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1 MADRID, 8 DE DICBRE. DE 1903. NÚMERO SUEL- LUSTRADA. El proceso Bettolo- Ferri -n Roma acaba de verse un proceso ruidosísimo y de un carácter puramente político. El 16 de Mayo de i (jo 3 publicó el periódico L Avanii el primero de una serie de artículos contra la marina italiana y contra su ministro, el almirante Bettolo. De estos artículos se! mo responsable el diputado socialista Ferri, que ha respondido ante el Tribunal sosteniendo sus acusaciones sobre malversación de fondos, especulaciones ilícitas, etc. La vista de este proceso ha embar gado por completo In atención del público en Jtalia durante varios días. Ferri contaba con el concurso de la opinión pública, que le ha apoyado, y que diferentes veces, en ei curso de las audiencias, le ha tributado grandes ovaciones. La terminación de este proceso es esperada con ansiedad muy grande en toda Italia- En muchas de las sesiones, los escándalos lian sido tremendos, habiendo habido por el aire tinteros y pupitres. Y en Madrid, por lo menos, hay mucho que andar. Hay un gran número de familias que cuando experimentan la pérdida de un individuo, sea cual fuere la enfermedad de que haya muerto, y con mucha más razón si ha sido de las contagiosas, llaman á un trapero y les venden la cama y hasta las ropas de la misma. El mueble va en seguida al Rastro, donde hay muchos de la misma procedencia, y al día siguiente puede haber sido adquirido por otra familia á la que su pobreza la obliga á proveerse de camas usadas, y ante de ocho días de haber muerto allí un tuberculoso ó un varioloso, ya está un individuo sano durmiendo sobre el mismo colchón de muelles y aspirando los miasmas envenenados que pueden poner fin á su existencia. Esto se verifica en Madrid todos los días; contra esa forma de transmitir una epidemia, las autoridades no han TO, 10 C É N T S peligro los barrios más aristocráticos, porque en la casa más lujosa de Madrid hay boardillas cuyos habitantes adquieren su mobiliario donde pueden. Contra esto no hay más que un remedio, que es el de proceder á la desinfección gratuita de las camas y de las ropas que compran los pobres. ¿Pero hay estufas para un servicio de esa importancia? Ya se puede asegurar que no; el Ayuntamiento de Madrid, en materia sanitaria y en todas las- materias útiles gasta pocos lujos. Se habla con frecuencia de! a mortalidad en Madrid, se publican estadísticas comparadas para demostrar nuestro atraso; pero después de habernos convencido todos d i lo difícil que es vivir. en esta corte, nada se realiza en pro de la salud pública. A fuerza de repetir un día y otro lo de la mortalidad, se ha conseguido que el Estado se ablande, y ya se tiene -t- EL DIPUTADO FERR Y SUS ABOGADOS A LA PUERTA DEL F u i C h Abcni. -iwu p R O N I C A EL RASTRO Y LA HlW GIENE M a l se ha debido estar siempre en este planeta, p e r o desde, los últimos descubrimientos de los sabios acerca de los microbios, ya n o hay momento de tranquilidad para una persona medianamente aprensiva. E n esta batalla de la higiene contra seres infinitamente pequeños q u e nos acometen y nos dañan y nos matan, las autoridades de todos los pueblos cultos trabajan sin descanso, aconsejadas p o r la ciencia. Las inoculaciones previas están de moda, y dentro de poco, como aquellos emperadores orientales q u e tomaban con frecuencia los antídotos de t o d o s los venenos en uso para prevenir el riesgo del jicarazo q u e constantemente les acechaba, los seres humanos llevarán su cuerpo lleno de señales p o r pinchazos indispensables para absorber el v, irus de todos los males y p o d e r proclamarse inmune ante los microbios d e todos los órdenes y formas conocidas. E n España, entre otras cosas en este sentido, se ha decidido p o r M a u r a que todos nos vacunemos contra la viruela, y los g o b e r n a d o r e s han t o m a d o contra la t u b e r culosis la medida de poner unos carteles en los tranvías p r o h i b i e n d o escupir, y con esto nos hemos quedado tan tranquilos, como si ya n o hubiese que hacer nada más en la materia. discurrido hasta ahora nada q u e se sepa. C o n las ropas de cama, el peligro es menos, p o r q u e n o se pueden vender sin lavarse, p o r interés del comerciante; p e r o con la cama misma no se adopta ninguna clase d e restauración, como se halle en mediano u s o Los t r a p e r o s hacen con los muebles las mismas transformaciones q u e los gitanos con las caballerías: hay p e r sonas de las q u e van al Rastro á buscar gangas, q u e se ha llevado á su casa, como nueva, una mesa d e despacho que él mismo había vendido completamente deshecha, y q u e con diez céntimos de cola y una peseta de barniz había quedado tan desfigurada, q u e n o la conocía el mismo q u e la vendió. P e r o estos prodigios de restauración n o llegan, p o r p u n t o general, á las camas; en éstas no hay ni barniz ni pintura, ni lavado; se ponen los tornillos necesario para q u e parezca sólidamente construida, se enderezar, los hierros ladeados, y útil, es decir, úiril para continuar la propagación de todas las epidemias. D e m o d o q u e en el caso actual, mientras se ve á t o das las señoritas en teatros y paseos rascándose el b r a z o con disimulo, p o r efecto de la precaución sanitaria d e la vacuna, nadie hace ni dice una palabra contra un foco enorme y permanente de toda clase de enfermedades, que se introduce en todas las casas v q u e llega á p o n e r en por seguro q u e nos va á d a r á los madrileños d o s millones anuales, á ver si logramos m o r i r n o s en menor núm e r o y se sanea t o d o este aduar antes q u e la moneda. Y á propósito de esos dos millones vienen estas líneas; p o r q u e p o r ahí debe comenzar su empleo, p o r llevar la higiene al Rastro, q u e es h o y un libre comercio de microbios de todas las castas conocidas, principalmente en lo q u e se refiere á la reventa de camas. P a r a los pobres q u e no tienen ajuar ni domicilio nada hay q u e hacer, t o d a vez q u e ya se va á establecer u n campamento de t r i b u húngara d o n d e sólo van á faltar los monos, p e r o d o n d e seguramente no quedará microbio vivo en estas. noches tibias de Diciembre y E n e r o d a d o lo abrigaditas q u e deben ser las viviendas de lona en estas latitudes. P e r o hay o t r o s p o b r e s los q u e ganan un mezquino salario y tienen q u e proveerse de objetos, usados; la más leve noción d e la caridad exige q u e se haga algo para ibrarlos de la muerte, y con ello ganarán todas. las clases sociales á la p a r p o r q u e una vez desarrollada u n a e p i d e mia, los microbios n o son como los h o m b r e s atacan con igual falta de consideración á los ricos q u e á los desher e d a d o s de la fortuna. P e r o eso de los millones, dado el país en q u é estamos, será cosa larga, probablemente; después de a p r o b a d o e