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Núm. A BC Pág. 5 ese pronto se le pasa pronto y s i g u e sacrificándose por el A T Simplicio de Bobadilla Majaderano y Cabeza de Buey, país. Con Atila no tiene más pao se puede negar, querido Simplicio, que la Natu- recido que el de estar á tila conraleza fue pródiga en dones con D Raimundo tinuamente para dominar sus nerFernández de Villaverde y García del Rivero. Dióle vios, y aún puede ser también que casi tantas gracias como apellidos, y si no cargó la mano se le asemeje en la jefatura que en el obsequio de la elocuencia, compensó ese olvido ejerce sobre los hunos, y de la suyo metiéndole sólidamente en el cerebro las cuatro cual se ríen tanto los otros. Pero reglas aritméticas; por lo que si como orador le suelen su geniazo, su acometividad, su faltar palabras, en cambio, como hacendista le sobran independencia salvaje, todo eso siempre números. es fábula. Tal vez tan equivocada Algún detractor suyo, pues jamás le faltan detracto- leyenda haya nacido del aspecto res al verdadero mérito, te habrá contado que el Sr. Vi- físico de D Raimundo, el cual, efectivamente, por sus prendas llaverde, si anda mal de palabra no anda mejor de genio, y que cuando se pierde en las oraciones se encuentra en personales parece un hombre de el ex- abrupto, á semejanza de aquellos músicos de cier- una pieza. ¡Ay, amigo Simplicio, ta orquesta, que se perdían en los compases y se encon- y cómo engaña el físico! Echetraban en el calderón; pero aunque te confiese y reco- mos un espeso velo sobre ésto, nozca que los calderones de D Raimundo se van hacien- pues ya hay quien asegura por el do famosos, creo que hay más animosidad que justicia mundo que ese hombre de una en eso de presentarnos el señor presidente del Consejo pieza no tiene cañones, barcos, de Ministros como un perpetuo cascarrabias. Cierto es arsenales, depósito de carbón ni nada, y que como el más vulgar que se dispara algunas veces, pero eso no tiene absolutamente nada de particular. Alas que á su carácter atrabi- de los terribles Pérez, vive de su liario, hay que referir la causa de esos disparos á ¡a fuer- fachenda y de una obstrucción. Por algo te dije que la Natuza de las circunstancias, porque ¡oh querido Simplicio! D. Raimundo está cargadísimo... Tan cargado está, que raleza le había prodigado sus dones; cuando ya D Raimundo basta tocarle con la punta de un dedo en el gatillo para que se le escapen los tacos. Pero yo quisiera ver cómo iba á dar las boqueadas con la resistía una escopeta cargada hasta la boca, con la cazo- aprobación de sus presupuestos, leta llena de fulminantes y el seguro flojo, la presión de saltó y vino la obstrucción de los republicanos para prolongarle la un dedo sin dispararse y soltar la carga. Pues ahí verás; D Raimundo se dispara, pero no suel- vida. Todas las obstrucciones son ta la carga de la presidencia del Consejo de Ministros fatales, pues unas producen asfiaunque la mayoría le pisotee el gatillo con todos sus pies, xias y otras cólicos misereres, seque multiplicados por cuatro, figúrate si son pies los que gún el conducto obstruido; sólo PRINCESA MATILDE DE BONAPARTE, Fot. Gribayedoff la obstrucción de los republicanos tiene la mayoría No ha mucho tiempo, un senador ministerial apellida- es mano santa, aunque no sé por GRAVEMENTE ENFERMA EN SU HOTEL DE BERR) HIJA DEL REY JERÓNIMO DE WESTPHAL 1 A, ÚLTIMO SOBRINO SUPERVIVIENTE DE NAPOLEÓN EL GRANDE do Parres se subió á las parras y le dedicó en pleno Se- dónde Salmerón le habrá metido nado al Sr. Villaverde cuatro frescas de esas que dejan la mano á Villaverde. ¡Qué perfectamente va nuestro héroe en el machito de desplantes y su aspecto de comandante de carabineros patitieso á un hombre. Se cargó D Raimundo ¿qué menos había de hacer? y le llamó mal amigo, correligiona- la obstrucción, viendo pasar los días por el agradable retirado. ¡Oh, D Raimundo! ¡para él se hizo la vida! rio infiel, descastado y otras cosas tan feas como senti- sendero de la nómina! Cierto que el elixir de larga vida ¡Lástima que haya de morirse algún día, y que ese día se das, pero no pasó de ahí. A los pocos días, no ya un que le ha largado D Nicolás le impone la obligación de muera de otra obstrucción! ¿De cuál? De una obstrucción en la boca del estómaindividuo cualquiera de la mayoría, sino e! propio mi- levantarse temprano para asistir á las sesiones matutinas nistro del Departamento que se hunde, quiero decir de de la Cámara; pero el madrugar es sanísimo, según to- go. Se le ha sentado allí Maura. Aunque de esa obstrucMarina, después de declarar que en España no tenemos das las autoridades médicas, y con la obstrucción y los ción nos moriremos todos los españoles, pues todos le arsenales, depósitos de carbón, cañones ni barcos... ni madrugones, D Raimundo está hecho una rosa de Mayo. tenemos en el mismo sitio al incomparable D Antonio. Tiene, además, el placer en esas sesiones tempraneras Y mientras llega el día de morir ó de expelerlo, te abraza Ministerio, puesto que se va á caer, salió por el registro de que ni siquiera tenemos presidente del Consejo, ya de contemplar cómo se destrozan los liberales, dispután- tu amigo, deudo y correligionario, que cuando lo había se le consideraba como jefe de los dose á navajazos el favor de la virgen democracia ¡bueGmés DE P A S A M O N T E ministros, y ahora el de Marina, sin barcos, carbón, ar- nas nos están poniendo entre unos y otros á las vírgesenales, cañones ni ministerio, proclamó á voz en cuello nes! y disfruta también la inmensa satisfacción de tener que su único jefe es Maura, dejándole á D Raimundo guardia y vela perpetua, lo mismo que el Santísimo Sacramento. Si, amigo Simplicio: la mayoría se ha divien e! su único hijo lo mismo que á los ahorcados. A VIDA EN BROMA. P E L L E J J N Excuso decirte que con su proverbial geniazo Villaver- dido en dos turnos de á cada setenta Luises para tenerle de se incomodó mucho, y hasta dicen que pidió las cuar- la vela á don Raimundo en el Congreso hasta que se DETENIDO tillas del discurso de Cobián para convencerse de que aprueben los presupuestos; setenta para la sesión de la Pellejín ha recibido con gran hostilidad la orden del su colega y paisano le había jugado una mala pasada. mañana; setenta para la sesión de la tarde: ciento cuaGobernador prohibiendo á las señoras que asistan al teaVio las cuartillas, se convenció y volvió á cargarse atroz- renta palmatorias para todo el día. tro con sombrero. Dime, pues, caro Simplicio, si hay hombre más dichomente. Todos creíamos que de esa hecha la soltaba. Pues La esposa de Pellejín tiene la cabeza achatada, porque tampoco la soltó. Ya tú ves cómo se equivocan aquellos so en la tierra que el actual presidente del Consejo de siendo pequeña le puso un pie encima su ilustre padre, que le adjudican un carácter indomable, feroz, casi como Ministros, á quien las obstrucciones republicanas le dan por equivocación. A consecuencia de este atropello, la vida, vela los Luises y fama de hombre de una pieza sus pobrecilla estuvo muy grave, y al fin se curó, pero aqueel de Atila. Tiene un pronto, pero nada más, y aún lla cabeza nunca ha vuelto á adquirir su primitiva forma. -Yo no voy al teatro sin sombrero, -dijo á su esposo, al conocer la orden de la autoridad. -Halas muy bien- -contestó Pellejín. -El gobelnadoi no tiene atUbuciones pala disponel de las cabezas de las señólas. ¿En qué alttculo de la Constitución se funda? Besugón, que cada día aborrece con más saña á los gobernantes, emitió su autorizado informe, exclamando: -Yo asumo la responsabilidad del acto. Mi hija tiene perfecto derecho á concurrir á los espectáculos públicos, ora con sombrero, ora con mantilla, ora como mejor le venga en ganas. Aparte de esto, el estado interesante en que se encuentra la pone á salvo de toda prohibición gubernativa. -Si mi esposa, por un accidente fottuíio, tiene la cabeza un poco cuadlada y no quiete que se la vean, ¿quién puede plohibile que se la tape? -argumentó Pellejín. Y aquella noche se presentó en el teatro la esposa de nuestro querido amigo luciendo un sombrero del tamaño de una jofaina, y encima dos pájaros y cinco plumas y una coliflor. Al verla ocupar su asiento con aire de triunfo y como desafiando las iras de los espectadores, no faltó quien dijera: ¡Calle! Pues si es la hija de Besugón. ¿La mujer de Peüejín? -La misma. ¿Si creerá ese títere que por ser diputado tiene derecho á desobedecer al Gobernador? Pellejín miraba al público con aire insolente. Después dijo á su esposa: -Ya ves cómo nadie se atleve á plotestal. Aquí hay V ijr J Z ¿t 5 mucha gente que me conoce, y sabe que yo no soy de los que se linden ante las óldenes de Lacieha... En aquel momento acercábase á Pellejín un acomoda 7 ¿TM- dor y le decía respetuosamente: ¿Tiene la bondad esa señora de auitarse el somLA CASA DE LA IGLESIA DE NUESTRA SEÑORA DE GRACIA DE ESTA CORTE, l ol Asenjo brero? DESPUÉS DEL HUNDIMIENTO OCURRIDO EN LA MADRUGADA DEL SÁBADO ÚLTIMO, SALVÁNDOSE MILAGROSAMENTE- -Letilese usted, dependiente- -contestó Pellejín volCINCO VECINOS QUE HABITABAN LOS PISOS ALTOS viéndole la espalda. -No venga usted i molesfalnos. LA GUASA PUBLICA La princesa Matilde de Bonaparíe N L HUNDIMIENTO DE UNA IGLESIA W. ífiS -T V ML P