Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Pág. 6 AB Núm. y i ro... ¿No es la hora de los deseos la hora crepuscular? Para los poetas es la hora pensativa y doliente; para las novias es ía hora de la cita, esa hora perezosa que no llega; para los pobres es la hora de más seguridad de limosma, porque hay más gente; para los malos es la hora que exacerba la voluntad; para los buenos es una hora cualquiera... Para Madrid es la hora hermosa en qué las sombras cubren la opulencia de su cuerpo, y los jardines y los parques quedan solos J. ORTIZ D E P I N E D O i r: v S? í O í Kí 1 Polavieja en. África- p 7 l general Polavieja acaba de desempeñar una comisión oficial en el Norte de África. Ha visitado Tr nger y Ceuta acompañado de D. Braulio Fernández Grande, coronel de Artillería; Lizaro, de Ingenieros; Ginara, de Estado íMayor; de la Concha, de. Infantería; comandante secretario señor Benítez; y dos ayudantes, con objeto de informar sobre la situación de Ceuta y proponer las reformas militares que son necesarias para dejar convertida de una vez esta plaza, en inexpugnable fortaleza que pueda servir en el momento necesario de base de los futuros desfinos de España en Marruecos. MR. DIFORFO SUFRlt- NDO LA OPERACIÓN EN EL HOSPITAL DE VALENCIA Fot. Ií. Lópszl ernández ciudad parece que se ha hecho para la agitación, como Ja aldea para ¡a poesía de Ja paz. Son las cinco. Las calles del corazón de Madrid se lleEl crimen de Ordenes nan de gente. Es la hora del I- -í n la Coruña se ha visto la causa de un crimen comefido paseo por las grandes vías. Se en Ordenes y que produjo honda sensación. Francisco Liste entró el día 10 de Abril en la casa de sale de casa para visitar, para doña Joaquina Ovelleiro, y la descargó 1 varios hachazos érí la hacer el indispensable tour cabeza descerrajando acto seguido una mesa escritorio y un por la Carrera de San Jeróniarmario, llevándose varios efectos. Volvió más tardé á la casa. mo, para comprar postales y y prendió fuego al cadáver. el postre de dulce, para ver Jas muchachas, para descansar de Ja labor del día... De vuelta del Hipódromo ó del Obelisco, los coches de lujo bajan por la Castellana y Recoletos. El crepúsculo en el cielo, con coloraciones cárdenas y de incendio, deja ver las cruces rígidas de las torres de las iglesias y el remate borroso de las casas más altas... Atravesando la calle de Alcalá entre la multitud hetereogenea (entre tanta gente bien vestida, muchos pobres, niños, y mujeres; los miserables más tristes) y entre los coches de lujo y Ja primera sombra de la noche, indefinible dé color en su maridaje con la última gradación de la luz, se ve confusa la vida, inarmónica, contradictoria, muy alegre y muy triste... Esta impresión nace de haber mirado abarcando: después se borra, determinándose en detalle la psicología de la visión. Y dejando á un lado, como siempre en la vida, á los miserables- -que tienen de continuo trono de amparo nominal y artístico en la crónica, y más cuándo llega el invierno y se les ve pasar tiritando, -podemos hablar con voz menos doliente del tropel femenino que pasa ante nosotros en eterna exhibición de encantos y eterna promesa de amores, y del tropel masculino, mucho estudiante alegre y mucho, abogado, que distrae bulliciosamente su juventud. Es difícil, si no imposible, hallar la fisonomía interior de una muchedumbre á una hora determinada; creo, sin embargo, por ejemplo, que al amanecer somos más buenos, más puros de intención que en otra hora cualquiera, y por Ja noche, muy tarde- -cuando en la calle ha sonado por última vez la voz del vendedor de periódicos cort la eterna frase el crimen de hoy -somos como arrepentidos y enemigos de nosotros mismos. Siguiendo esta psicología caprichosa, me atrevería á decir qué! el anochecer en la ciudad es Ja hora de los deseos, de todos los deseos, buenos y malos. Al despertar los tenemos, pero son más puros y plácidos. Los del crepúsculo son vehementes y muchos sin bondad. ¿Por qué? Yo- creo que se debe á lo mixto de la hora, con relación al paisaje del crepúsculo y á la atmósfera social. Porque ese bullicio que inunda el corazón de Madrid, nerviosa actividad con poco sabor á trabajo, ¿no es manifestación de deseos y vehemencias? Creo ver en esa agitación humana mucho anhelar dé regalos y deleites, mucho amor al lujo, mucho amor á la noche en lo que tiene de encubridora y triunfante, y un olvido absoluto del día en lo que tiene de limpio y cla- izquierda. Mr. Diforfo estaba cojo de- la misma pierna a causa de haberle resbalado un remo á un caballa, que sostenía en forma análoga á la q ac hacía el experimento dej carruaje. EL GENERAL POLAVIEJA EN CEUTA Pot. Bahl EL TEATRO REAL A PUNTES PARA SU HISTORIA Derribado el j de Enero de 1817, por hallarse en estado ruinoso, el antiguo y famosísimo teatro de los Caños del Peral, donde había brillado en todo su esplendor la ópera italiana, especialmente en los años transcurridos desde 1792 á íjgS, en que cantaron las célebres artistas Luigia Toda y Brígida Giorgi- Barti, se acordó levantar en el mismo sitio otro gran coliseo que pudiese competir con los mejores de Europa. Comenzaron inmediatamente las obrasí En Abril de j 818 ya estaba limpio el solar y al nivel de los terrenos de la Plaza de Oriente. Se abrió la zanja para echar los cimientos; pero obras: comenzadas con tanto impulsé se fu ori lentamente paralizando, hasta que se suspériiíieron defaiiti aniejiiéif: p Sx faJtá de fondos, en 14 dé Julio de 1820. Trece, años duró la paralización de las; obrás y en 17 de Octubre de 1843 se creó una Junta para que las diese nuevo impulso, y ya era objeto de chasco y burla para los madrileños por la- lentitud con que marchabany por los diferentes usos á que se destinaba la construcción, cuando el conde de San Luis, siendo ministro de la. Gobernación el año i85o, se propuso que las obras terminasen. 1 La Reina Doña Isabel II tenía mucho empeño en- ello, pero no había logrado interesar á sus consejeros responsables, hasta que, seducida por él carácter del conde de San Luis y pofela facilidad con que allanaba todas las dificultades, le ¿lijo; un día que despachaba con ella: ¡Hombre! á ver si haces tú algo para que terminen esas obras del teatro de Orienté, que parecen eternas. ¡Señora! -contestó el ministrq. T- -Estamos en el mes de Mayo, y prpmeto á V. M que podremos celebrar él día de su santo inaugurando ese coliseo. ¿De aquí á Noviembre? Mira que es muy poco tiempo. FRANCISCO LISTE, AUTOR DEL CRIMEN DE ORDENES Fot. J. González El fiscal pedía para el criminal la pena de muerte, pero el jurado, en su ryeredícto, apreció algunas circunstancias modificativas, y el tribunal le condenó á diecisiete años de reclusión temporal y pago de 5.ooo pesetas. AL ENTRAR EL INVIERNO p L CREPÚSCULO EN El anochecer en la ciu H LA CIUDAD dad, al entrar el invierno, es expresión de vida nerviosa. Podemos figurarnos, agrandando un poco la visión, que el crepúsculo en Londres, en Berlín ó en París, será como en Madrid, una turbulencia de ruido y de movimiento. AI apagarse la alegría de las calles en las tardes de aldea, bajo la sombra que viene del cielo, se hace el silencio y se hace la quietud. En la ciudad el crepúsculo tiene manifestaciones contrarias. La nrTi- nnT- u. -i Mir