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Pág. ABC Núnu 78 -Eres un botarate. ¿Botalate yo? -exclamó Pelleiín. -Sov un horrible de honol que... Pero no pudo continuar. El grito de la esposa, la cara fúnebre de los padrinos, la bota del cojo; todas estas cosas acudieron atropelladamente á su imaginación, y sintióse desfallecer. Sin darse cuenta de lo que hacía, cogió á su esposa del brazo y la condujo a! a alcoba nupcial. Allí vio sobre la mesa de noche una botelia y dentro un liquido blancuzco. Creyéndolo aguardiente, lo acercó á los labios y bebió con ansia. ¿Qué has hecho? -gritó la suegra. ¡Desgraciado! ¡Has bebido bencina! Pellejín entonces se lanzó sobre el grifo del lavabo y acercando á él la boca se puso á tragar agua para neutralizar los efectos de la bencina. Todo fue inútil; la bencina, al penetrar en sü estómago, había producido tal revolución, que los alimentos se empujaban unos á otros buscando la salida. -Ya ven ustedes- -dijo Besugón á los padrinos, -que el lance es imposible. Hay que evitarlo á toda costa. -Se evitará, -contestaron los padrinos, girando sobre sus talones. Y a! día siguiente ponían en manos de Pellejín un acta honrosa, cuyos párrafos más salientes decían así: Por su parte, los padrinos del Sr. Besúguez declaran que éste, al descargar sobre el Sr. Pellejín él puntapié de referencia, no ha tratado de ofenderle en su honor, pues le ha tenido siempre por un cumplido caballero. Antes al contrario, el puntapié significa una prueba de estimación y un desahogo harto frecuente después de las enconadas luchas políticas. Los representantes del Sr. Pellejín, en vista de estas honrosas explicaciones, que no merman en lo más mínimo el buen concepto de su apadrinado, retiran toda acción violenta y se dan por satisfechos, firmando la presente acta en Madrid, etc. etc. PRUEBAS DEL NUEVO SALVAVIDAS EN LOS TRANVÍAS DE BILBAO Fot. Novillo Luis TABOADA ba con su señora madre acerca de los peligros que encieLas pruebas de un salvavidas rra la vida política y los disgustos por que tiene que pa H n Bilbao se han verificado las pruebas de un nuevo apasar la esposa del hombre público, Besugón decía á su- rato salvavidas para tranvías eléctricos, que lleva el nom- yerno: bre de su inventor Sr. Arrieta. ¡En buena te has metido! ¡Desafiar á Besúguez! Según la prensa bilbaína, el salvavidas dio el resultado que- -No sé si sabrá usted que me ha dado una patada en el inventor anunciaba. Por eso el público premió con aplausos salva sea la paite. cada una de las pruebas verificadas, y el Sr. Arrieta recibió -Ya me lo has contado, -exclamó el ilustre padre poplácemes y felicitaciones de las personas técnicas que acudieron en unión del Jurado. lítico haciendo un gesto de disgusto. Las pruebas han dsdo lugar á incidentes que por poco. deA Pellejín no le llegaba la camisa ai cuerpo, y su temgeneran en conflictos de orden público, pues el público queblor se hizo todavía más visible cuando llegaron los paría que las pruebas se hiciesen en las calles de Bilbao, y la drinos á dar cuenta de las gestiones realizadas. empresa del tranvía se empeñaba en hacerlas en Las Arenas. -Hemos hablado con los representantes de BesúAlgunos espectadores llegaron á echarse sobre los raíles para guez, -dijo uno de ellos. evitar la salida de los vehículos, y fue precisa la intervención- ¿Y qué? -preguntó Pellejín con ansiedad. de la Guardia civil y la suspensión de las primeras pruebas- -Besúguez se niega á dar explicaciones. para evitar disturbios más considerables. ¿De modo que el duelo... -Es inevitable. oir en el pasillo. lanzaA VIDA EN BROMA. ACTA HON- do Un ¡ay! se dejó desgarrador? La ¿Quién habíaPellejín aquel lamento esposa dz ROSA que, mal cubierta con el cubrecama, habíase levantado Pellejín, que siempre ha sido batallador y no se muer- con objeto de saber quiénes eran aquellos señores. Al de la lengua, tuvo unas palabras en el Congreso con un enterarse de que su esposo iba á acudir al campo del tal Besúguez, admirador de Sánchez Toca, hombre de honor, no pudo reprimir un grito de angustia, y cayó facciones duras y brazo fuerte, aunque algo cojo. desvanecida en les brazos de su madre. Esta, al ver el De las palabras pasaron álos hechos, y Besuguez des- sufrimiento de la hija, se encaró con Pellejín diciéndole: cargó un golpe con la punta de la bota sobre un lugar perteneciente á Pellejín, y de cuyo nombre no quiero acordarm; Cruzáronse tarjetas, designáronse padrinos, y Pellejín llegó á su casa hondamente preocupado. Su mujer estaba aquel día muy nerviosa y al verle le dijo: -Atilano, después de comer quiero que me saques á paseo. ¿A paseo? -contestó Pellejín. -Esta noche necesito Las inundaciones de Gijón l a s últimas lluvias, torrenciales han ocasionado inundaciones en Gijón, principalmente en los barrios de sus alrededores, donde fue preciso enviar carros y un bote para transportar gente. Las fábricas del Llano tuvieron que paralizar sus trabajos. Las casas de antigua construcción situadas cerca de la capilla de San Esteban fueron las que en mayor grado pagaron las consecuencias de la lluvia. Los labradores que las habitan, aun cuando pudieron salvar. el ganado vacuno, que se apresuraron á sscar de las cuadras, perdieron algunos otros animales que perecieron ahogados. La causa de la inundación en este. barrio obedeció en primer térm ¡no, al mal estado de las alcantarillas. n También- contribuyó á ella la detención d é l a corriente del río Cutis, pues el mar entró por el canal del río, deteniéndole la corriente y haciendo buscar alas aguas expansión por otra parte. Hacía la Guía también se desbordó el río Piles. Pero aquí, debido á la circunstancia de no ser un barrio tan populoso como el Llano, Natahoyo y La Calzada, no se concentró la atención del público, y si bien algunas casas levantadas en terreno bajo se inundaron, sus moradores las abandonaron con oportunidad. Donde más estragos causó la inundación fue en el Llano, barrio eminentemente obrero, donde quedaron sin hogar más de doscientos vecinos. L quedahne en casa. ¿Por qué? -Polque espeto á mis padlinos. ¿Tus padrinos? -Sí; tengo un lance de honol pendiente. La esposa, al oir esto, lanzó una carcajada histérica y fue á caer de bruces sobre un sofá. Al ruido que produjo acudieron todos los de casa llenos de sobresalto. ¿Qué sucede? -preguntó el ilustre Besugón, presentándose en calzoncillos, con una pierna metida y Ir. otra no, pues el accidente le había sorprendido cuandc se estaba mudando. -Sucede- -díjole Pellejín- -que he tenido una cues tión en el Congleso y que plobablemente me balilé mañana. Y a! decir esto se le hizo un nudo en la lengua y po: cada pelo le salía una gota de sudor. ¿Quién es tu adversario? -preguntó el suegro. -Besúguez, ¿El cojo? -El mismo. ¡Qué barbaridad! Mientras hablaban así, la señora de Besugón procuraba que su hija recobrase el sentido; pero ésta, presa de un temblor nervioso, seguía agitando los brazos y vertiendo espuma. Fue necesario, para que volviese en sí, que el esposo la prometiese no cruzar sus armas con el terrible Besúguez, y aun después de esta promesa tuvo que venir el médico y recetar una poción calmante y una untura de aguardiente alcanforado y sebo para el vientre. Mientras la enferma, tendida en el lecho, conferencia- LA BARCA DE LA CRUZ ROJA SOCORRIENDO A LOS VECINOS DE LAS CASAS DE EL LLANO DURANTE LAS INUNDACIONES OCURRIDAS RECIENTEMENTE E. AQUELLA CIUDAD Fot. Arias Grancché