a aclarar dudas é inspirar confianza. Para formar juicio acerca de lo que el porvenir nos reserva, sólo podemos hacer deducciones sacadas de los antecedentes de los ministros cuyos cargos están más ligados con la cuestión. El general Linares, partidario de una reorganización del ejército que ocasionará gastos, y el Sr. Ferrándiz, exsecretario de la Junta para la creación de una escuadra, mantendrán: el uno su criterio respecto al presupuesto de guerra; el otro sus propósitos de reorganización naval. La presencia en el banco azul del Sr. Sánchez de Toca confirma este vaticinio. En cuanto ala cuestión fundamental del cambio, es difícil vislumbrar lo que sucederá; no existe más antecedente que lo dicho por el Sr. Osma en sus discursos, principalmente en uno pronunciado en Enero de 1902; atribuía entonces casi exclusivamente el actual ministro de Hacienda las fluctuaciones de la moneda á la ley de la oferta y de la demanda. Mientras no quede mejor definido el criterio del actual Gobierno, seguirá la incertidumbre y cundirá ia desconfianza; urge, por lo tanto, fije cuanto antes con claridad los términos del problema.