Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Pág. La misa en un pueblo sin iglesia l- -í 1 día 18 de Septiembre de 1890. fue denunciada por rui nosa 1 a iglesia parroquial de Pantoja (Toledo) y acto seguido tuvo lugar su clausura y demolición, previa retirada de las imágenes, ropas y efectos de la misma, que fueron y continúan depositados en casas particulares. Acto seguido de la denuncia se solicitó subvención del Estado, consiguiendo, tras de muchas gestiones, la formación del presupuesto oficial y definitivo, último trámite del expediente que obra sin resolver en el Ministerio de Gracia y Justicia. Entretanto, y con anterioridad á la formación de dicho presupuesto oficial, debido al Gonstante clamoreo del pueblo, el eminentísimo señor cardenal inició con su donativo una suscripción pública y voluntaria, reuniéndose en pocos días pesetas 17.500 en metálico, lo cual, unido á la prestación del pueblo, se empleó en obras de cimentación y muros para un nuevo templo, las cuales se hallan sin techumbre, sufriendo desde hace dos años el azote de los temporales. Por falta de otro local, se celebra la misa los días de traba- ABC las caricias del Guadarrama, se ponen más colorados que de costumbre al saludar, con el debido respiro, á sus compañeros londinenses... ¡Hasta sus costuras se ruborizan! Y yo declaro mi general sonrojo... ¿De que piel serán unos guantes que sólo cuestan tres pesetas cincuenta céntimos? La desigualdad social, combatida por los espíritus generosos, se extiende también á todos los seres de la escala zoológica. Hay, sin duda, animales de las últimas capas cuya piel soporta los propios vejámenes y las mismas persecuciones que los ciudadanos de rango parecido. Y véase cómo el animal y el hombre se dejan cazar con tanta mayor facilidad cuanto menor es su independencia salvaje. ¡En verdad que la sabia educación d que nos envanecemos resulta una enorme tontería! Participando de cierto romanticismo, muy extendido en la edad presente, yo me sentía orgulloso de esta victoria de la industria que puede llamársela socialización de! guante, ó mejor, la extensión del guante, no menos útil Núm. 74 ciar su piel si va dentro de ella la mano de un amigo. Esa misma ley de la variedad, cuyo cumplimiento me parece lo más estimable de la vida, desarma e! enojo que los guantes londinenses empezaban á producirme. ¡No está mal que los haya tan costosos, y aun creo que los debe haber más caros! Resucítense ciertas costumbres ciegamente destruidas por el tiempo, y veamos reaparecer los guantes litúrgicos y los guantes bizantinos, artísticamente bordados y guarnecidos, y aquellos otros guantes perfumados de almizcle, cedro, cinamomo y de otras ricas esencias de que hablan con orgullo los galantes cronistas de envidiables épocas. Y pónganse á contribución de esta industria cuantas pieles parezcan raras y estupendas, áfinde que las clases humildes, usufructuarias del guante barato, no consideren sólo á la cebellina como un animal sagrado. ¡La cebellina! ¡La menos piadosa de las martas! ANTONIO P A L O M E R O t. EL PUEBLO DE PANTOJA (T O L E D O) OYENDO MISA EN LA PLAZA PÚBLICA POS CARECER DE IGLESIA jo en una equeña habiiacíón de la cafa rectoral donde sólo pueden colocarse unas veinticinco personas, y los de precepto en la plaza pública, cuando el t empo lo permite. que la extensión universitaria. La baratura de este artículo de segunda necesidad me hizo pensar, en efecto, en el triunfo de alguno de los ideales á los qu; sacrifiqué en mí primera juventud un destino de oficial de la Administración pública... Y llegué á soñar que todas las manos que se elevaran pidiendo justicia, iban á estar enguantadas gracias á la poquedad de los precios con que CRÓNICA, UN PAR DE GUANTES un comercio generoso y justo alejaba nuestros sabañoHe leído en un periódico, no sin relativa sorpresa, nes antes de que éstos quisieran asociarse para defender que hace poco tiempo se vendió en Londres un par de sus derechos... Mas al pensar que un par de guantes cuesta tres mil seiscientas pesetas, temo que nos sintamos guantes de baile, para señora, en la simpática cantidad avergonzados de gastarlos más económicos, ó que todos d; tres mil seiscientas pesetas. ¿Tendrían algo dentro? ocurre preguntar, como el nos dediquemos á la caza de la cebellina. baturro... El redactor déla noticia, para atajar el asomPor poco que medite sobre el coste de esa joya, cualbro de sus lectores inocentes, contesta á renglón seguido quiera es capaz de asegurar que vale menos la piel de la con este comentario de justificación y excusa: los guan- mano que la piel que estuvo encima. No trato de ofentes eran de piel de cebellina, de la mejor que se conoce. der á su feliz y envidiable propietaria, que no se dejaría ¡Sí que debe ser buena la piel de esa apreciable mar- cortar seguramente ni siquiera un dedo por nada de este ta! Mas todos sabemos que su bondad depende, no mundo, como no fuera por un tumor... Pero nuestra tanto de su valor intrínseco cuanto de la escasez del géley, por ejemplo, valúa al hombre en mil quinientas penero. Parece que por la larga y tenaz persecución de setas, y esta cantidad le exige para librarse del servicio que es objeto, la cebellina es ejemplar raro en la fauna militar... ¿No puede asegurarse, aunque sea poco galanaprovechable, lo que hace que su piel sea un verdadero te, que aquella linda mano vale menos que su guante colujo y que su posesión resulte una conquista. También rrespondiente? ¡Ah, señora! ¡Os calzasteis un par se asegura que la caza de ese listo y airoso animal, dig- de guantes cuyo valor excede al de tres hombres y meno de ser cantado por los poetas exquisitos, es una caza dio! larga, difícil y peligrosa. Los cazadores pasan muchos Por desgracia ó por fortuna, la conformidad, madre días crueles de la estación invernal sufriendo trabajos y cariñosa y santa, se encargará de apagar nuestras elevaprivaciones sin número y sin gozar siquiera de los en- das aspiraciones. Y todos nos consideraremos felices y cantos del descanso dominical que en breve disfrutare- contentos usando ios guantes que por clasificación nos mos nosotros, gracias á una ley prudente y previsora. correspondan. Así se cumplirá, por otra parte, la esY como es justo, cobran á buen precio su tarea. Así se timable ley de la variedad, á que faltan generalmente explica que el honrado peletero, al desprenderse de una nuestros autores del género chico; y así también las piel de cebellina, se quede con la piel del parroquiano. señoritas nerviosas que se asustan de los perros y no Los humildes guantes con que defiendo mis manos de se atreven á desafiar su presencia, tendrán que acari- CURIOSIDADES E 7 n la Escuela científica d e Sh: ffield de Yale (Estados Unidos) se hacen actualmente expiriencías interesantísimas para conocer cuál sea el mínimum de substancias albuminosas necesarias al mantenimiento de la salud y de la fuerza en el cuerpo humano en estado de validez, cabal. El d ¡re tor de la Escuela ha sometido á un tratamiento experimental á unos cuantos individuos que están alojados y alimentados en un establecimiento especial, donde se estudiará la posibilidad de que una persona siga un régimen fisiológico determinado propio para su mejoramiento físico, sin pérdida de fuerzas ni de vigor, y también si el exceso de alimentación no es generalmente causa directa del decaimiento de la salud. TI 7I periódico T raj anuncia la publicación en Varsovia de un periódico que se llamará el Mensajero de la muerte. Las necrologías de los desaparecidos ocuparán lugar preferente en la hoja, que será algo así como una necrópolis viviente. p llamamiento al clero que Tolstoí publicó no hace poco en una revista francesa, ha provocado una respuesta virulenta del célebre taumaturgo ruso Ivan de Cronstadt, el cual se esfuerza en demostrar al ilustre novelista eslavo que no es sino (reí hijo del diablo un aproduc o bestial cuyos labios se estremecen tan sólo para blasfemar contra los evangelios Ivan de Cronstadt se aflige porque el conde de Tolstoi ni siquiera siente la admiración natural que todos los humanos experimentan por el número 3 Y por fin concluye: León Tolstoi no es más que un león que ruge. Abre sus fauces para amontonar sus víctimas en ellas. ¿Cuántas lleva ya devoradas? Que los fieles se guarden del monstruo.